08/11/2018
A mediados de la década de 1980, el mundo del automovilismo fue testigo de una batalla épica. Dos superdeportivos, dos filosofías contrapuestas, luchaban no solo por el título del coche de producción más rápido del mundo, sino también por un lugar de honor en los pósteres que adornaban las paredes de millones de aficionados. En una esquina, vestido de un rojo pasión inconfundible, el Ferrari F40. En la otra, con la elegancia plateada de la ingeniería alemana, el Porsche 959. Aunque conceptualmente eran mundos aparte, la prensa especializada no podía mencionar a uno sin evocar al otro. Hoy, casi cuatro décadas después de su revelación en el Salón del Automóvil de Frankfurt, nos sumergimos en la historia del coche que redefinió los límites de la tecnología y la velocidad.

Nacido de la Furia del Grupo B
Para entender el alma del 959, es imprescindible transportarse a la era más salvaje y peligrosa de la historia de los rallies: el Grupo B. Durante las noches de domingo, los aficionados quedaban hipnotizados por las imágenes de los Audi Quattro, Peugeot 205 T16, Lancia Delta S4 y Ford RS200 volando a velocidades de infarto a través de bosques y caminos de tierra. Pilotos como Henri Toivonen y Walter Röhrl parecían desafiar las leyes de la física en cada curva.

Porsche, observando este espectáculo de potencia descontrolada, vio una oportunidad. El plan era audaz: reimaginar su icónico 911 para conquistar los tramos del Campeonato Mundial de Rally. El resultado fue un prototipo presentado en Frankfurt en 1983, simplemente denominado "Grupo B". Este concepto ya adelantaba sus intenciones: tracción a las cuatro ruedas controlada electrónicamente, una carrocería ligera de acero y composite, y un motor bóxer de seis cilindros y 2.85 litros con doble turbocompresor.
En 1985, Porsche anunció que estaba listo. Nació el 959, tanto en su versión de competición como en las 200 unidades de calle necesarias para la homologación. Su debut deportivo no fue en el WRC, sino en el Rallye des Pharaons en Egipto, donde Saeed Al-Hajri y John Spiller lograron una victoria aplastante. El verdadero golpe sobre la mesa llegó en 1986, cuando los 959 consiguieron un histórico primer y segundo puesto en el épico rally París-Dakar, con René Metge y Jacky Ickx al volante, demostrando una fiabilidad y rendimiento extraordinarios en las condiciones más duras del planeta.
Un Monstruo Tecnológico para la Época
El superdeportivo de Stuttgart no era solo potencia bruta; era un compendio de la tecnología más avanzada de su tiempo, un auténtico laboratorio sobre ruedas. Mientras otros fabricantes adaptaban coches compactos para el Grupo B, Porsche partió de la elegante y probada base del 911, creando un diseño cohesivo y aerodinámico.
Su carrocería, más ancha que la de un 911 contemporáneo, estaba moldeada en Kevlar y aluminio para mantener el peso a raya. Las proporciones, con sus caderas ensanchadas y ese inconfundible alerón trasero integrado, eran una declaración de intenciones. Bajo esa piel se escondía un chasis revolucionario con suspensión de doble horquilla en las cuatro ruedas, amortiguadores dobles ajustables y un sistema que permitía variar la altura de la carrocería.
El corazón de la bestia era su motor bóxer de 2.849 cc, derivado de los coches de carreras de la marca. La clave de su rendimiento era un sistema de doble turbo secuencial. Un turbo pequeño actuaba a bajas revoluciones para minimizar el retardo (turbo lag), mientras que uno más grande entraba en acción por encima de las 5.000 rpm para entregar una potencia descomunal. El resultado eran 450 caballos de fuerza gestionados por un sistema de tracción total inteligente (Porsche-Steuer Kupplung - PSK) que podía distribuir el par entre los ejes delantero y trasero en función de las condiciones de adherencia. Era, en esencia, tecnología de punta que tardaría décadas en verse en otros coches de calle.
Del Rally a Le Mans: Un Palmarés Versátil
Los planes de Porsche para dominar el Campeonato Mundial de Rally con el 959 se vieron truncados por la tragedia. En 1986, una serie de accidentes fatales, incluyendo el de Henri Toivonen y su copiloto Sergio Cresto, llevaron a la prohibición del Grupo B a final de temporada. El 959 de rally nunca llegó a competir en la máxima categoría para la que fue diseñado.
Sin embargo, su versatilidad le permitió brillar en otros escenarios. Una versión de circuito, denominada Porsche 961, compitió en las 24 Horas de Le Mans de 1986, ganando su categoría y finalizando en una impresionante séptima posición general. Demostró que el ADN del 959 era tan eficaz en el asfalto de La Sarthe como en las dunas del Sahara.
Porsche 959 vs. Ferrari F40: La Batalla de los 80
La rivalidad con el Ferrari F40 definió una era. Eran dos interpretaciones opuestas de lo que debía ser un superdeportivo. El 959 era un prodigio tecnológico, cómodo y utilizable a diario. El Ferrari F40 era una máquina de carreras pura, espartana y brutal, la última obra supervisada por el propio Enzo Ferrari. Aquí una comparativa de sus filosofías:
| Característica | Porsche 959 | Ferrari F40 |
|---|---|---|
| Motor | 2.85L Bóxer 6 cilindros Bi-Turbo Secuencial | 2.9L V8 Bi-Turbo Paralelo |
| Potencia | 450 CV | 478 CV |
| Tracción | Total (AWD) inteligente | Trasera (RWD) |
| Velocidad Máxima | 317 km/h | 324 km/h |
| Aceleración (0-100 km/h) | 3.7 segundos | 4.1 segundos |
| Filosofía | Laboratorio tecnológico, eficacia total | Experiencia de carreras pura y analógica |
La Experiencia de Conducir una Leyenda
Ponerse al volante de un 959, incluso hoy, es una experiencia reveladora. La versión "Komfort" ofrece lujos impensables en otros superdeportivos de la época, como aire acondicionado, asientos eléctricos y elevalunas. El habitáculo es familiar para cualquiera que haya conducido un 911 de esos años.
La caja de cambios manual de 6 velocidades tiene un detalle único: la primera es una marcha ultracorta tipo "dog-leg", y sobre ella se encuentra una letra "G" de "Gelände" (terreno en alemán), diseñada para pendientes extremas y superficies complicadas, un claro guiño a su herencia del Dakar. Acelerar en el 959 es un evento en dos actos. Al pisar el acelerador, hay un instante de calma antes de que el primer turbo te empuje hacia delante. Justo cuando parece que la aceleración se estabiliza, el segundo turbo entra en escena con una patada aún más violenta, lanzándote hacia el horizonte. Es una sensación adictiva que los coches modernos, con su entrega de potencia lineal, no pueden replicar.
Pero lo más sorprendente es su calidad de marcha. Diseñado para devorar cualquier terreno, los baches e irregularidades del asfalto son absorbidos por su suspensión de una manera que un 911 contemporáneo solo podría soñar. Flota donde otros golpearían. Es un coche increíblemente fácil de conducir, compacto a pesar de su anchura, con una dirección que se comunica a la perfección y unos frenos a la altura de las circunstancias. Es el superdeportivo definitivo que puedes usar para ir a comprar el pan.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Cuál era el Porsche más rápido en 1985?
En 1985, cuando se presentó su versión de producción, el Porsche 959 fue concebido para ser el coche de calle más rápido y avanzado del mundo. Con una velocidad máxima oficial de 317 km/h, se posicionó inmediatamente en la cima del rendimiento automovilístico, ostentando el título de coche de producción más rápido durante un tiempo hasta la llegada de rivales como el F40.
¿Por qué el Porsche 959 es tan especial?
Su estatus de leyenda se debe a la combinación de su origen en la mítica era del Grupo B de rally, su abrumadora superioridad tecnológica (tracción total inteligente, turbos secuenciales, suspensión ajustable) y su capacidad para ofrecer un rendimiento extremo sin sacrificar la comodidad y la facilidad de uso, algo inédito en un superdeportivo de su época.
¿Cuántos Porsche 959 se fabricaron?
La producción fue muy limitada. Se fabricaron un total de 337 unidades, incluyendo prototipos y modelos de preproducción. De las versiones de calle, se estima que se produjeron 292 unidades, lo que lo convierte en un coche extremadamente raro y codiciado por los coleccionistas.
¿Era más rápido que el Ferrari F40?
Es el debate eterno. El Ferrari F40 tenía una velocidad máxima ligeramente superior (324 km/h frente a 317 km/h). Sin embargo, gracias a su tracción a las cuatro ruedas, el Porsche 959 era considerablemente más rápido en la aceleración de 0 a 100 km/h (3.7s frente a 4.1s) y mucho más fácil de conducir rápido en condiciones reales y sobre superficies imperfectas.
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