11/12/2019
El Ídolo que Nació en Mechongué
En la rica y apasionada historia del Turismo Carretera, la década del '90 brilla con una luz especial. Fue una era de ídolos, de multitudes siguiendo a sus pilotos por todas las rutas y autódromos del país, y de batallas épicas que se definían por un suspiro. En medio de gigantes como Juan María Traverso, Oscar Aventin o Emilio Satriano, emergió una figura que, con talento y una garra inigualable, se ganó un lugar en el olimpo de la categoría: Eduardo "Lalo" Ramos. Oriundo de la pequeña localidad de Mechongué, Lalo no solo llevó el nombre de su pueblo a lo más alto, sino que se convirtió en un referente, un piloto aguerrido que dejó una marca imborrable, coronada con el ansiado título de campeón en 1994.
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La trayectoria de Ramos es la de un luchador nato. Desde sus inicios, demostró una velocidad y una determinación que lo distinguían del resto. Su estilo de manejo, siempre al límite, y su carisma fuera de la pista lo convirtieron rápidamente en uno de los favoritos del público. Pero toda gran historia tiene un punto de partida, un momento fundacional donde el talento se revela por primera vez. Para Lalo, ese día llegó muy temprano en su carrera, en una tarde pampeana que presagiaría la gloria que estaba por venir.

El Bautismo de Fuego: Primera Victoria en La Pampa
Corría el año 1987. Un joven Eduardo Ramos, de apenas 20 años, daba sus primeros pasos en la categoría más exigente y popular del automovilismo argentino. El 30 de agosto de ese año, en su tercera presentación en el TC, el destino le tenía preparada una sorpresa. El escenario era el antiguo Autódromo de Santa Rosa, en La Pampa, un trazado que con el tiempo daría paso al moderno circuito de Toay. La ocasión era especial: una carrera destinada a pilotos debutantes y no ganadores, una oportunidad de oro para que las nuevas promesas pudieran mostrar su valía.
Desde el inicio del fin de semana, Lalo dejó en claro que no estaba allí solo para participar. Sorprendió a todos al quedarse con la pole position, un logro que le permitió largar la final desde el lugar de privilegio. La grilla de partida era reducida, con solo 12 autos, pero la competitividad era alta. Al volante de una imponente Dodge GTX, un auto que le había comprado a Miguel Atauri, Ramos sentía que tenía la herramienta para pelear. La confianza no solo venía del chasis, sino también de lo que había debajo del capó: los motores eran preparados por una leyenda viviente del automovilismo, el tricampeón Oscar Castellano, garantía de potencia y fiabilidad.
Sin embargo, la carrera no sería un paseo. En la largada, la experiencia de Osvaldo Duarte, también con una Dodge, pesó más y logró arrebatarle el liderato. Duarte impuso un ritmo sólido y se mantuvo al frente durante gran parte de la competencia, mientras Lalo lo escoltaba, esperando pacientemente su oportunidad. Parecía que el bautismo triunfal debería esperar, pero en el automovilismo, la fortuna juega un papel crucial. Una inoportuna falla mecánica en el auto de Duarte lo obligó a abandonar, dejando el camino libre para el joven de Mechongué. Lalo heredó la punta y no la soltó más, cruzando la meta como ganador por primera vez en el Turismo Carretera, con un promedio de velocidad de 111,755 km/h. Fue una victoria inesperada, producto de la circunstancia, pero también una recompensa a la velocidad y a la perseverancia demostradas durante todo el fin de semana. Ese día, en La Pampa, nació una estrella.
La Consagración: El Apasionante Campeonato de 1994
Si su primera victoria fue el presagio, el campeonato de 1994 fue la consagración definitiva. Aquella temporada es recordada como una de las más espectaculares y reñidas en la historia del Turismo Carretera. La definición del título llegó a la última fecha, en el mítico Autódromo Oscar y Juan Gálvez de Buenos Aires, con un nivel de paridad pocas veces visto.
El panorama era electrizante: cinco pilotos llegaban con chances matemáticas de ser campeón, separados por una diferencia ínfima de apenas 6 puntos. La tensión se podía sentir en el aire. Los candidatos eran un verdadero seleccionado de leyendas de la época: el propio Lalo Ramos, Juan Antonio "Johnny" De Benedictis, Walter Hernández, Fabián Acuña y Emilio Satriano. Cualquiera de ellos podía quedarse con la gloria, y todo se definiría en una sola carrera a todo o nada.
El autódromo porteño era una caldera, con tribunas repletas de fanáticos de las cuatro marcas. Lalo Ramos, ya consolidado como un piloto de punta, sabía que debía ejecutar una carrera perfecta. Con una mezcla de inteligencia, velocidad y corazón, logró sumar los puntos necesarios para superar a sus rivales en una jornada cargada de dramatismo. Al caer la bandera a cuadros, la matemática fue contundente: Eduardo "Lalo" Ramos se consagraba campeón de Turismo Carretera, sumando un total de 225 puntos y desatando la locura de la hinchada de Ford.
La definición de ese campeonato quedó grabada en la memoria de todos los fanáticos. A continuación, la tabla final de posiciones que refleja la increíble paridad de aquella temporada:
| Posición Final | Piloto | Puntos Totales | Diferencia con el Campeón |
|---|---|---|---|
| 1º | Eduardo "Lalo" Ramos | 225 | - |
| 2º | Juan A. De Benedictis | 215 | -10 |
| 3º | Walter Hernández | 213 | -12 |
| 4º | Fabián Acuña | 206.5 | -18.5 |
| 5º | Emilio Satriano | 205 | -20 |
Un Formato Único: Las Carreras de "No Ganadores"
La primera victoria de Lalo Ramos no ocurrió en una carrera convencional, sino en un formato muy particular que el Turismo Carretera implementó en distintas etapas de su historia: las carreras para "debutantes y no ganadores". Esta idea, impulsada por el Automóvil Club Argentino, tuvo su origen a fines de la década del '40, en la era de la posguerra. El objetivo era noble y romántico: darles a los pilotos que habitualmente no ocupaban los primeros planos, a los "remadores" del fondo del pelotón, la posibilidad de saborear la gloria y escribir su nombre en la prestigiosa galería de ganadores del TC.
Este tipo de competencias se discontinuaron a mediados de los '60, pero la categoría las revivió en noviembre de 1975, ya con los autos compactos como protagonistas absolutos. Fue en la década del '80 cuando se disputaron las últimas nueve ediciones de este estilo, siendo el autódromo de Buenos Aires el escenario más frecuente. Para muchos pilotos, estas carreras fueron una plataforma de lanzamiento, un impulso anímico y deportivo fundamental en sus carreras. El triunfo de Lalo en 1987 es el ejemplo perfecto de cómo este formato podía catapultar a un joven talento.
La historia de las carreras de "no ganadores" llegó a su fin poco después del triunfo de Ramos. La última competencia de este tipo se disputó el 20 de marzo de 1988, también en el circuito porteño, y tuvo como ganador a otra figura emblemática del automovilismo y el deporte argentino: Vicente Pernía, quien al mando de una Dodge se dio el gusto de festejar su primer y único triunfo en la categoría, cerrando para siempre un capítulo singular y entrañable del Turismo Carretera.
Preguntas Frecuentes sobre Lalo Ramos
- ¿Quién fue Eduardo "Lalo" Ramos?
- Eduardo "Lalo" Ramos fue un destacado piloto argentino de automovilismo, ícono del Turismo Carretera en la década de 1990. Se consagró campeón de la categoría en el año 1994 y es recordado por su estilo de manejo aguerrido y su gran carisma.
- ¿Cuándo y dónde ganó Lalo Ramos su primera carrera en el TC?
- Su primera victoria fue el 30 de agosto de 1987, en su tercera carrera en la categoría. Ocurrió en el antiguo Autódromo de Santa Rosa, La Pampa, durante una competencia especial para pilotos debutantes y no ganadores.
- ¿Contra quiénes definió el campeonato de Turismo Carretera de 1994?
- La definición del campeonato de 1994 fue una de las más reñidas de la historia. Lalo Ramos compitió por el título hasta la última fecha contra otras cuatro grandes figuras: Juan Antonio De Benedictis, Walter Hernández, Fabián Acuña y Emilio Satriano.
- ¿Qué auto utilizó en sus logros más importantes?
- Su primera victoria en el TC fue a bordo de una Dodge GTX con preparación de Oscar Castellano. Sin embargo, su consagración como campeón en 1994 y la mayor parte de su campaña como protagonista la realizó al volante de un Ford Falcon, convirtiéndose en un gran ídolo para los hinchas de la marca del óvalo.
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