¿Cuánto cuesta el Dallara Stradale?

Dallara Stradale: Precio y alma de competición

18/10/2020

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Cuando el fundador de una de las compañías de chasis de competición más prestigiosas del mundo, Gian Paolo Dallara, decide hacerse un regalo de cumpleaños, el resultado no es un objeto cualquiera. Es una declaración de principios, una obra de arte mecánica y, sobre todo, un sueño hecho realidad para cualquier purista del automovilismo. Ese regalo es el Dallara Stradale, un vehículo cuyo nombre, que literalmente significa "para la carretera", apenas logra contener su indomable espíritu de circuito. Es, posiblemente, lo más cerca que un coche de producción ha estado jamás de ser un auténtico coche de carreras legal para la calle.

El Stradale es la culminación de más de 45 años de experiencia de Dallara en la cima del motorsport, desde la Fórmula 1 hasta la IndyCar. Toda esa sabiduría, esa obsesión por la aerodinámica y la ligereza, ha sido destilada y empaquetada en un superdeportivo que maximiza su propósito sin sacrificar ni un ápice de las sensaciones puras de conducción. La filosofía recuerda inevitablemente a la receta del éxito de Colin Chapman con Lotus: "simplifica y añade ligereza". En Dallara, este no es solo un lema, es una religión, y el Stradale es su evangelio.

¿Cuánto cuesta un dallara?
El Dallara Stradale es un superdeportivo de 200.000 dólares que no pide disculpas. Utilizamos tecnologías que proporcionan información sobre sus interacciones con este sitio a terceros para fines de funcionalidad, análisis, publicidad dirigida y otros usos.
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Diseñado para la Pista, Homologado para la Calle

Para entender el Stradale, primero hay que recordar su génesis. Fue concebido para evocar toda la emoción de un día en el circuito, pero sin las complicaciones logísticas que ello conlleva. Olvídese de necesitar un mecánico para arrancarlo o un remolque para llevarlo a casa. Este es un coche de carreras que puede llevar a la panadería. Para lograr esta dualidad, la construcción es la clave. El monocasco y todos los paneles de la carrocería están fabricados en fibra de carbono, el material por excelencia de la competición. Aquí, la ligereza no es una opción, es el pilar fundamental sobre el que se construye todo lo demás.

Sus dimensiones son una consecuencia directa de su función: 4,19 metros de largo, 1,88 de ancho y apenas 1,04 de alto. Cada milímetro está optimizado. El centro de gravedad es increíblemente bajo y la aerodinámica ha sido afinada en el túnel de viento con la misma obsesión que un monoplaza de Fórmula 2. Con el alerón trasero opcional instalado, el Stradale es capaz de generar una carga aerodinámica de 820 kg a su velocidad máxima de 280 km/h. Para ponerlo en perspectiva, ¡eso es casi el peso total del coche en vacío (855 kg)! La carrocería, extremadamente baja, presenta una serie de "túneles" y canalizaciones en su parte inferior que aumentan aún más el efecto suelo, pegando el coche al asfalto como si fuera sobre raíles.

Personalización al Estilo de un Caza de Combate

Una de las facetas más fascinantes del Dallara Stradale es su modularidad. De base, se entrega como una "barchetta", sin techo ni parabrisas, para la experiencia de conducción más pura y visceral posible. A partir de ahí, el cliente puede configurarlo a su gusto. ¿Prefiere algo más de protección contra los elementos? Se puede añadir un parabrisas. ¿Quiere convertirlo en un targa? Se puede instalar un marco superior. Y para la transformación final, se pueden añadir dos pequeñas puertas de cristal con apertura de ala de gaviota, que al unirse al marco superior crean una cúpula de burbuja que recuerda a la cabina de un avión de combate. Esta versatilidad permite tener, en esencia, varios coches en uno.

La personalización no termina en la carrocería. Los conductores pueden elegir entre una caja de cambios manual de seis velocidades para los más puristas, o una versión automatizada de un solo embrague, más enfocada al rendimiento en pista. También se ofrecen diferentes tipos de suspensión, incluyendo amortiguadores ajustables de tres vías para aquellos que quieran afinar el comportamiento del coche al milímetro. Incluso se puede optar por un sistema de escape aún más deportivo para liberar todo el rugido de su motor.

Una Experiencia de Conducción Incomparable

Encontrar las palabras adecuadas para describir lo que se siente al volante del Dallara Stradale es una tarea compleja. Compararlo con otros superdeportivos es casi inútil, porque juega en una liga completamente diferente. La combinación de un peso pluma y una carga aerodinámica brutal permite alcanzar niveles de aceleración lateral cercanos a los 2G, una cifra que prácticamente duplica la de cualquier superdeportivo convencional que se nos pueda ocurrir. El cuerpo necesita un periodo de adaptación para procesar las fuerzas que este coche es capaz de generar en las curvas.

La dirección, sin asistencia, podría parecer pesada a priori, pero en realidad es fantásticamente directa, lineal y comunicativa. Un leve giro del volante se traduce en un cambio de trayectoria instantáneo, transmitiendo cada textura del asfalto a las manos del piloto. La suspensión es un exquisito compromiso encontrado entre dos probadores de leyenda: Marco Apicella, ex-piloto de Fórmula 1, y Loris Bicocchi, el hombre que ha puesto a punto bestias como el Bugatti Chiron o el Pagani Zonda. El resultado es un coche que, a pesar de su enfoque radical, absorbe las irregularidades de la carretera con una compostura sorprendente. Los frenos, por su parte, son decididamente potentes y precisos, con un tacto firme que permite modular la frenada con una confianza absoluta.

Corazón Ford, Alma Dallara

Bajo el capó trasero se esconde un viejo conocido, pero con una preparación muy especial. El motor es un bloque de 2.3 litros motor turboalimentado de origen Ford, el mismo que se puede encontrar en un Focus RS o un Mustang. Sin embargo, ha sido profundamente modificado según las especificaciones de Dallara. Se ha instalado un turbo más grande, un diferencial autoblocante mecánico a medida y otros componentes internos mejorados para entregar 400 CV de potencia. El resultado es un propulsor con un sonido más grave y gutural, y una entrega de par masiva desde muy bajas revoluciones. No es necesario llevarlo al límite para sentir su empuje, aunque es capaz de subir de vueltas con una facilidad pasmosa.

Incluso la caja de cambios manual Getrag fue robotizada a petición de Dallara para crear la versión automatizada. Detalles como los topes de la suspensión, diseñados para deformarse y volverse progresivamente más rígidos a alta velocidad cuando la aerodinámica duplica el peso del coche, demuestran el nivel de ingeniería que hay detrás. Pirelli, por su parte, creó unos neumáticos a medida utilizando modelos matemáticos y pruebas simuladas mucho antes de que los pilotos de pruebas los llevaran al asfalto, asegurando un agarre perfecto para un chasis tan excepcional.

Tabla Comparativa: El Stradale en Contexto

Para entender mejor dónde se sitúa el Dallara Stradale, es útil compararlo con otros vehículos de filosofía similar, enfocados en la ligereza y el rendimiento en pista.

ModeloMotorPotenciaPeso en VacíoPrecio Base Aprox.
Dallara Stradale2.3L Turbo I4400 CV855 kg€189,000
Lotus Exige Cup 4303.5L Supercharged V6436 CV1,056 kg€130,000
KTM X-Bow GT-XR2.5L Turbo I5500 CV1,130 kg€285,000
Alfa Romeo 4C1.75L Turbo I4240 CV895 kg€70,000

¿Cuánto Cuesta el Dallara Stradale?

Llegamos a la pregunta clave. Poseer una de estas joyas de la ingeniería tiene, como es de esperar, un coste acorde a su exclusividad y tecnología. El precio de partida para hacerse con uno de los 600 Dallara Stradale fabricados es de 189.000 euros (aproximadamente 234.500 dólares en el momento de su lanzamiento), sin incluir impuestos. Este precio corresponde a la versión básica, la barchetta sin parabrisas.

Sin embargo, el precio puede ascender considerablemente a medida que se añaden opciones. Si se desea la cabina cerrada con el parabrisas, el techo y las puertas de ala de gaviota, junto con todos los extras de rendimiento como el alerón trasero, la suspensión deportiva ajustable y la transmisión automatizada, el coste final puede superar los 250.000 euros (unos 310.200 dólares). No es un precio bajo, pero considerando que se está adquiriendo un chasis de competición de una marca legendaria, con un nivel de aerodinámica y sensaciones inalcanzables para la mayoría de superdeportivos, muchos lo consideran justificado. Dallara creó una división automotriz completamente nueva para la producción de estos coches de edición limitada, lo que sugiere que el Stradale podría ser solo el comienzo.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Qué motor utiliza el Dallara Stradale?

Utiliza un motor Ford EcoBoost de 2.3 litros turboalimentado, pero modificado extensamente por Dallara para entregar 400 CV de potencia y un par motor de 500 Nm.

¿Es el Dallara Stradale legal para la calle?

Sí, a pesar de su diseño y rendimiento de coche de carreras, el Stradale (que significa "de carretera" en italiano) está completamente homologado para su uso en vías públicas en Europa y otros mercados.

¿Cuántos Dallara Stradale se fabricaron?

La producción está estrictamente limitada a solo 600 unidades para todo el mundo, lo que lo convierte en un vehículo de colección muy exclusivo y deseado desde su lanzamiento.

¿Se puede conducir sin techo ni parabrisas?

Sí, su configuración base es la de una barchetta sin parabrisas, diseñada para ofrecer la experiencia de conducción más pura y directa posible. Los clientes pueden añadir opcionalmente un parabrisas, un techo tipo targa y puertas de ala de gaviota para cerrarlo por completo.

En conclusión, el Dallara Stradale es mucho más que un coche. Es la materialización de la pasión por la ingeniería y la competición. Es un vehículo que no pide disculpas por su enfoque radical, pero que al mismo tiempo ofrece una sorprendente usabilidad. Su precio lo sitúa en un territorio exclusivo, pero cada euro se justifica en la fibra de carbono de su chasis, en la genialidad de su aerodinámica y, sobre todo, en la sonrisa imborrable que dibuja en el rostro de quien tiene el privilegio de conducirlo.

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