20/11/2019
En el mundo del coleccionismo de automóviles, existen nombres que resuenan con la fuerza del motor de un V12. Son individuos cuya pasión trasciende la mera posesión para convertirse en un estilo de vida, una dedicación casi religiosa a una marca. David Lee, un magnate del mundo de la joyería y la relojería del sur de California, es uno de esos nombres. Aunque quizás no sea el coleccionista de Ferrari más famoso, su determinación y la calidad de su colección lo sitúan en un panteón exclusivo. En un garaje privado y secreto en Walnut, en el Valle de San Gabriel, Lee custodia un verdadero santuario dedicado al Cavallino Rampante, un lugar donde la historia, la ingeniería y el arte del automovilismo italiano se conservan en perfecto estado de revista.
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¿Quién es David Lee? El Hombre Detrás de la Colección
Lejos de ser un simple acumulador de bienes de lujo, David Lee es un verdadero entusiasta del motor. Su viaje en el coleccionismo comenzó de una forma que muchos aficionados soñarían. Como él mismo explica, en un principio poseía lo que consideraba "la trinidad de los superdeportivos": el mejor Ferrari, el mejor Porsche y el mejor Lamborghini de su época. Con eso, se sentía satisfecho. Sin embargo, la pasión por la marca de Maranello fue más fuerte y, en sus propias palabras, "se pasó de la raya".

Hace apenas unos años, se propuso una meta ambiciosa: no solo coleccionar, sino convertirse en alguien "importante para Ferrari". Su objetivo no era la vanagloria, sino ser un embajador de la marca, una figura que pudiera inspirar a las nuevas generaciones de coleccionistas a apreciar la belleza y la historia de los modelos clásicos. Para Lee, un Ferrari no es una escultura estática; es una máquina nacida para ser conducida. Esta filosofía se materializa en su deseo de "conducir un Ferrari los siete días de la semana y experimentar realmente las tradiciones Ferrari". Esta mentalidad lo diferencia de muchos coleccionistas que mantienen sus vehículos guardados bajo llave, temerosos de añadir kilómetros al odómetro.
El Santuario Rojo: Las Joyas del Garaje
El corazón de la colección de David Lee es un conjunto que quita el aliento a cualquier aficionado: la serie completa de los cinco superdeportivos modernos de Ferrari. Reunir este quinteto es el santo grial para muchos coleccionistas, ya que representa la cúspide de la ingeniería y el diseño de la marca a lo largo de varias décadas. Cada uno de ellos fue, en su momento, el buque insignia de Ferrari, un coche que definía una era.
La colección incluye:
- Ferrari Enzo (2003): Nombrado en honor al fundador de la compañía, este coche incorporó tecnología directamente derivada de la Fórmula 1.
- Ferrari F50 (1995): Un F1 para la calle, con un chasis de fibra de carbono y un motor V12 derivado directamente del monoplaza de 1990.
- Ferrari F40 (1990): El último Ferrari aprobado personalmente por Enzo Ferrari. Un coche visceral, puro y sin concesiones, diseñado para celebrar el 40 aniversario de la marca.
- Ferrari 288 GTO (1985): Considerado por muchos como el primer superdeportivo de la era moderna, fue concebido para competir en las brutales carreras de rally del Grupo B.
Una Tabla Comparativa de los Superdeportivos
| Modelo | Año de Lanzamiento | Motor | Significado Histórico |
|---|---|---|---|
| 288 GTO | 1984 | 2.9L Twin-Turbo V8 | El inicio de la saga de superdeportivos Ferrari. |
| F40 | 1987 | 2.9L Twin-Turbo V8 | El último coche aprobado por Enzo Ferrari. Pura experiencia de conducción. |
| F50 | 1995 | 4.7L V12 (derivado de F1) | Un coche de Fórmula 1 para la carretera. |
| Enzo | 2002 | 6.0L V12 | Un tributo al fundador, cargado de tecnología de F1. |
La Joya de la Corona: El 288 GTO Evoluzione
Si tener los cuatro superdeportivos mencionados es impresionante, la colección de Lee va un paso más allá. Posee un rarísimo 1987 288 GTO Evoluzione. Este no es un coche de producción; es un prototipo de competición, una bestia desarrollada para la categoría de rally del Grupo B, que finalmente fue cancelada. Solo se construyeron cinco unidades en todo el mundo. Su valor es incalculable, pero para ponerlo en perspectiva, Lee menciona que una versión inferior se ofreció recientemente por 7 millones de dólares, y añade con naturalidad: "Es razonable pensar que el mío valdría más que eso". Este coche no es solo una pieza de colección; es un fragmento tangible y extremadamente exclusivo de la historia del automovilismo.
Clásicos Atemporales y el Placer de Conducir
La colección no se detiene en los superdeportivos modernos. Lee también alberga joyas clásicas que demuestran su profundo aprecio por la herencia de la marca. Entre ellas se encuentran un 1968 275 GTB "short nose" de seis carburadores, una configuración de la que también se fabricaron solo cinco unidades, y un elegante 1964 250 Lusso. Para completar su compromiso con la marca, su coche de uso diario es un Ferrari FF de 2014, demostrando que la pasión por Ferrari se vive todos los días.
Uno de los aspectos más admirables de David Lee es su insistencia en conducir cada uno de estos clásicos con regularidad. Admite que tuvo que superar dos barreras mentales: primero, la idea de "estoy conduciendo un coche de un millón de dólares", y segundo, la preocupación de que conducirlo está "devaluando la inversión". Al superar estos miedos, Lee abraza la verdadera esencia de estos automóviles: están hechos para ser experimentados en la carretera, no para ser reliquias intocables.
Visión de Futuro y la Relación con Maranello
Como empresario exitoso, David Lee también tiene una visión estratégica sobre su colección. Cree firmemente que el mercado chino, país que dejó cuando era niño, será crucial para el futuro de los coches clásicos. Argumenta que, aunque actualmente no son un actor principal en este nicho, cuando entren en el juego, los precios se dispararán. Esta visión combina su pasión con una astuta estrategia de inversión.
Su esfuerzo por ser "importante para Ferrari" ha dado sus frutos. Este estatus le ha otorgado privilegios que pocos pueden soñar. Fue uno de los selectos clientes invitados a adquirir el hypercar híbrido LaFerrari, el vehículo de calle más potente fabricado por la compañía hasta ese momento, con una producción limitada a 499 unidades. Además, también aseguró una unidad del 458 Speciale, el V8 atmosférico más potente en la historia de Ferrari. Su relación con la marca es tan estrecha que visitó la fábrica en Maranello y tuvo la oportunidad de pilotar un LaFerrari en el legendario circuito de pruebas de Fiorano, una experiencia reservada para una élite muy reducida. Esta exclusividad es el resultado de años de dedicación y pasión genuina.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Dónde guarda David Lee su colección de Ferrari?
David Lee mantiene su impresionante colección en un garaje privado y secreto ubicado en Walnut, en el Valle de San Gabriel, California. El espacio está diseñado casi como un museo para albergar sus valiosos vehículos.
¿Cuál es el coche más raro de su colección?
Sin duda, el coche más raro es el Ferrari 288 GTO Evoluzione de 1987. Es un prototipo de competición del que solo se fabricaron cinco unidades en todo el mundo, lo que lo convierte en una pieza de valor incalculable.
¿David Lee conduce sus coches de colección?
Sí, y es uno de los aspectos que más lo definen como coleccionista. Insiste en conducir regularmente cada uno de sus clásicos, superando el miedo a devaluarlos para poder disfrutar de la experiencia de conducción que ofrecen.
¿Cuál es la filosofía de David Lee como coleccionista?
Su filosofía se basa en ser un embajador de la marca Ferrari, inspirar a las nuevas generaciones y vivir la tradición de la marca a diario. Para él, los coches son mucho más que una inversión; son una pasión que debe ser experimentada.
En conclusión, la historia de David Lee y su garaje secreto es mucho más que un relato sobre riqueza y coches caros. Es una lección sobre la pasión llevada a su máxima expresión, sobre la dedicación a una marca hasta convertirse en parte de su historia moderna. Lee no es solo el dueño de una colección de valor incalculable; es un custodio de la leyenda de Ferrari, un entusiasta que entiende que el verdadero valor de estas máquinas no reside en su precio, sino en el rugido de su motor y en las emociones que despiertan en la carretera.
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