¿Quién diseño la silla Butterfly?

Silla Butterfly: Historia de un Ícono del Diseño

11/09/2026

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Pocas piezas de mobiliario logran capturar la esencia de una época y, al mismo tiempo, trascenderla para convertirse en un clásico atemporal. La silla Butterfly, también conocida por su nombre original BKF, es uno de esos raros ejemplos. Con su silueta escultórica y su promesa de confort informal, ha adornado desde apartamentos de estudiantes hasta lujosas residencias y portadas de revistas durante más de ochenta años. Su historia es un fascinante viaje que nos lleva desde un estudio de arquitectura en Buenos Aires, pasando por los campos de batalla del siglo XIX, hasta las salas de los museos más prestigiosos del mundo y los hogares contemporáneos. Este no es solo el relato de una silla, sino el de una idea que redefinió la forma en que nos sentamos.

¿Quién creó la silla mariposa?
La respuesta más sencilla es que la Silla Mariposa fue diseñada en Argentina en 1938 por tres arquitectos: Antonio Bonet, Juan Kurchan y Jorge Ferrari-Hardoy . Todos eran socios del Grupo Austral, una cooperativa de arquitectos destacados de Argentina.
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Un Origen en el Corazón de Buenos Aires

La historia de la silla Butterfly comienza en 1938, en una Argentina vibrante y abierta a las nuevas corrientes del modernismo. Tres jóvenes y brillantes arquitectos, el español Antonio Bonet y los argentinos Juan Kurchan y Jorge Ferrari-Hardoy, unieron sus talentos tras una experiencia formativa que cambiaría sus vidas. Se habían conocido en París, en el epicentro de la vanguardia arquitectónica: el estudio del legendario Le Corbusier en el número 5 de la Rue de Sèvres.

Durante su estancia, absorbieron los principios del racionalismo, la funcionalidad y la pureza de las formas que el maestro suizo defendía. Le Corbusier ya había demolido las viejas nociones del arte decorativo, abogando por un diseño que respondiera a las necesidades de la vida moderna, utilizando materiales industriales y soluciones lógicas. Al regresar a Buenos Aires, fundaron el colectivo "Grupo Austral", con la misión de aplicar estas ideas revolucionarias al contexto argentino. Fue en el marco de este grupo, mientras diseñaban un edificio de apartamentos en la capital, que nació la idea de crear una silla que encapsulara su filosofía.

La Inspiración Militar: La Silla Tripolina

Como suele ocurrir con las grandes innovaciones, la silla BKF no surgió de la nada. Sus creadores tuvieron la formidable intuición de mirar al pasado para rediseñar un objeto existente: la silla Tripolina. Este mueble, un clásico del diseño funcional militar, fue concebido por el ingeniero inglés Joseph B. Fenby en 1877, y patentado en Estados Unidos en 1881. Su diseño era simple y práctico: una estructura plegable de madera con juntas metálicas, sobre la que se tensaba una lona o una pieza de cuero que funcionaba como asiento y respaldo a la vez.

La Tripolina estaba pensada para la vida nómada de los ejércitos, fácil de transportar y desplegar en cualquier lugar. Su ingenio residía en la unificación del asiento y el respaldo en una sola pieza de material flexible. Este diseño se hizo popular e incluso fue utilizado por figuras como Henry Ford y Thomas Edison en sus famosos viajes de acampada. Los tres arquitectos del Grupo Austral vieron en esta silla un potencial que iba más allá de su uso militar y decidieron adaptarla al nuevo entorno doméstico que el modernismo proponía.

La Metamorfosis: Del Campo de Batalla al Salón

El golpe de genio del trío Bonet-Kurchan-Ferrari-Hardoy fue simplificar y refinar la estructura de la Tripolina, llevándola al lenguaje del siglo XX. Se deshicieron de la compleja estructura de madera y las juntas metálicas, que no eran aptas para la producción en masa. En su lugar, inspirados por el uso del acero en los muebles de la Bauhaus y del propio Le Corbusier, crearon un marco a partir de dos piezas de tubular metálico (varillas de acero macizo) que se curvaban y soldaban para formar un bucle continuo y sin costuras.

Con este cambio, la silla perdió su capacidad de plegarse, pero ganó una pureza estética y una ligereza visual incomparables. La estructura se convirtió en un trazo lineal y elegante, casi un dibujo en el espacio, mientras que el asiento mantuvo su simplicidad original, colgando del marco. El resultado fue una pieza híbrida que condensaba lo mejor de dos mundos: era ligera y apilable como una silla, pero ofrecía la comodidad envolvente de un sillón. Su confort, de hecho, recuerda a una hamaca, ese tradicional asiento latinoamericano que acuna el cuerpo, ofreciendo una experiencia de descanso casi uterina. La silla BKF inventó una nueva forma de sentarse, más relajada, libre y despojada de formalismos.

El Vuelo hacia la Fama Internacional

Inicialmente, los arquitectos produjeron solo tres prototipos. Presentaron su creación en el Salón de Artistas Decoradores de Buenos Aires en 1940, donde captó la atención de una figura clave: Edgar Kaufmann Jr., el entonces curador del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). Kaufmann, hijo del empresario que encargó a Frank Lloyd Wright la icónica Casa de la Cascada (Fallingwater), tenía un ojo infalible para el buen diseño.

Quedó tan impresionado que adquirió dos de las sillas. Una fue destinada a la colección permanente del MoMA, consagrándola instantáneamente como una obra maestra del diseño moderno. La otra fue enviada a su propia casa, la mencionada Fallingwater. Kaufmann predijo que esta silla económica y ligera se volvería extremadamente popular, y no se equivocó. En 1947, la firma Knoll, uno de los fabricantes de mobiliario moderno más importantes, adquirió los derechos de producción en Estados Unidos. Sin embargo, la simplicidad del diseño hizo que fuera increíblemente fácil de copiar. Tras una batalla legal infructuosa contra las imitaciones, Knoll cesó su producción en 1951. Irónicamente, esta pérdida de control sobre los derechos de autor fue lo que catapultó a la silla a la fama mundial. Al entrar en el dominio público, innumerables fabricantes de todo el mundo comenzaron a producir sus propias versiones, haciéndola accesible para todos.

Comparativa: Silla Tripolina vs. Silla Butterfly (BKF)

CaracterísticaSilla TripolinaSilla Butterfly (BKF)
DiseñadorJoseph B. FenbyBonet, Kurchan, Ferrari-Hardoy
Año de Creación18771938
Material EstructuraMadera y juntas metálicasAcero tubular curvado
PlegabilidadNo
EstéticaFuncional, robusta, utilitariaMinimalista, escultórica, ligera
Uso PrincipalMilitar / CampañaDoméstico / Decorativo

Un Ícono de la Cultura Pop y la Libertad

La versatilidad y asequibilidad de la silla Butterfly la convirtieron en un fenómeno cultural. Durante las décadas de 1950 y 1960, se convirtió en un símbolo de la vida bohemia y moderna. Era tan probable encontrarla en el dormitorio de un estudiante universitario como en un hotel de diseño o en el patio de una villa californiana. Su diseño adaptable permitía su uso tanto en interiores como en exteriores, y la variedad de fundas disponibles (desde lona de colores vivos hasta cuero sofisticado) la hacían adecuada para cualquier estilo.

¿Quién diseño la silla Butterfly?
La silla Butterfly, creada por Antonio Bonet, Juan Kurchan y Jorge Ferrari-Hardoy inventó una nueva forma de sentarse en 1938.

Apareció en anuncios, en películas y en portadas de discos, consolidándose en el imaginario colectivo. La silla Butterfly representaba una nueva forma de vivir, una que valoraba la libertad, la comodidad y la informalidad por encima de la rigidez de los muebles tradicionales. Era, y sigue siendo, un asiento democrático que invita a relajarse y a ser uno mismo.

La Butterfly en el Siglo XXI: La Búsqueda de la Calidad

Hoy en día, la pregunta sobre cuál es la silla Butterfly "original" es compleja. Al estar el diseño en dominio público, no existe un único fabricante oficial. Sin embargo, la popularidad ha traído un nuevo desafío: la adaptación a los tiempos modernos. La altura promedio de las personas ha aumentado significativamente desde 1938, y muchos encuentran las dimensiones originales algo incómodas.

En respuesta a esto, algunas marcas se han enfocado en evolucionar el diseño sin traicionar su espíritu. Un ejemplo destacado es la firma sueca Cuero, fundada por Lars Kjerstadius. Su versión, llamada "Mariposa" (el nombre de la silla en español), es un 30% más grande que la original, ofreciendo un confort adaptado a la ergonomía actual. Además, Cuero ha puesto el foco en la calidad y la sostenibilidad. Utilizan acero sueco para la estructura y cueros de curtido vegetal de la Toscana italiana, famosos por su durabilidad y belleza. También ofrecen versiones con piel de oveja de Islandia y tejidos de algodón 100% natural. Este enfoque demuestra que, aunque el diseño sea un clásico, siempre hay espacio para la mejora y la adaptación, manteniendo vivo el legado de la Butterfly para las nuevas generaciones.

Preguntas Frecuentes

¿Quién diseñó la silla Butterfly?

Fue diseñada en 1938 por los arquitectos Antonio Bonet (español), Juan Kurchan y Jorge Ferrari-Hardoy (argentinos), quienes formaban el colectivo Grupo Austral en Buenos Aires.

¿Cuál es el nombre original de la silla Butterfly?

Su nombre original es silla BKF, un acrónimo formado por las iniciales de los apellidos de sus tres creadores: Bonet, Kurchan y Ferrari-Hardoy.

¿Por qué es tan cómoda la silla Butterfly?

Su comodidad proviene de su diseño tipo hamaca. El asiento es una única pieza de material flexible (cuero, lona, etc.) que cuelga de la estructura, permitiendo que se amolde al cuerpo de quien se sienta, distribuyendo el peso de manera uniforme y creando una sensación envolvente y relajante.

¿Se sigue fabricando la silla Butterfly original?

El diseño original ya no está protegido por patente y ha pasado al dominio público. Por lo tanto, no hay un único fabricante "original". Muchas empresas en todo el mundo producen sus propias versiones, con variaciones en tamaño, materiales y calidad.

¿Cuál es la principal diferencia entre la silla Tripolina y la Butterfly?

La diferencia fundamental radica en la estructura. La Tripolina tiene un marco plegable de madera con juntas metálicas, diseñado para ser portátil. La Butterfly la reemplazó con una estructura fija de acero tubular curvado, que le confiere una estética mucho más minimalista, ligera y escultórica, adaptada al espacio doméstico moderno.

En definitiva, el viaje de la silla Butterfly es una prueba del poder del buen diseño. Una idea que nació de la observación y la reinterpretación de un objeto funcional se transformó en un ícono de la modernidad. Su elegancia informal, su comodidad innata y su silueta inconfundible le han asegurado un lugar permanente no solo en la historia del diseño, sino en los espacios donde vivimos, trabajamos y soñamos.

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