What was the first car banned from NASCAR?

NASCAR en los 60: Héroes, Forajidos y Asfalto

21/09/2020

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La década de 1960 representa una de las transformaciones más profundas y fascinantes en la historia del automovilismo estadounidense. Fue una era de transición, un puente entre las raíces clandestinas y el futuro profesional de NASCAR. En estos diez años, el deporte pasó de ser un pasatiempo de fin de semana en pistas de tierra improvisadas, protagonizado por contrabandistas de whisky, a convertirse en un espectáculo nacional televisado en gigantescos superóvalos de asfalto. Los pilotos no eran simples atletas; eran héroes populares, rebeldes con una causa, cuyas hazañas al volante a más de 280 km/h capturaron la imaginación de una nación. Esta es la historia de esa década dorada, de los hombres que arriesgaron todo y de cómo el rugido de sus motores V8 sentó las bases del gigante que es NASCAR hoy en día.

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Junior Johnson: El Último Héroe Americano

Si un nombre personifica el espíritu de los años 60 en NASCAR, ese es Robert Glenn “Junior” Johnson. Su leyenda fue catapultada a la estratosfera en marzo de 1965, cuando la revista Esquire publicó el icónico artículo de Tom Wolfe: “The Last American Hero Is Junior Johnson. Yes!”. Wolfe, con su prosa visceral y personal, no solo retrató a un piloto, sino que definió el alma del deporte. Describió a Johnson como un cazador, un hombre rico, un ex contrabandista de whisky y un "buen chico" que dominaba autos de dos toneladas a velocidades de infarto. Era, en palabras de Wolfe, "la verdadera visión del Nuevo Sur".

Who is number 68 in NASCAR?
Brandon Lee Brown (born September 14, 1993) is an American professional stock car racing driver. He last competed full-time in the NASCAR Xfinity Series, driving for several teams including the No. 68 Chevrolet Camaro for Brandonbilt Motorsports. Woodbridge, Virginia, U.S.

La historia de Johnson era la historia misma de NASCAR. Criado en el corazón de la producción de licor ilegal de Carolina del Norte, se curtió al volante de su Ford de 1940, transportando galones de whisky por sinuosas carreteras de montaña, siempre un paso por delante de la ley. Su padre fue arrestado en una de las mayores redadas federales, y Junior no tardó en tomar las riendas del negocio familiar, llegando incluso a pasar un tiempo en un penitenciario federal. Esta experiencia en el "Thunder Road" no solo le dio un aura de forajido, sino que también lo convirtió en un mecánico y piloto excepcional. Sabía cómo modificar una suspensión, cómo potenciar un motor y, lo más importante, cómo llevar un coche al límite absoluto.

Su victoria en las 500 Millas de Daytona de 1960 es un testimonio de su ingenio. Con un Chevrolet notablemente menos potente que el de sus rivales, Johnson utilizó una técnica que él mismo perfeccionó: el rebufo (drafting). Se mantuvo pegado a la estela de los coches más rápidos, ahorrando combustible y motor, para luego lanzarse hacia adelante en el momento crucial y conseguir una victoria que sorprendió a todos y le valió una bolsa de 19,600 dólares. Junior Johnson no corría por puntos; corría para ganar. Su filosofía era simple y reflejaba sus orígenes:

“Hacer trampa en todo, en las reglas que tenían. Hacerles trampa e intentar sacar ventaja. Lo llaman hacer trampa, pero solo es sacarles ventaja.”

Una Generación de Pilotos Legendarios

Aunque Junior Johnson fue la cara más visible de la rebeldía, estaba lejos de ser el único talento extraordinario de la década. Las pistas de los 60 estaban repletas de pilotos legendarios que contribuyeron a forjar la identidad del deporte. Entre ellos destacaba una dinastía que marcaría el futuro de NASCAR para siempre: los Petty.

Lee Petty ya era una estrella consolidada, tres veces campeón de la Grand National. Su hijo, Richard Petty, había sido nombrado Novato del Año en 1959 y comenzaba una carrera que lo convertiría en "El Rey", acumulando un récord inigualable de 200 victorias. La primera gran victoria del joven Richard llegó en el Charlotte Fairgrounds Speedway, un presagio de la dominación que estaba por venir. Junto a ellos, nombres como Ralph Earnhardt, padre de otra futura leyenda, dejaban su huella en cada carrera.

Otros pilotos notables de la época incluían a figuras como:

  • Banjo Matthews: Famoso tanto por su conducción implacable como por su genialidad como mecánico para "poner a punto" los coches de carreras. Una anécdota legendaria cuenta cómo, en una carrera en Asheville, golpeó el coche de Ralph Earnhardt con tal fuerza que lo sacó de la pista y lo mandó directamente al banquillo de primera base del campo de béisbol que rodeaba el óvalo.
  • Fireball Roberts, Freddie Lorenzen y Ned Jarrett: Mencionados por Tom Wolfe como parte de esa élite de "los más duros entre los duros", eran pilotos que combinaban velocidad, astucia y una valentía al borde de la temeridad.
  • Héroes locales: En las innumerables pistas locales, pilotos como Larry Wallace, Hank Thomas, Jimmie Lewallen y George “Scooter” Minter mantenían viva la esencia del deporte, compitiendo con la misma pasión que las grandes estrellas.

De la Tierra al Asfalto: La Evolución de las Pistas

La década de 1960 fue testigo de un cambio monumental en el paisaje físico de NASCAR. El deporte nació en pistas de tierra, óvalos improvisados creados en pastizales donde los coches se deslizaban de costado en un derrape controlado permanente. Como lo describió el propio Junior Johnson, "vas de lado con el coche bastante tiempo cuando corres en tierra". Era una forma de arte que requería un control y una sensibilidad únicos.

Sin embargo, el futuro estaba en el asfalto. En 1960, promotores visionarios como Bruton Smith y Curtis Turner construyeron el Charlotte Motor Speedway, un "superóvalo" diseñado para competir con el legendario Indianapolis 500. Su inauguración con la primera edición de la World 600 (hoy Coca-Cola 600) marcó el comienzo de una nueva era de velocidad y profesionalismo. Estos nuevos circuitos permitían velocidades mucho más altas y exigían nuevas estrategias, como el drafting que Johnson había dominado.

Tabla Comparativa: Dos Eras de NASCAR

CaracterísticaEra de la Tierra (Principios de los 60)Era del Asfalto (Finales de los 60)
Superficie PredominanteTierra compactadaAsfalto
Estilo de ConducciónDerrapes controlados y lucha cuerpo a cuerpoAltas velocidades, rebufo (drafting)
Sedes PrincipalesPistas cortas, locales y ruralesSuperóvalos construidos a medida
Cultura DominanteCultura "forajida" ligada al contrabandoDeporte profesional con cobertura mediática

El fin simbólico de la era de la tierra llegó en 1970. La última carrera de la máxima categoría de NASCAR sobre esta superficie se celebró, apropiadamente, en su estado natal, Carolina del Norte. En el óvalo de media milla del State Fairgrounds en Raleigh, el héroe local Richard Petty se llevó la bandera a cuadros, cerrando un capítulo fundamental en la historia del deporte.

Preguntas Frecuentes sobre NASCAR en los 60

¿Quién fue el piloto más importante de NASCAR en los años 60?
Es difícil nombrar a uno solo. Junior Johnson encarnó el espíritu rebelde y la transición de la era de los forajidos. Al mismo tiempo, Richard Petty comenzó su ascenso para convertirse en "El Rey" y la figura más ganadora de la historia, dominando la segunda mitad de la década.

¿Por qué los primeros pilotos de NASCAR estaban ligados al contrabando de alcohol?
El deporte nació en el sur de Estados Unidos, una región con una larga tradición de destilación ilegal de whisky ("moonshine"). Los contrabandistas necesitaban coches rápidos y modificados para evadir a las autoridades. La habilidad mecánica y de conducción que desarrollaron fue la base perfecta para las carreras de stock cars.

¿Qué significó el paso de la tierra al asfalto?
Significó la profesionalización de NASCAR. Las pistas de asfalto permitían mayores velocidades, carreras más seguras (relativamente) y la construcción de estadios más grandes. Este cambio fue clave para atraer la cobertura televisiva y convertir a NASCAR en un deporte de alcance nacional.

Al final de la década, NASCAR era un deporte transformado. El eco de los contrabandistas de whisky todavía resonaba en los boxes, pero ahora lo hacía a través de una cobertura televisiva que llevaba las hazañas de sus herederos a todos los rincones del país. Lo que comenzó en las pistas de tierra de Charlotte, North Wilkesboro y Hillsborough se había convertido en el deporte de América, un espectáculo de alta velocidad que nunca olvidó sus humildes y rebeldes orígenes.

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