31/01/2022
El mundo del ballet clásico evoca imágenes de gracia etérea, tutús blancos y movimientos que desafían la gravedad. Pensamos en teatros majestuosos y en figuras casi celestiales que flotan sobre el escenario. Sin embargo, detrás de este velo de romanticismo y belleza, se esconde una historia compleja, a menudo dura y marcada por la lucha social. Lejos del glamour, los inicios de las bailarinas profesionales estuvieron teñidos por la pobreza y la necesidad, una realidad que las convertía en presas de una sociedad que las admiraba en escena pero las subestimaba fuera de ella. Este es un viaje a través del tiempo para desentrañar cómo evolucionó el ballet, desde un entretenimiento cortesano dominado por hombres hasta el arte que consagró a las mujeres como sus máximas estrellas, y para conocer a las figuras que lo transformaron para siempre.

Los Orígenes del Ballet: Un Escenario Masculino
Contrario a la percepción moderna, el ballet no nació siendo femenino. Sus raíces se hunden en las cortes renacentistas italianas, pero fue en Francia, bajo el reinado de Luis XIV, el "Rey Sol", donde se formalizó y profesionalizó. En 1661, el monarca, un apasionado bailarín, fundó la primera Academia Real de Danza. En esta época, los roles en el escenario, tanto masculinos como femeninos, eran interpretados exclusivamente por hombres. El ballet era una representación del poder y la gloria del soberano, con pasos ceremoniosos y una coreografía encorsetada que reflejaba la rígida etiqueta de la corte.
No fue hasta bien entrado el siglo XVIII cuando las mujeres comenzaron a pisar el escenario profesionalmente. Aun así, su arte estaba lejos de la libertad que conocemos hoy. Las primeras bailarinas vestían de manera similar a las damas de la audiencia: aparatosos vestidos al estilo de María Antonieta, corsés ajustados y zapatos con tacón, un atuendo que limitaba severamente su capacidad de movimiento y las mantenía ancladas al suelo. El ballet era más una exhibición de posturas elegantes que una proeza atlética.
La Revolución Romántica y el Ascenso de la Bailarina
El siglo XIX trajo consigo el Romanticismo, un movimiento cultural que cambió para siempre la faz del ballet. La fascinación por lo sobrenatural, los cuentos de hadas, los espíritus del bosque (sílfides) y las doncellas fantasmales (wilis) demandaba un nuevo tipo de intérprete. Se necesitaba ligereza, una cualidad etérea que hiciera creíble la existencia de estos seres mágicos. Fue en este contexto que la figura femenina eclipsó por completo a la masculina.
La innovación técnica fue clave en esta transformación. La invención de la zapatilla de punta permitió a las bailarinas elevarse, creando la ilusión de flotar sobre el escenario. Esta técnica, combinada con su gracia natural, las convirtió en las intérpretes ideales para encarnar a los personajes románticos. El vestuario también sufrió una revolución: los pesados trajes de corte dieron paso al icónico tutú romántico, una falda de muselina o tul que se ahuecaba con cada salto, acentuando la sensación de ingravidez. Este nuevo atuendo, junto con un corselete sin mangas, no solo liberó el movimiento, sino que también rompió con el decoro de la época al dejar las piernas a la vista, cubiertas únicamente por medias. El bailarín masculino quedó relegado a un rol secundario, su principal función era la de *porteur*: sostener, levantar y realzar la levedad de su compañera. La aclamación del virtuosismo masculino no regresaría hasta bien entrado el siglo XX.
Las "Petit Rats": Entre el Arte y la Supervivencia
Mientras el ballet se elevaba artísticamente, la vida de sus practicantes era a menudo un drama terrenal. A principios del siglo XIX en París, las jóvenes estudiantes de la escuela de baile de la Ópera de París eran conocidas con el apodo de “petit rats” (pequeñas ratas). Este término, que hoy puede sonar entrañable, reflejaba su realidad: eran jóvenes, ágiles, siempre correteando por los pasillos oscuros y laberínticos del teatro, y, sobre todo, provenían de las clases más desfavorecidas de la ciudad.

Para estas niñas, la danza no era solo una vocación, sino la única vía de escape de la miseria. El teatro les ofrecía una plataforma para ser vistas, no solo por el público general, sino por los acaudalados caballeros que frecuentaban los palcos y el *foyer de la danse*. Este espacio, detrás del escenario, se convirtió en un mercado no oficial donde los ricos patrones podían conocer a las bailarinas. Tener un romance con una artista del teatro era un símbolo de estatus para estos hombres ociosos. Para las bailarinas, la protección de un benefactor podía significar el éxito, papeles protagónicos y una vida de lujos. Sin embargo, rechazar sus avances podía condenarlas al olvido y al fracaso. Eran hermosas, talentosas y vulnerables, una presa fácil en un mundo dominado por el dinero y el poder masculino. Los famosos cuadros de Edgar Degas capturaron esta dualidad: la belleza del movimiento en escena y la agotadora y a menudo sombría realidad de los ensayos y la vida tras bambalinas.
Figuras que Definieron una Era
A lo largo de la historia, ciertos individuos han trascendido la técnica para convertirse en leyendas. Sus nombres son sinónimo del arte mismo y su influencia perdura hasta nuestros días.
Anna Pávlova: El Cisne Inmortal de Rusia
Anna Pávlova (1881-1931) no solo fue una bailarina; fue un fenómeno global que cambió para siempre el ideal de la bailarina. Nacida en San Petersburgo en circunstancias humildes, su pasión por el ballet se encendió tras ver una función de *La Bella Durmiente*. A pesar de ser rechazada inicialmente por su apariencia "enfermiza" y su físico —pies muy arqueados, tobillos delgados y extremidades largas, que chocaban con el cuerpo compacto y musculoso preferido en la época—, su determinación era inquebrantable. "Nadie puede llegar solo por ser talentoso. Dios da talento, el trabajo transforma el talento en genio", afirmaba.
Su perseverancia la llevó a graduarse del Ballet Imperial y a ascender rápidamente hasta convertirse en *prima ballerina* en 1906. Pávlova poseía una cualidad etérea y una expresividad dramática perfectas para los roles románticos como *Giselle*. Sin embargo, fue su trabajo con el coreógrafo Michel Fokine lo que la catapultó a la fama mundial. La pieza *La Muerte del Cisne*, creada especialmente para ella, se convirtió en su firma y en un emblema del ballet del siglo XX.
Tras un breve paso por los revolucionarios Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev, Pávlova fundó su propia compañía y se embarcó en giras mundiales sin precedentes. Llevó el ballet a rincones del planeta donde nunca antes se había visto, desde Sudamérica hasta la India y Australia, inspirando a generaciones de bailarines. Pávlova no solo bailaba; encarnaba la esencia misma del arte.

Mikhail Baryshnikov: El Virtuoso del Siglo XX
Considerado por muchos críticos como el mejor bailarín de todos los tiempos, Mikhail Baryshnikov (nacido en 1948 en Riga, Letonia) combinó una técnica impecable con un carisma magnético. Formado en la prestigiosa Academia Vaganova y estrella del Ballet Kirov, su nombre se hizo mundialmente famoso no solo por su arte, sino también por su dramática deserción de la Unión Soviética en 1974 en busca de libertad artística.
Baryshnikov deslumbró al público occidental con sus saltos explosivos, giros perfectos y una presencia escénica electrizante. Pero su genio no se limitó al ballet clásico. Con una curiosidad insaciable, exploró la danza moderna, trabajando con los coreógrafos más vanguardistas de su tiempo y demostrando una versatilidad asombrosa. Su influencia se extendió más allá de la danza, incursionando con éxito en el cine y la televisión, lo que le valió una nominación al Oscar y una mayor popularidad para el ballet a nivel mundial. Baryshnikov redefinió lo que significaba ser un bailarín, fusionando la disciplina clásica con la innovación contemporánea.
Tabla Comparativa: La Evolución del Ballet
| Característica | Ballet Barroco (Siglo XVII-XVIII) | Ballet Romántico (Siglo XIX) |
|---|---|---|
| Protagonista Principal | Masculino | Femenino |
| Vestuario Típico | Ropa de corte, tacones, pelucas | Tutú, zapatillas de punta, corselete |
| Técnica Dominante | Pasos ceremoniosos, movimientos limitados | Énfasis en la ligereza, saltos, técnica de puntas |
| Temática Común | Glorificación del monarca, mitología clásica | Seres sobrenaturales, amor, tragedia |
Preguntas Frecuentes
¿Por qué a las jóvenes bailarinas se les llamaba "petit rats"?
Se les llamaba "pequeñas ratas" por varias razones. Eran jóvenes, a menudo desnutridas, y se movían ágilmente por los oscuros y laberínticos pasillos de la Ópera de París, similar al corretear de los roedores. El término también reflejaba su bajo estatus social y su lucha constante por la supervivencia en un entorno muy competitivo.
¿Quién fue la bailarina más importante de la era romántica?
Aunque Anna Pávlova encarnó el espíritu romántico a principios del siglo XX, la bailarina que definió la era romántica original fue la italiana Marie Taglioni (1804-1884). Fue la primera en bailar un ballet completo en puntas, *La Sílfide* (1832), y su estilo etéreo y aparentemente ingrávido estableció el estándar para todas las bailarinas que la siguieron.
¿Cuál es la contribución más famosa de Anna Pávlova al ballet?
Su contribución más icónica es su interpretación de *La Muerte del Cisne*, una pieza de apenas cuatro minutos que se convirtió en su sello personal y en un símbolo universal de la fragilidad y la belleza del ballet. Además, su incansable labor de difusión del ballet por todo el mundo a través de su propia compañía es un legado fundamental que ayudó a popularizar este arte a una escala global.
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