16/09/2021
Aquella mañana del 22 de febrero de 2012 parecía ser como cualquier otra en la bulliciosa ciudad de Buenos Aires. Miles de personas se dirigían a sus trabajos a bordo del transporte público, en un ritual diario. Sin embargo, a las 8:32, el tiempo se detuvo en la estación de Once. El tren chapa 16 de la línea Sarmiento, con más de 1.500 pasajeros a bordo, no logró frenar y se estrelló brutalmente contra el paragolpes de contención del andén 2. La colisión comprimió los primeros vagones como si fueran de papel, desatando una de las peores tragedias ferroviarias en la historia de Argentina. El saldo fue devastador: 52 personas fallecidas, incluyendo una mujer embarazada, y más de 780 heridos. Este evento no solo enlutó a un país, sino que también destapó una trama de negligencia, desidia y corrupción que tardaría años en ser juzgada.

Crónica de una Tragedia Anunciada
El impacto fue registrado a una velocidad de 20 kilómetros por hora, una cifra alarmantemente alta para una maniobra de arribo a la estación. Los dos primeros coches quedaron completamente aplastados, convirtiéndose en una trampa mortal de hierros retorcidos. Los equipos de rescate trabajaron sin descanso durante más de 24 horas en una escena que los propios socorristas describieron como "una película de terror". Paolo Menghini, padre de Lucas, una de las últimas víctimas en ser encontrada, resumió el sentimiento general: "Esta tragedia se pudo haber evitado". Su afirmación no era una simple expresión de dolor; estaba fundamentada en una realidad que las pericias judiciales posteriores confirmarían con crudeza.
La formación, con matrícula 3.772, era una reliquia de 1958 que llevaba más de 60 años sobre las vías. Las investigaciones revelaron un estado de abandono catastrófico: de los ocho vagones, solo seis tenían compresores de aire para los frenos; se habían aplazado tareas de mantenimiento cruciales en siete de ellos; el sistema de frenado de "hombre muerto" (que detiene el tren si el conductor pierde el conocimiento) había sido deliberadamente anulado por el maquinista; y los paragolpes de la estación no contaban con su sistema hidráulico. La desidia era total y el resultado, inevitable.
La Red de Responsabilidades: Un Fallo Sistémico
Determinar quién fue el responsable de la Tragedia de Once no es una pregunta con una única respuesta. El fallo del juez Claudio Bonadío y los juicios posteriores establecieron una responsabilidad compartida que escalaba desde el último eslabón de la cadena, el conductor, hasta las más altas esferas del poder político.

El Maquinista: Marcos Córdoba
La figura del maquinista, Marcos Córdoba, fue la primera en ser señalada. Su acción de anular el sistema de freno de emergencia y su incapacidad para detener la formación a tiempo fueron factores directos del choque. Fue condenado por estrago culposo agravado, pero la justicia entendió que su error fue el catalizador final de una falla mucho más profunda y sistémica.
TBA: La Empresa Concesionaria
Trenes de Buenos Aires (TBA), la empresa que tenía la concesión de la línea Sarmiento y era propiedad de los hermanos Cirigliano, fue uno de los pilares de la tragedia. La investigación demostró que la compañía gestionaba el servicio con una negligencia criminal. El dinero que el Estado le otorgaba en forma de subsidios para el mantenimiento y la mejora del servicio era desviado sistemáticamente. Esto se tradujo en trenes obsoletos, falta de repuestos, talleres vaciados y una seguridad inexistente para los pasajeros. La condena a sus directivos por administración fraudulenta en perjuicio del Estado fue una pieza clave para entender que la tragedia no fue un accidente, sino la consecuencia directa de la avaricia empresarial.
El Rol del Estado: Funcionarios en el Banquillo
El tercer pilar de la responsabilidad recayó sobre los funcionarios públicos que debían controlar a la concesionaria y garantizar la seguridad de los pasajeros. Su inacción no fue vista como un simple descuido, sino como una complicidad necesaria en el esquema de corrupción.

- Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi: Como Secretarios de Transporte (Jaime hasta 2009 y Schiavi al momento de la tragedia), eran los encargados directos de la supervisión de TBA. Fueron hallados culpables de participar en la maniobra de administración fraudulenta, permitiendo que la empresa operara en condiciones deplorables mientras desviaba fondos públicos.
- Julio De Vido: Como Ministro de Planificación Federal, era la máxima autoridad política sobre el área de transporte. Aunque fue absuelto por el estrago (las muertes), su condena por administración fraudulenta fue contundente. La justicia determinó que De Vido conocía y toleró el manejo indebido de los fondos por parte de TBA, incumpliendo su deber de control. Su condena, recientemente ratificada por la Corte Suprema de Justicia, cerró el círculo de la responsabilidad política al más alto nivel.
Los Juicios: Once I y Once II
El camino hacia la justicia fue largo y se dividió en dos grandes juicios orales que buscaron desentrañar esta compleja red de culpas.
- Once I (2014-2015): Se centró en las responsabilidades directas del accidente. Llevó al banquillo a los directivos de TBA, al maquinista Córdoba y a los ex secretarios Schiavi y Jaime. Finalizó con 21 condenas que establecieron la culpabilidad de la empresa y de los primeros niveles de control estatal.
- Once II (2018): Apuntó a la máxima responsabilidad política. El principal acusado fue el exministro Julio De Vido. Este juicio fue fundamental para demostrar que la corrupción en la gestión de los subsidios fue una causa determinante de la tragedia.
Tabla de Condenados Principales
| Nombre | Cargo / Rol | Delito Principal | Condena Firme |
|---|---|---|---|
| Marcos Córdoba | Maquinista | Estrago culposo agravado | 3 años y 3 meses de prisión |
| Claudio Cirigliano | Presidente de TBA | Administración fraudulenta y estrago culposo | 7 años de prisión |
| Ricardo Jaime | Ex Secretario de Transporte | Administración fraudulenta | 7 años de prisión |
| Juan Pablo Schiavi | Ex Secretario de Transporte | Administración fraudulenta | 5 años y 6 meses de prisión |
| Julio De Vido | Ex Ministro de Planificación | Administración fraudulenta | 4 años de prisión |
Preguntas Frecuentes sobre la Tragedia de Once
¿Qué pasó exactamente el 22 de febrero de 2012?
Un tren de la línea Sarmiento, operado por la empresa TBA, no frenó al llegar a la estación terminal de Once en Buenos Aires y chocó contra el andén. El impacto causó la muerte de 52 personas y dejó más de 780 heridos debido a la compresión de los primeros vagones.
¿Quién fue el único culpable de la Tragedia de Once?
No hubo un único culpable. La justicia determinó que las responsabilidades fueron compartidas. El maquinista tuvo una responsabilidad directa por no frenar a tiempo, pero la causa de fondo fue la negligencia de la empresa TBA, que no realizaba el mantenimiento adecuado, y la complicidad de altos funcionarios del gobierno que no controlaron a la empresa y permitieron el desvío de fondos públicos destinados al servicio.

¿Por qué fue condenado Julio De Vido si no era el responsable directo del área de Transporte?
Julio De Vido fue condenado como partícipe necesario del delito de administración fraudulenta. Como Ministro de Planificación, era la autoridad máxima de la que dependía la Secretaría de Transporte. Se le atribuyó conocer y tolerar el uso indebido de los subsidios estatales por parte de TBA, lo que resultó en un grave perjuicio para el Estado y, consecuentemente, en el deterioro fatal del servicio ferroviario.
¿Qué cambió en el sistema ferroviario después de Once?
La tragedia generó una profunda conmoción social y política. El gobierno de entonces le quitó la concesión a TBA y el Estado argentino se hizo cargo de la operación de la línea Sarmiento y otras. Se iniciaron procesos de inversión para la compra de nuevo material rodante y la mejora de la infraestructura, aunque el debate sobre la seguridad y eficiencia del sistema ferroviario sigue vigente.
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