11/04/2023
En el panteón de la Fórmula 1, existen leyendas forjadas en victorias y campeonatos, nombres como Fangio, Clark, Stewart o Schumacher. Pero también hay un lugar especial para aquellos cuyo talento deslumbrante nunca se vio recompensado con la gloria máxima. Quizás el caso más paradigmático, el más doloroso y a la vez el más respetado, es el de Chris Amon. El neozelandés, hijo de un criador de ovejas, se convirtió en sinónimo de velocidad pura, de una elegancia al volante sublime y, lamentablemente, de una mala suerte casi cósmica que le impidió ganar un solo Gran Premio puntuable para el campeonato mundial.

El Sueño Rojo: La Llegada a Ferrari
A mediados de los años 60, fichar por la Scuderia Ferrari era el sueño de cualquier piloto. Era la consagración, la oportunidad de pilotar para el equipo más icónico de la historia. En 1967, un joven Chris Amon de tan solo 23 años recibió la llamada de Enzo Ferrari. Su llegada fue un impacto inmediato. En su primera carrera con el mono rojo, en el desafiante circuito de Mónaco, Amon subió al tercer escalón del podio. No fue una casualidad; ese año, lograría cuatro podios, todos en tercera posición, demostrando una consistencia y madurez impropias de su edad. El mundo del automovilismo se dio cuenta de que estaba ante un piloto especial, alguien con la velocidad y la sensibilidad para domar las bestias de Maranello.

1968: El Año que Pudo Ser y no Fue
Si hay un año que define la carrera de Chris Amon, ese es 1968. La combinación del piloto neozelandés y el Ferrari 312 era, sin lugar a dudas, la más rápida de la parrilla. Las estadísticas de esa temporada son tan impresionantes como frustrantes. Amon consiguió la pole position en tres ocasiones y partió desde la primera fila de la parrilla en ocho de las doce carreras del campeonato. Dominó y lideró numerosos Grandes Premios, mostrando una superioridad insultante sobre sus rivales.
Sin embargo, una y otra vez, la victoria le fue esquiva en el último momento, casi siempre por fallos mecánicos triviales que parecían una broma macabra del destino. En el Gran Premio de España, lideraba cómodamente cuando un problema eléctrico lo dejó fuera. En Bélgica, en el temible Spa-Francorchamps, una piedra perforó su radiador mientras dominaba la carrera. En el Gran Premio de Gran Bretaña, un fallo en la transmisión lo detuvo. En Canadá, de nuevo la transmisión le robó una victoria que tenía en el bolsillo. La temporada de 1968 debería haber sido la de su coronación como campeón del mundo; en cambio, se convirtió en el capítulo más cruel de su leyenda.
Análisis de la 'Mala Suerte' de Amon en 1968
La frustración de la temporada 1968 se puede visualizar mejor con una tabla que resume cómo victorias casi seguras se desvanecieron por completo.
| Gran Premio | Posición de Salida | Situación en Carrera | Causa del Abandono |
|---|---|---|---|
| España (Jarama) | 1º (Pole) | Líder cómodo | Fallo eléctrico |
| Bélgica (Spa) | 1º (Pole) | Líder destacado | Piedra en el radiador |
| Países Bajos (Zandvoort) | 1º (Pole) | Luchando por la victoria | Problemas de motor |
| Gran Bretaña (Brands Hatch) | 2º | Líder | Fallo en la transmisión |
| Canadá (Mont-Tremblant) | 2º | Líder con gran ventaja | Fallo en la transmisión |
La temporada de 1969 marcó el fin de su etapa en Ferrari. La relación se había desgastado por las continuas frustraciones y el coche ya no era tan competitivo. Amon se marchó de Maranello con un palmarés de podios y poles, pero con el casillero de victorias a cero, una estadística que no hacía justicia a su inmenso talento.
El Legado del Campeón sin Corona
Tras su paso por Ferrari, Amon pilotó para otros equipos como March, Matra y Tyrrell, y aunque siguió demostrando destellos de su genialidad, la victoria en un Gran Premio puntuable nunca llegó. Ganó carreras fuera del campeonato, como el Trofeo Internacional de la BRDC en Silverstone, y tuvo un éxito notable en las carreras de resistencia, ganando las 24 Horas de Le Mans en 1966 junto a Bruce McLaren. Pero en la Fórmula 1, la suerte nunca estuvo de su lado.
Su legado, sin embargo, es inmenso. Es recordado como un "piloto de pilotos", uno de los más respetados por sus contemporáneos. Jackie Stewart, tres veces campeón del mundo, siempre lo consideró uno de los rivales más duros y talentosos a los que se enfrentó. Pero quizás la frase que mejor resume su carrera la pronunció Mario Andretti: "Si Chris Amon se hubiera hecho empresario de pompas fúnebres, la gente dejaría de morirse". Una forma genial de encapsular la increíble y persistente mala fortuna que persiguió a uno de los pilotos más rápidos y dotados que jamás haya visto la Fórmula 1.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Ganó Chris Amon alguna carrera de Fórmula 1?
No, Chris Amon nunca ganó un Gran Premio puntuable para el Campeonato del Mundo de Fórmula 1, lo que constituye el núcleo de su leyenda. Sin embargo, sí ganó carreras de F1 no puntuables, lo que demuestra que tenía la capacidad de llegar a lo más alto del podio.
¿Por qué se le considera uno de los mejores a pesar de no ganar?
Se le considera uno de los mejores por su velocidad pura, su control exquisito del coche y el inmenso respeto que se ganó de sus rivales, incluyendo a múltiples campeones del mundo. Su rendimiento en 1968, donde fue el piloto más rápido de forma consistente, es la prueba irrefutable de su calibre de campeón, aunque los resultados no lo reflejaran por factores ajenos a su pilotaje.
¿Corrió en otras categorías además de la Fórmula 1?
Sí. Chris Amon fue un piloto muy versátil. Su mayor éxito fuera de la F1 fue la victoria en las prestigiosas 24 Horas de Le Mans en 1966, compartiendo un Ford GT40 con su compatriota Bruce McLaren. También compitió en la Can-Am y la Tasman Series.
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