18/11/2022
El telón de la temporada 1959 de Fórmula 1 se alzó sobre un escenario inédito y cargado de incertidumbre. Por primera vez en la historia del campeonato, la parrilla de salida carecía de la presencia de un campeón del mundo. El legendario Juan Manuel Fangio, pentacampeón, había colgado el casco, y el vigente campeón, Mike Hawthorn, había perdido la vida trágicamente en un accidente de tráfico pocos meses después de alcanzar la gloria. Este vacío de poder abría la puerta a una nueva generación de pilotos y, sobre todo, a una revolución técnica que cambiaría el deporte para siempre. En medio de este panorama, un pequeño equipo británico llamado Cooper, con su innovador monoplaza de motor trasero, estaba a punto de demostrar que la agilidad podía vencer a la fuerza bruta.

La Revolución del Motor Trasero: Cooper Cambia el Juego
Hasta 1959, la Fórmula 1 estaba dominada por los grandes constructores como Ferrari, con sus potentes y pesados monoplazas de motor delantero. Eran bestias de la ingeniería, pero su diseño presentaba limitaciones en cuanto a manejo y distribución de peso. John Cooper y su equipo vieron una oportunidad. Inspirados en sus exitosos coches de Fórmula 3, diseñaron el Cooper T51, un coche ligero, ágil y, lo más importante, con el motor Coventry Climax de 2.5 litros situado detrás del piloto.
Esta configuración de motor trasero ofrecía ventajas monumentales. Permitía una mejor tracción, un reparto de pesos más equilibrado y un diseño aerodinámico más bajo y eficiente en la parte frontal. Mientras los Ferrari eran monstruos de las rectas, los Cooper podían bailar en las curvas, conservando mejor sus neumáticos y ofreciendo una manejabilidad superior. Lo que al principio fue visto con escepticismo por los gigantes del automovilismo, pronto se revelaría como el futuro indiscutible de la competición.
Los Tres Gladiadores en la Arena
La temporada se convirtió rápidamente en una fascinante batalla a tres bandas, con tres pilotos de estilos y personalidades muy diferentes luchando por la corona vacante.
- Jack Brabham (Cooper): El australiano era mucho más que un piloto. Ingeniero y mecánico de gran talento, comprendía su coche a la perfección. Su estilo de conducción era calculador, eficiente y ferozmente competitivo. Era el líder del equipo oficial de Cooper y su consistencia sería su mayor arma.
- Stirling Moss (Cooper - R.R.C. Walker Racing Team): Considerado por muchos como el piloto más rápido y talentoso de su generación, el "campeón sin corona". Moss no corría para el equipo oficial, sino para la escudería privada de Rob Walker. Su velocidad pura era inigualable, pero la fiabilidad mecánica a menudo se interponía entre él y la victoria.
- Tony Brooks (Ferrari): Apodado el "dentista de las carreras" por su profesión, Brooks era el estandarte de la vieja guardia. Al volante del poderoso Ferrari 246 de motor delantero, representaba la fuerza bruta contra la agilidad de los Cooper. Su conducción era suave, precisa e inteligente.
Una Temporada de Giros Inesperados
El campeonato de 1959, disputado a lo largo de nueve pruebas (incluyendo las 500 Millas de Indianápolis), fue un carrusel de emociones y dramas.
La temporada arrancó en Mónaco, donde la agilidad del Cooper era una ventaja clara. Stirling Moss dominó la carrera hasta que, a menos de 20 vueltas del final, una avería en la transmisión le obligó a abandonar. Jack Brabham heredó el liderato y consiguió su primera victoria en un Gran Premio, con Tony Brooks segundo. Era la primera señal de lo que estaba por venir.
En Zandvoort, para el Gran Premio de los Países Bajos, la mala suerte volvió a cebarse con Moss, que se retiró de nuevo cuando lideraba. La victoria fue para el sueco Jo Bonnier con un BRM, la primera y única para él y la primera para el equipo británico. Sin embargo, Brabham seguía sumando puntos cruciales.
Ferrari contraatacó en los circuitos de alta velocidad. En Reims (Francia) y en el peligrosísimo AVUS de Alemania, un circuito compuesto por dos largas rectas y una curva peraltada de 43 grados, la potencia del motor V6 italiano se impuso. Tony Brooks consiguió dos victorias consecutivas que le metían de lleno en la lucha por el título. La cita alemana, no obstante, estuvo teñida de luto por la muerte del piloto francés Jean Behra en una carrera de coches deportivos disputada el día anterior.
Cuando parecía que Ferrari había encontrado la fórmula, Stirling Moss resurgió. Consiguió dos victorias consecutivas y magistrales en Portugal (Monsanto) e Italia (Monza), demostrando que, con un coche fiable, era prácticamente imbatible. Estos resultados dejaban la mesa servida para un final de infarto en un escenario completamente nuevo: Estados Unidos.

Sebring: El Final Más Dramático
Por primera vez, el Gran Premio de Estados Unidos cerraba la temporada. La cita era en el circuito de Sebring, en Florida. Tres pilotos llegaban con opciones matemáticas al título:
- Jack Brabham: 31 puntos.
- Stirling Moss: 25.5 puntos.
- Tony Brooks: 23 puntos.
Las cuentas eran complejas, pero la tensión era palpable. Moss, fiel a su estilo, logró la pole position. En la salida, se escapó de Brabham y parecía encaminarse hacia la victoria y el título que tanto se le había resistido. Brooks, por su parte, vio sus esperanzas desvanecerse en la primera vuelta cuando fue golpeado por su compañero de equipo Wolfgang von Trips, obligándole a pasar por boxes y perdiendo cualquier opción real.
La carrera parecía decidida en favor de Moss, pero el destino le tenía reservado otro cruel giro. Apenas habían transcurrido cinco vueltas cuando la caja de cambios de su Cooper dijo basta. Una vez más, el piloto más rápido se quedaba en la cuneta. El título estaba ahora en manos de Jack Brabham, que lideraba la carrera cómodamente por delante de su joven compañero de equipo, Bruce McLaren.
El australiano solo tenía que llevar el coche hasta la meta. Vuelta tras vuelta, el final se acercaba. Pero en la Fórmula 1, nada está escrito hasta que cae la bandera a cuadros. En la última vuelta, a pocos cientos de metros de la meta, el Cooper de Brabham empezó a toser y se detuvo. ¡Se había quedado sin gasolina! Mientras Bruce McLaren le adelantaba para convertirse en el ganador más joven de un Gran Premio hasta la fecha, Brabham se enfrentó a una decisión que definiría su leyenda. En un acto de pura determinación, se bajó del coche y, bajo el sol abrasador de Florida, comenzó a empujar su monoplaza por la recta de meta. Exhausto, cruzó la línea en cuarta posición, varios minutos después. Pero era suficiente. Los puntos obtenidos le proclamaban Campeón del Mundo de Fórmula 1 por primera vez. Había ganado el título literalmente a pulmón.
Tabla de Clasificación Final (Top 3) - 1959
| Piloto | Equipo | Victorias | Puntos |
|---|---|---|---|
| Jack Brabham | Cooper-Climax | 2 | 31 (34) |
| Tony Brooks | Ferrari / Vanwall | 2 | 27 |
| Stirling Moss | Cooper-Climax / BRM | 2 | 25.5 |
Preguntas Frecuentes sobre la Temporada 1959
¿Quién ganó el campeonato de F1 de 1959?
El piloto australiano Jack Brabham ganó su primer Campeonato Mundial de Pilotos conduciendo para el equipo Cooper. El Campeonato de Constructores también fue para Cooper-Climax.
¿Por qué fue tan importante la temporada de 1959?
Fue una temporada de cambio radical. Marcó el primer título mundial para un coche con motor trasero, demostrando la superioridad de este concepto y sentenciando el fin de la era de los monoplazas con motor delantero en la Fórmula 1.
¿Qué ocurrió exactamente en la última carrera en Sebring?
Jack Brabham lideraba la carrera y estaba a punto de ganar el título cuando su coche se quedó sin combustible en la última vuelta. En una imagen icónica, empujó su coche durante varios cientos de metros hasta cruzar la línea de meta en cuarta posición, asegurando los puntos necesarios para proclamarse campeón.
¿Por qué no había ningún campeón del mundo compitiendo en 1959?
El pentacampeón Juan Manuel Fangio se había retirado al final de la temporada de 1958. El campeón de ese año, Mike Hawthorn, también se retiró tras ganar el título y falleció en un accidente de coche en enero de 1959, antes de que comenzara la nueva temporada.
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