20/05/2020
Los años 90 en Argentina fueron una época de vértigo, de convertibilidad, de lujos importados y de una cultura que mezclaba la política con el espectáculo. En el centro de esa vorágine se encontraba una figura carismática y controversial: el presidente Carlos Saúl Menem. Y como todo ícono de su tiempo, tuvo un objeto que lo representó a la perfección, una máquina que era más que un simple auto: una Ferrari 348 TB de un rojo tan intenso como la polémica que generó. Esta no es solo la historia de un superdeportivo, sino la radiografía de una década donde el poder y la ostentación viajaban a más de 200 kilómetros por hora.

Un Regalo Inesperado (o no tanto)
Corría el año 1991. La Casa Rosada recibió un obsequio que rompía con todos los protocolos diplomáticos. No se trataba de una artesanía o un libro, sino de una flamante Ferrari 348 TB, uno de los modelos más deseados del momento. El generoso remitente era Massimo del Lago, un empresario italiano con grandes intereses en Argentina, específicamente en la licitación para la construcción de una autopista. El regalo, valorado en más de 100.000 dólares de la época, era un intento de soborno tan evidente como el color Rosso Corsa de su carrocería.

La Ferrari 348 TB, presentada en 1989, era una obra de arte de Pininfarina. Con su motor V8 de 3.4 litros y 300 caballos de fuerza, era la heredera de la 328 y tomaba prestados elementos de diseño del mítico Testarossa, como las características branquias laterales. Era una máquina agresiva, suntuosa y, sobre todo, imposible de ignorar. Justamente lo contrario a lo que se esperaría de una coima, que suele buscar la discreción. Pero en la Argentina de los 90, la discreción no estaba de moda.
"La Ferrari es Mía": La Polémica Estalla
Cuando la noticia del regalo se hizo pública, el escándalo fue inmediato. La oposición y gran parte de la sociedad exigían que el presidente, como funcionario público, no podía aceptar semejante dádiva de un empresario con intereses en el Estado. La propuesta era clara: el auto debía ser subastado y el dinero donado a instituciones de bien público, como el Hospital de Niños.
La respuesta de Menem, sin embargo, quedó grabada en la memoria colectiva. Con su particular tonada riojana y una sonrisa pícara que desarmaba a sus interlocutores, declaró ante la prensa: "La Ferrari es mía, me la donaron a mí, ¿por qué la tengo que donar?". La frase fue una bomba. No solo confirmaba su intención de quedarse con el auto, sino que exponía una concepción del poder donde los límites entre lo público y lo privado se desvanecían por completo. Para Menem, el auto era un trofeo personal, y no estaba dispuesto a cederlo.
El Presidente Piloto: Impunidad a Fondo
La pasión de Carlos Menem por los motores no era un secreto. Fue el único presidente argentino que logró traer de vuelta a la Fórmula 1 por tres temporadas consecutivas (1995-1997) y él mismo había participado como piloto en algunas etapas del rally nacional. Los autos deportivos encendían sus instintos más primarios, y con la Ferrari en su poder, no tardó en demostrarlo.

El episodio más emblemático de esta saga ocurrió poco después. Menem decidió viajar desde la Quinta Presidencial de Olivos hasta la ciudad balnearia de Pinamar, un trayecto de aproximadamente 370 kilómetros. Al volante de su Ferrari, cubrió la distancia en menos de dos horas, alcanzando velocidades cercanas a los 200 km/h. Pero la velocidad fue solo una parte de la historia. Antes de salir, el presidente levantó el teléfono y ordenó cerrar la Ruta 2, la principal autovía hacia la Costa Atlántica, para su paso. Por supuesto, no pagó un solo peaje.
Al llegar a destino, un periodista lo increpó:
—¿Es cierto que manejó a 200 km/h y tampoco pagó peajes?
La respuesta de Menem fue, una vez más, una lección de su estilo de gobierno:
—Sí, es cierto, pero soy el presidente, ¿quién me va a decir algo?
Esa frase encapsuló el concepto de impunidad que muchos asociaron a su gobierno. Era la lógica del poder sin frenos, sin controles, una lógica que se vería reflejada en otros escándalos de mayor gravedad.
El Itinerario de un Símbolo: Subasta, Vino y Sorteo
La presión mediática y política fue tan grande que Menem, quizás por cálculo o por consejo, finalmente cedió. El auto fue entregado al Estado para ser subastado. El Banco Ciudad de Buenos Aires se encargó de la venta, que se concretó por una cifra cercana a los 100.000 dólares. Pero la historia de la Ferrari más famosa de Argentina apenas comenzaba.
La Travesía de la Ferrari de Menem
| Etapa | Propietario / Evento | Detalles |
|---|---|---|
| 1. Regalo (1991) | Massimo del Lago a Carlos Menem | Intento de soborno por una licitación pública. |
| 2. Subasta Pública | Banco Ciudad | Vendida por aproximadamente 100.000 dólares. |
| 3. Primeros Compradores | Tres socios particulares | Compraron el auto con la intención de rifarlo, pero el alto costo del ticket hizo fracasar el plan. |
| 4. Herramienta de Marketing | Bodegas Garbín (Mendoza) | La empresa compró el auto y lo usó como premio principal en un sorteo para promocionar su vino en caja "Pico de Oro". La estrategia fue un éxito rotundo. |
| 5. El Ganador Final | Un vecino de Ciudad Evita | Ganó el sorteo organizado por la bodega. |
| 6. Venta y Desaparición | Paradero desconocido | El afortunado ganador vendió el auto casi de inmediato por 97.000 dólares. Desde entonces, su rastro se ha perdido para el ojo público. |
Más que un Auto: El Reflejo de una Década
La Ferrari de Menem fue mucho más que un escándalo de corrupción. Fue un símbolo de los 90, una metáfora perfecta de la cultura del "pizza con champán", del individualismo y del éxito a cualquier costo. Representaba el deseo de velocidad, no solo en la ruta, sino en la economía y en la vida. Era la burla con motor, el desafío a las normas, un espejo brillante que devolvía la imagen de un país fascinado por el vértigo, el cinismo y el amor por la trampa que brilla.
Hoy, el paradero exacto del auto es un misterio, pero su leyenda perdura. Cada vez que se habla de los excesos de poder, de los límites de la ética pública o simplemente de la historia reciente de Argentina, las branquias rojas de aquella Ferrari 348 TB vuelven a aparecer en el retrovisor de la memoria nacional.
Preguntas Frecuentes
¿Quién le regaló la Ferrari a Menem?
La Ferrari fue un "regalo" del empresario italiano Massimo del Lago en 1991, quien buscaba obtener una licitación del Estado argentino para construir una autopista.

¿Qué modelo de Ferrari era?
Se trataba de una Ferrari 348 TB (Transversale Berlinetta) de color rojo, uno de los modelos más icónicos de la marca a finales de los 80 y principios de los 90.
¿Cuánto costaba la Ferrari de Menem?
En su momento, estaba valorada en más de 100.000 dólares. Tras la polémica, fue subastada por el Banco Ciudad por una cifra similar.
¿Qué pasó finalmente con la Ferrari?
Después de ser subastada, pasó por varios dueños. Fue utilizada como una exitosa herramienta de marketing por una bodega mendocina, que la sorteó. El ganador la vendió rápidamente y desde entonces su paradero es desconocido para el público general.
¿Por qué fue tan polémico este regalo?
Fue polémico por varias razones: representaba un claro conflicto de intereses y un posible soborno al presidente. Además, la actitud desafiante de Menem al reclamarla como propia y su uso imprudente del vehículo (manejando a alta velocidad y cerrando una ruta) lo convirtieron en un símbolo de la impunidad y el abuso de poder.
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