19/02/2019
En el vasto y fascinante universo del automovilismo, existen hitos que trascienden el tiempo, récords que parecen salidos de la ciencia ficción y máquinas que desafían las leyes de la física. Cuando nos preguntamos qué vehículo ha sido capaz de superar la mítica barrera de los 1.000 kilómetros por hora, la respuesta nos transporta a una época de innovación audaz y valentía sin límites: los años 70. El protagonista de esta hazaña no es un coche convencional, sino una maravilla de la ingeniería llamada Blue Flame, un vehículo que era, en esencia, un cohete con ruedas diseñado con un único y obsesivo propósito: ser el más rápido sobre la faz de la Tierra.

La Carrera Hacia lo Imposible: El Contexto del Récord
Para comprender la magnitud del logro del Blue Flame, es necesario situarnos en la época. Durante las décadas de 1960 y 1970, la carrera por el récord de velocidad terrestre era tan intensa como la carrera espacial. Pilotos y equipos de todo el mundo, principalmente de Estados Unidos, se congregaban en las desoladas y perfectamente planas extensiones de los salares, como el de Bonneville en Utah, para llevar sus máquinas al límite absoluto. No se trataba de competir en un circuito, sino de una lucha pura y brutal contra la resistencia del aire y la fricción. Los vehículos que participaban en esta contienda se alejaban cada vez más del concepto tradicional de automóvil, adoptando motores a reacción y diseños aerodinámicos extremos que los asemejaban más a aviones sin alas.

El Nacimiento de una Llama Azul
El proyecto Blue Flame fue concebido y financiado por la American Gas Association (AGA), una organización que buscaba promover el uso del gas natural licuado (GNL) como un combustible limpio y potente. Querían una demostración espectacular de su potencial, y qué mejor escenario que el récord de velocidad terrestre. Para ello, se asociaron con el Institute of Gas Technology (IGT) y contrataron a Reaction Dynamics, una empresa especializada en cohetes. El resultado fue un vehículo único, una sinfonía de ingeniería aeroespacial y automotriz. Su nombre, "Blue Flame" (Llama Azul), hacía una referencia directa a la característica llama de color azul que produce la combustión limpia del gas natural.
Anatomía de un Cohete con Ruedas
El Blue Flame era una máquina imponente y radicalmente diferente a cualquier otra. Su diseño era un puro ejercicio de aerodinámica, con un chasis de aluminio y cromo-molibdeno que formaba un cuerpo largo y afilado como un dardo, rematado por un estabilizador vertical en la parte trasera para mantener la trayectoria a velocidades extremas.
Sin embargo, su corazón era lo que lo hacía verdaderamente especial: un motor cohete de propulsión híbrida. No utilizaba un motor de combustión interna ni un reactor de avión. En su lugar, combinaba un combustible líquido, el gas natural licuado (GNL) presurizado a temperaturas criogénicas, con un oxidante también líquido, peróxido de hidrógeno de alta concentración. Al mezclarse en la cámara de combustión, generaban un empuje descomunal, estimado en más de 22.000 libras (aproximadamente 10.000 kgf). Era, literalmente, la tecnología de los cohetes espaciales aplicada a un vehículo terrestre.
Ficha Técnica del Blue Flame
| Característica | Especificación |
|---|---|
| Piloto | Gary Gabelich |
| Fecha del Récord | 23 de octubre de 1970 |
| Ubicación | Salar de Bonneville, Utah, EE. UU. |
| Motor | Motor cohete híbrido |
| Combustible / Oxidante | Gas Natural Licuado (GNL) / Peróxido de Hidrógeno |
| Empuje Máximo | Aprox. 22.000 lbf (98 kN) |
| Velocidad Oficial | 1.001,67 km/h (622,407 mph) |
| Longitud | 11,65 metros |
| Peso | Aprox. 2.950 kg |
El Día del Récord: Sal y Velocidad en Bonneville
El 23 de octubre de 1970, en el inmenso lienzo blanco del Salar de Bonneville, el piloto Gary Gabelich se preparó para hacer historia. Para que un récord de velocidad terrestre sea oficial, el vehículo debe realizar dos pasadas por un tramo medido (generalmente una milla o un kilómetro), en direcciones opuestas y en un plazo máximo de una hora. La velocidad oficial es la media de ambas pasadas.
En su primera pasada, el Blue Flame rugió sobre la sal, alcanzando una velocidad de 617,601 mph (993,934 km/h). En la segunda, Gabelich exprimió aún más el potencial de la máquina, llegando a 627,287 mph (1.009,523 km/h). La media de ambas fue de 622,407 mph, lo que se traduce en unos asombrosos 1.001,67 km/h. Por primera vez en la historia, un vehículo terrestre había superado oficialmente la barrera de los 1.000 kilómetros por hora. La hazaña fue monumental y el nombre del Blue Flame quedó grabado para siempre en los libros de historia del automovilismo.
El Legado de una Hazaña Monumental
El récord del Blue Flame fue extraordinario no solo por la cifra alcanzada, sino también por su longevidad. Se mantuvo imbatido durante casi 13 años, hasta que en 1983 el Thrust2 de Richard Noble lo superó. Sin embargo, el Blue Flame sigue siendo un icono, un símbolo de una era en la que la imaginación y la audacia no tenían límites. Demostró el potencial de combustibles alternativos y llevó la tecnología de cohetes a un terreno completamente nuevo.
Tras su retiro, el Blue Flame no fue desmantelado ni olvidado. Hoy en día, esta increíble pieza de la historia del motorsport se exhibe permanentemente en el Auto & Technik Museum de Sinsheim, Alemania, donde visitantes de todo el mundo pueden maravillarse ante la máquina que enseñó al mundo que un coche podía volar sobre la tierra a más de 1.000 km/h.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿El Blue Flame rompió la barrera del sonido?
No. Aunque su velocidad fue increíble para la época, el Blue Flame no alcanzó la velocidad del sonido (aproximadamente 1.235 km/h a nivel del mar). El primer vehículo terrestre en romper oficialmente la barrera del sonido fue el ThrustSSC en 1997, pilotado por Andy Green.
¿Quién fue Gary Gabelich?
Gary Gabelich fue un piloto estadounidense de ascendencia croata. Antes de pilotar el Blue Flame, tuvo una variada carrera que incluyó ser astronauta de prueba para la NASA y piloto de dragsters. Su valentía y habilidad fueron cruciales para controlar la inmensa potencia del Blue Flame y lograr el récord. Lamentablemente, falleció en un accidente de motocicleta en 1984.
¿Por qué se utilizó gas natural licuado?
El proyecto fue una iniciativa de la industria del gas estadounidense para demostrar que el GNL era un combustible seguro, potente y con un gran potencial tecnológico. El récord mundial de velocidad era la plataforma de marketing perfecta para enviar ese mensaje al mundo.
¿Qué hace que un motor cohete híbrido sea diferente?
A diferencia de un cohete de combustible sólido (como los propulsores de los transbordadores espaciales) o uno de combustible líquido (donde tanto el combustible como el oxidante son líquidos), un motor híbrido combina un combustible en un estado (sólido o líquido, en este caso GNL líquido) con un oxidante en otro estado (líquido, el peróxido de hidrógeno). Esto ofrece ventajas en cuanto a seguridad y control del empuje en comparación con otras tecnologías de cohetes.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a Blue Flame: El cohete que superó los 1.000 km/h puedes visitar la categoría Automovilismo.
