24/09/2018
En la turbulenta y gloriosa década de 1960, una era donde la innovación en el automovilismo deportivo rompía barreras a una velocidad vertiginosa, nació un coche que se convertiría en un ícono atemporal. No era una creación de las grandes casas italianas ni de los gigantes de Detroit, sino de la ingeniosa mente británica de Lola Cars. Hablamos del Lola T70, un prototipo que combinó la finura del diseño europeo con la fuerza bruta de los motores americanos, creando una sinfonía de velocidad y sonido que conquistó circuitos a ambos lados del Atlántico y grabó su nombre en la historia del motor.

El Origen de la Bestia: Diseño y Evolución
Lanzado en 1965 como el sucesor del Lola Mk6, el T70 fue una declaración de intenciones. Su corazón técnico era un avanzado chasis de monocasco de aluminio, una estructura ligera pero increíblemente rígida para la época que le proporcionaba una agilidad y un manejo excepcionales. Sin embargo, la verdadera genialidad del concepto de Eric Broadley, fundador de Lola, fue diseñar este chasis para albergar los enormes y potentes motores V8 americanos, principalmente de Chevrolet y Ford. Esta fusión angloamericana fue la clave de su éxito, ofreciendo un paquete equilibrado que era a la vez sofisticado y brutalmente rápido.

El T70 no fue un modelo único, sino una familia que evolucionó para adaptarse a diferentes desafíos. Se construyeron más de 100 ejemplares en tres versiones principales:
- Mk II Spyder: La versión original, un coche de techo abierto diseñado para las carreras de sprint como las de la serie Can-Am. Su carrocería minimalista y su bajo peso lo hacían increíblemente ágil y rápido.
- Mk III Coupé: Con la vista puesta en las carreras de resistencia europeas como Le Mans y Daytona, Lola desarrolló una versión con techo cerrado. El coupé ofrecía una mejor aerodinámica para las largas rectas, crucial para alcanzar velocidades máximas superiores y ofrecer mayor comodidad al piloto en pruebas de 24 horas.
- Mk IIIB: La evolución final del coupé, que presentaba mejoras aerodinámicas y de chasis para mantenerse competitivo frente a una oposición cada vez más feroz a finales de la década.
Conquista Americana: Dominio en la Can-Am
El Lola T70 encontró su primer gran escenario en la Canadian-American Challenge Cup, más conocida como Can-Am. Esta serie era famosa por su reglamento técnico casi inexistente, lo que fomentaba la creación de algunos de los coches de carreras más potentes y salvajes de la historia. El T70 encajó a la perfección. Su debut victorioso llegó pronto, cuando Walt Hansgen ganó el Gran Premio de Monterey en Laguna Seca el 17 de octubre de 1965.
Sin embargo, fue la temporada de 1966 la que cimentó su leyenda. El binomio T70-Chevrolet se volvió prácticamente imbatible, ganando cinco de las seis carreras del campeonato. El gran John Surtees, único campeón del mundo en motociclismo y Fórmula 1, se coronó campeón de la Can-Am al volante de un T70, demostrando la supremacía del coche. Incluso Dan Gurney logró una victoria con una versión impulsada por Ford, subrayando la versatilidad del chasis. Durante un breve pero glorioso período, el T70 fue el rey indiscutible de las carreras de prototipos en Norteamérica. Su reinado en la Can-Am llegaría a su fin en 1967 con la llegada del todopoderoso McLaren M6, pero su impacto ya era imborrable.
La Batalla por la Resistencia: Daytona y los Desafíos Europeos
Mientras el T70 triunfaba en América, su historia en las carreras de resistencia europeas fue más compleja. Un cambio en el reglamento de la FIA para 1968 limitó el tamaño de los motores de los prototipos a 3.0 litros, pero introdujo una excepción para los "Sports Cars" de 5.0 litros, siempre que se hubieran producido al menos 50 unidades. Esta regla de homologación fue un salvavidas para el Lola T70 y el Ford GT40, permitiéndoles seguir compitiendo al más alto nivel.
El momento cumbre del T70 en la resistencia llegó en la prestigiosa 1969 24 Horas de Daytona. En una demostración de poder y fiabilidad, el equipo Sunoco de Roger Penske logró un histórico doblete. El Lola T70-Chevrolet de Mark Donohue y Chuck Parsons se alzó con la victoria, seguido por el coche del equipo American International Racing de Ed Leslie y Lothar Motschenbacher. Fue una victoria épica que demostró que el T70 Coupé podía vencer a los mejores en las pruebas más duras.
No obstante, la campaña europea no estuvo exenta de problemas. Los motores Chevrolet, tan fiables con la gasolina de alto octanaje (Avgas) permitida en Estados Unidos, sufrían problemas de detonación y fallos cuando se veían obligados a usar la gasolina comercial de menor octanaje disponible en Europa. Esta diferencia de combustible fue un quebradero de cabeza constante. Un intento particularmente desastroso fue la participación en Le Mans 1967 con un motor Aston Martin V8, un proyecto que, a pesar de contar con John Surtees, fracasó estrepitosamente por falta de desarrollo.
| Característica | Lola T70 Mk II Spyder | Lola T70 Mk III Coupé |
|---|---|---|
| Configuración de Carrocería | Abierta (Spyder) | Cerrada (Coupé) |
| Campeonato Principal | Can-Am Series | Campeonato Mundial de Sport Prototipos |
| Motor Típico | Chevrolet V8 | Chevrolet V8 / Ford V8 |
| Principal Fortaleza | Agilidad y potencia para carreras cortas | Aerodinámica y estabilidad para alta velocidad |
| Victoria Más Notable | Campeonato Can-Am 1966 | 24 Horas de Daytona 1969 |
Un Icono Inmortal: Cine, Récords y Legado
El impacto del Lola T70 trascendió los circuitos. Su silueta agresiva y su estruendoso motor V8 lo convirtieron en una estrella de la pantalla grande. Durante el rodaje de la legendaria película "Le Mans" de Steve McQueen, varios chasis de T70 fueron disfrazados de Porsche 917 y Ferrari 512 para filmar las espectaculares escenas de accidentes. Su versatilidad y disponibilidad lo hicieron perfecto para este rol de "doble de acción". También tuvo una aparición futurista en "THX 1138", el primer largometraje de George Lucas.

Además de sus hazañas en competición y cine, un T70 Mk IIIB estableció un récord de velocidad en tierra en Sudáfrica en 1968, alcanzando un promedio de 191.80 MPH (308.67 km/h) en dos pasadas. Hoy en día, el Lola T70 es una pieza codiciada y una presencia constante en las carreras de coches históricos. Gracias a componentes modernos y combustibles de alta calidad, los problemas de fiabilidad de antaño han desaparecido, permitiendo a una nueva generación de aficionados disfrutar de la vista y el sonido de esta máquina en su máximo esplendor.
Preguntas Frecuentes sobre el Lola T70
¿Por qué el Lola T70 tuvo tanto éxito en Norteamérica?
Su éxito se debió a la combinación perfecta de un chasis británico ligero y ágil con un motor V8 americano potente, fiable (con el combustible adecuado) y relativamente barato. Esta fórmula era ideal para los circuitos y el reglamento de la serie Can-Am.
¿Cuál fue la victoria más importante del Lola T70?
Aunque su dominio en la Can-Am fue impresionante, su victoria más prestigiosa fue sin duda el doblete en las 24 Horas de Daytona de 1969. Ganar una de las carreras de resistencia más importantes del mundo consolidó su estatus de leyenda.
¿Qué pasó con la compañía Lola Cars?
Lola Cars International cesó su actividad comercial en octubre de 2012 tras no encontrar un comprador. Sin embargo, la marca no desapareció. En 2022, el empresario y piloto Till Bechtolsheimer adquirió los activos, la marca y el centro técnico de Lola, con la ambición de revivir la compañía. Recientemente, han anunciado su entrada en la Fórmula E, marcando el regreso del histórico nombre a la competición de primer nivel.
¿Siguen compitiendo los Lola T70 hoy en día?
Sí, son extremadamente populares en el circuito de carreras históricas en todo el mundo. Eventos como el Goodwood Revival o las Le Mans Classic suelen contar con parrillas llenas de estos coches, que siguen siendo tan espectaculares y rápidos como en los años 60.
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