28/05/2023
El fin de semana del 13 y 14 de junio de 1970 quedó grabado a fuego en la historia del automovilismo. Bajo un cielo plomizo que descargaba una lluvia incesante sobre el circuito de La Sarthe, se gestó una de las victorias más significativas y anheladas en las carreras de resistencia. No fue solo el triunfo de un coche o de dos pilotos; fue la culminación de un proyecto audaz, arriesgado y brillante. Fue el día en que Porsche, tras años de victorias en su clase, finalmente conquistó la cima absoluta de las 24 Horas de Le Mans. El protagonista de esta hazaña no fue otro que el legendario Porsche 917K, un coche que nació de un desafío reglamentario y se convirtió en un ícono inmortal del motorsport.

Un Nacimiento Forzado por el Reglamento
La historia del Porsche 917 comienza con un cambio de reglas. A finales de los años 60, la Commission Sportive Internationale (CSI), el brazo deportivo de la FIA, buscaba reducir las velocidades extremas que alcanzaban los prototipos en circuitos como Le Mans. Para ello, limitó la cilindrada de los motores de los prototipos del Grupo 6 a 3.0 litros. Sin embargo, conscientes de que pocos fabricantes podrían desarrollar un motor competitivo de inmediato, abrieron una puerta trasera: crearon una nueva categoría de "Coches Deportivos" (Grupo 4) con motores de hasta 5.0 litros. La condición era draconiana: para homologar un coche en esta categoría, el fabricante debía construir y vender un mínimo de 25 unidades. Era una apuesta financiera enorme, diseñada para grandes fabricantes como Ford o Ferrari.

Porsche, en ese momento, ya estaba desarrollando su exitoso prototipo 908 con un motor de 3.0 litros. Sin embargo, bajo el liderazgo del ambicioso Ferdinand Piëch, decidieron aceptar el desafío del Grupo 4. En un esfuerzo titánico que puso a prueba los recursos de la compañía, Porsche diseñó, desarrolló y construyó las 25 unidades del 917 en menos de un año. En marzo de 1969, para asombro de los inspectores de la FIA y de todo el mundo del motor, 25 flamantes Porsche 917 estaban alineados en el patio de la fábrica, listos para su homologación. El órdago estaba sobre la mesa.
El Corazón de la Bestia: El Motor Flat-12
El alma del 917 era su motor, una obra maestra de ingeniería firmada por el legendario Hans Mezger. Para reducir costes y tiempo de desarrollo, Mezger basó su diseño en la unión de dos motores de seis cilindros del Porsche 911, pero el resultado fue mucho más que una simple suma de partes. Se trataba de un motor de 12 cilindros opuestos (bóxer) de 4.5 litros, refrigerado por aire, con un ventilador de refrigeración vertical gigante en el centro que le daba un sonido absolutamente único y aterrador. En su versión inicial de 1969, producía unos impresionantes 580 caballos de fuerza. Con el tiempo, la cilindrada y la potencia aumentarían, llegando a superar los 630 CV en versiones posteriores, pero ya desde su concepción, era un propulsor formidable que se convertiría en uno de los rasgos más definitorios del coche.
De "Inconducible" a Dominante: La Creación del 917K
Si bien el motor fue un éxito inmediato, el chasis y la aerodinámica del 917 original eran un desastre. El coche, en su primera versión de "cola larga" (Langheck), era terriblemente inestable a altas velocidades. Los pilotos de fábrica se quejaban de que el coche se sentía ligero y errático, especialmente en la larguísima recta de Mulsanne. Era tan peligroso que algunos se negaron a conducirlo. El reto de Porsche no era solo tener un coche potente, sino hacerlo controlable.
La solución llegó de la mano del equipo John Wyer Automotive Engineering, que se convirtió en el equipo de fábrica semioficial. Sus ingenieros descubrieron que la carrocería trasera generaba sustentación en lugar de carga aerodinámica. La solución fue radical: cortaron la cola, creando una zaga más corta, elevada y abrupta. Este nuevo diseño, apodado "Kurzheck" (cola corta) o simplemente "917K", transformó al coche. De la noche a la mañana, el patito feo se convirtió en un cisne de carreras, una máquina estable, predecible y devastadoramente rápida. El 917K debutó en competición en las 24 Horas de Daytona de 1970 con un doblete incontestable, anunciando al mundo que la era de su dominio había comenzado.
La Conquista de Le Mans 1970: Lluvia, Desgaste y Gloria
Porsche llegó a Le Mans en 1970 como el gran favorito, pero la carrera más grande del mundo nunca es predecible. Ese año, el clima jugó un papel protagonista, con una lluvia torrencial que convirtió la pista en una trampa mortal. La carrera se convirtió en una batalla por la supervivencia.
El Porsche 917K con el dorsal #23, inscrito por el equipo Porsche Salzburg y pintado con los colores de la bandera de Austria, estaba pilotado por una dupla singular: el veterano alemán Hans Herrmann y el británico Richard Attwood. Herrmann, a sus 42 años, había prometido a su esposa que se retiraría del automovilismo si finalmente ganaba Le Mans, una carrera que se le había escapado por apenas 120 metros el año anterior. Attwood, por su parte, era conocido por su conducción suave y cerebral, ideal para las condiciones traicioneras.
Mientras muchos de sus rivales, incluidos otros potentes 917 y los Ferrari 512 S, sucumbían a accidentes y fallos mecánicos provocados por la lluvia, el coche #23 mantuvo un ritmo constante y seguro. Herrmann y Attwood evitaron los problemas, cuidaron la mecánica y avanzaron posiciones a medida que la carrera se cobraba víctimas. Al final de 24 horas agotadoras, en las que solo siete coches lograron clasificarse oficialmente, el Porsche 917K rojo y blanco cruzó la línea de meta en primer lugar. Fue una victoria histórica, la primera absoluta para Porsche en Le Mans. Para redondear la hazaña, otro 917 (el "hippie" de cola larga) y un 908 completaron un podio íntegramente de Porsche.
Comparativa de Rivales (1970)
| Característica | Porsche 917K | Ferrari 512 S |
|---|---|---|
| Motor | 12 cilindros Bóxer 4.5L | 12 cilindros en V 5.0L |
| Potencia (aprox.) | 580 CV | 550 CV |
| Peso (aprox.) | 800 kg | 840 kg |
| Chasis | Multitubular de aluminio | Semimonocasco de acero |
Un Legado que Trasciende las Pistas
La victoria de 1970 fue solo el comienzo. El Porsche 917, especialmente en su versión K y con los icónicos colores de Gulf, dominó el Campeonato Mundial de Marcas en 1970 y 1971, ganando de nuevo en Le Mans ese último año. Su leyenda, sin embargo, fue más allá de los circuitos. En 1971, el coche se convirtió en una estrella de Hollywood, coprotagonizando junto a Steve McQueen la película "Le Mans", una cinta que capturó como ninguna otra la velocidad y el peligro de la época y que convirtió al 917 en un icono cultural.
Incluso después de que los cambios de reglamento lo dejaran fuera del campeonato de resistencia europeo, el 917 encontró una segunda vida en la serie Can-Am norteamericana. Con la adición de dos turbocompresores, sus versiones 917/10 y 917/30 "Turbo Panzer" superaron los 1.100 caballos de fuerza, convirtiéndose en los coches de carreras más potentes jamás vistos y dominando de forma tan aplastante que, en cierto modo, contribuyeron al declive de la popularidad de la propia competición. El Porsche 917 no fue solo un coche ganador; fue un prototipo que redefinió los límites de la tecnología y el rendimiento en el automovilismo.
Preguntas Frecuentes sobre el Porsche 917 en Le Mans 1970
- ¿Quiénes fueron los pilotos ganadores de las 24 Horas de Le Mans en 1970?
- Los pilotos ganadores fueron el alemán Hans Herrmann y el británico Richard Attwood, al volante del Porsche 917K #23 del equipo Porsche Salzburg.
- ¿Qué motor tenía el Porsche 917K?
- El 917K estaba propulsado por un motor de 12 cilindros opuestos (bóxer) de 4.5 litros, refrigerado por aire y diseñado por Hans Mezger, que producía aproximadamente 580 caballos de fuerza.
- ¿Por qué es tan famoso el Porsche 917?
- Es famoso por varias razones: fue el coche que le dio a Porsche su primera victoria absoluta en Le Mans, dominó el Campeonato Mundial de Marcas, poseía una tecnología y potencia revolucionarias para su época, y fue inmortalizado en la película "Le Mans" de Steve McQueen.
- ¿Qué significa la "K" en Porsche 917K?
- La "K" es la abreviatura de "Kurzheck", que en alemán significa "cola corta". Este diseño aerodinámico trasero fue crucial para solucionar los problemas de inestabilidad del modelo original y convertirlo en un coche ganador.
La victoria del Porsche 917K en 1970 no fue un simple resultado en una carrera. Fue la confirmación de una filosofía, la recompensa a una apuesta arriesgada y el primer capítulo de una de las dinastías más exitosas en la historia del deporte motor. Aquel coche rojo y blanco, deslizándose bajo la lluvia hacia la gloria, no solo cumplió el sueño de Hans Herrmann, sino que cimentó para siempre la leyenda de Porsche en el Olimpo de la resistencia.
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