What was the McLaren in 1980 F1?

Porsche 959: El Rey de 1986 y su Motor Trasero

01/12/2024

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El año 1986 representa un punto de inflexión en la historia del automovilismo. Fue una época de excesos, de potencia desmedida y de innovación tecnológica sin precedentes. En la Fórmula 1, los motores turbo superaban los 1.300 caballos de fuerza en clasificación, mientras que en los tramos de rally, los monstruos del Grupo B desafiaban la muerte en cada curva. En este contexto de brutalidad mecánica, surge una pregunta: ¿cuál fue el coche de producción más rápido de 1986? La respuesta, aunque debatible, apunta con fuerza a una máquina que fue mucho más que un coche rápido: fue un laboratorio sobre ruedas, una declaración de intenciones y la culminación de una filosofía de ingeniería única. Hablamos del legendario Porsche 959.

Índice de Contenido

La Batalla por la Supremacía en los Años 80

Para entender la magnitud del Porsche 959, es crucial situarse en su época. Los fabricantes no solo competían en los circuitos, sino también en las portadas de las revistas y en los sueños de los aficionados. Lamborghini tenía su Countach, un icono de diseño y potencia bruta. Ferrari estaba gestando el que sería su respuesta directa, el F40, aunque no vería la luz hasta 1987. El objetivo era claro: crear el superdeportivo definitivo, el coche de calle más veloz del planeta.

What engine did McLaren use in 1987?
Designed by Gordon Murray and Steve Nichols, the MP4/3 was McLaren's Formula 1 contender for the 1987 season. Engine: TAG-Porsche 1.5L twin-turbo V6.

Porsche, sin embargo, tomó un camino diferente. Su objetivo no era solo la velocidad punta, sino la usabilidad y el dominio tecnológico. El proyecto 959 nació originalmente como un vehículo de homologación para competir en el Grupo B de rally, una categoría que exigía la producción de al menos 200 unidades de calle. Esto obligó a los ingenieros de Stuttgart a crear un coche que no solo fuera rápido en un circuito perfecto, sino también capaz de enfrentarse a cualquier superficie y condición climática, una filosofía que definiría su carácter.

Porsche 959: El Coche del Futuro, en 1986

Cuando el Porsche 959 llegó al mercado, parecía ciencia ficción. Su ficha técnica era apabullante y dejaba en evidencia a casi todos sus contemporáneos. Estaba impulsado por un motor bóxer de seis cilindros y 2.85 litros, derivado de los coches de competición de la marca. Pero la clave estaba en su sistema de sobrealimentación: dos turbocompresores secuenciales. A bajas revoluciones, solo funcionaba un turbo pequeño para una respuesta inmediata, eliminando el famoso "turbo-lag". A medida que subían las vueltas, entraba en acción un segundo turbo más grande para entregar una potencia descomunal. El resultado eran 450 caballos de fuerza y una aceleración fulminante.

Pero la potencia era solo una parte de la ecuación. La verdadera revolución del 959 estaba en su chasis y transmisión:

  • Tracción Total Inteligente (PSK): El sistema Porsche-Steuer Kupplung era el más avanzado del mundo. Contaba con un embrague multidisco controlado electrónicamente que podía variar el reparto de par entre el eje delantero y trasero de forma activa. En condiciones normales, enviaba el 80% de la fuerza atrás para un comportamiento de deportivo clásico, pero podía llegar a un reparto 50/50 si detectaba pérdida de adherencia.
  • Suspensión Activa: El coche permitía ajustar la altura y la dureza de la suspensión desde el interior, adaptándose al tipo de conducción o al estado de la carretera.
  • Aerodinámica y Materiales: La carrocería, aunque recordaba a un 911, era completamente nueva. Estaba fabricada en una mezcla de aluminio y materiales compuestos como el Kevlar y el Nomex para mantener el peso a raya, y su diseño de fondo plano generaba carga aerodinámica sin necesidad de alerones extravagantes.

Con esta carta de presentación, el 959 alcanzaba los 317 km/h, convirtiéndose en el coche de producción más rápido del mundo en su lanzamiento. Pero más importante que la cifra en sí, era la forma en que la entregaba: con una estabilidad y una confianza impensables para un superdeportivo de la época.

El Corazón en la Zaga: ¿Por Qué el Motor Trasero del 911?

Para entender el 959, hay que entender al 911. Y para entender al 911, es ineludible hablar de su configuración más icónica y controvertida: el motor trasero. Durante más de 60 años, Porsche ha mantenido el motor colgado por detrás del eje posterior, una solución que a priori desafía la lógica de la distribución de pesos ideal.

Esta decisión no fue un capricho, sino una herencia directa del Volkswagen Escarabajo, diseñado por Ferdinand Porsche. Esta configuración presentaba ventajas claras en sus inicios:

  1. Tracción Superior: Colocar el peso del motor directamente sobre las ruedas motrices (las traseras) garantizaba una capacidad de tracción excepcional al acelerar, algo muy útil en superficies de baja adherencia.
  2. Eficiencia de Espacio: Permitía un habitáculo relativamente espacioso para un coche deportivo y liberaba el frontal para un maletero y una dirección más directa y comunicativa al no tener el peso del motor sobre las ruedas delanteras.
  3. Simplicidad Mecánica: La unión del motor y la transmisión en un solo bloque trasero simplificaba la construcción.

Sin embargo, esta configuración también traía consigo un desafío monumental: la tendencia al sobreviraje. Con la mayor parte de la masa en la parte trasera, el coche se comportaba como un péndulo. Al entrar en una curva, si el conductor levantaba el pie del acelerador bruscamente, el peso se desplazaba hacia adelante, la trasera se aligeraba y podía sobrevenir un derrape violento y difícil de controlar. Durante décadas, domar un 911 al límite era una prueba de habilidad y coraje.

Lejos de abandonar su filosofía, los ingenieros de Porsche abrazaron el desafío. Década tras década, trabajaron incansablemente para mitigar los inconvenientes y potenciar las ventajas del motor trasero. Aumentaron el ancho de los neumáticos traseros, perfeccionaron la geometría de las suspensiones, introdujeron alerones para generar carga aerodinámica y, finalmente, con la llegada de la electrónica, sistemas como el control de estabilidad (PSM) convirtieron lo que era un reto en una seña de identidad. El 959, con su tracción total inteligente, fue el primer gran salto cuántico en este proceso de domesticación, demostrando que la tecnología podía convertir un aparente defecto en una ventaja competitiva.

Tabla Comparativa: Titanes de una Era

CaracterísticaPorsche 959 (1986)Ferrari F40 (1987)
Motor2.85L Bóxer 6 cilindros Bi-Turbo Secuencial2.9L V8 Bi-Turbo Paralelo
Potencia450 CV478 CV
Velocidad Máxima317 km/h324 km/h
TracciónTotal Inteligente (AWD)Trasera (RWD)
FilosofíaSuperdeportivo tecnológico y usableCoche de carreras para la calle, puro y radical

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Por qué Porsche sigue usando el motor trasero en el 911 actual?

Porque se ha convertido en el alma y el carácter del coche. Lo que una vez fue un desafío de ingeniería es ahora su mayor fortaleza. Los ingenieros han perfeccionado tanto la fórmula con la ayuda de la tecnología (suspensiones activas, eje trasero direccional, control de estabilidad avanzado) que el coche ofrece una experiencia de conducción única, combinando una tracción brutal con una agilidad sorprendente.

¿Fue el Porsche 959 un éxito comercial?

Desde un punto de vista puramente financiero, no. Se dice que Porsche perdió una cantidad significativa de dinero en cada una de las aproximadamente 292 unidades vendidas de la versión "Komfort". El coste de desarrollo fue tan astronómico que el precio de venta no llegaba a cubrirlo. Sin embargo, como ejercicio de marketing y como laboratorio tecnológico, fue un éxito rotundo que cimentó la reputación de Porsche como líder en ingeniería para las décadas venideras.

Además de la velocidad, ¿qué otro hito logró el 959?

Demostró su increíble robustez y versatilidad ganando la prueba más dura del mundo: el Rally París-Dakar de 1986. Tres Porsche 959 especialmente preparados para la competición ocuparon el primer, segundo y sexto puesto, un logro impensable para un superdeportivo y la prueba definitiva de que su avanzada tecnología funcionaba en las peores condiciones imaginables.

En conclusión, el Porsche 959 fue mucho más que el coche más rápido de 1986. Fue la respuesta definitiva a la pregunta de cómo llevar la filosofía del motor trasero al siglo XXI. Fue un escaparate tecnológico que anticipó muchas de las soluciones que hoy son estándar en los coches de altas prestaciones. Y, sobre todo, fue la demostración de que la perseverancia en una idea, por muy desafiante que parezca, puede dar como resultado no solo una máquina legendaria, sino la consolidación de un icono del automovilismo.

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