30/05/2026
En los anales del automovilismo y de toda competición de alta velocidad, existen momentos que desafían la lógica, finales que rompen todos los guiones y que se graban a fuego en la memoria colectiva. Historias de victorias aplastantes, de remontadas épicas y, también, de derrotas inexplicables. El Grand National de 1956 en el legendario circuito de Aintree pertenece a esta última categoría. Fue una carrera que no se recuerda tanto por su ganador, E.S.B., sino por el dramático y surrealista colapso de su rival, Devon Loch, cuando la gloria era suya. Un evento que, por su crudeza y misterio, podría compararse con la falla de motor más cruel en la última vuelta de un Gran Premio de Fórmula 1.

El Escenario: Aintree, un Desafío Monumental
Para entender la magnitud de lo ocurrido, primero hay que comprender el escenario. El Grand National no es una carrera cualquiera; es el equivalente a correr las 24 Horas de Le Mans, el Rally Dakar y el Gran Premio de Mónaco en un solo evento. Un trazado de steeplechase en Aintree, Liverpool, conocido por sus obstáculos formidables y su capacidad para destrozar sueños. Cada salto, como Becher's Brook o The Chair, es una prueba de fuego para caballo y jinete, donde un mínimo error se paga con la eliminación. En 1956, un total de veintinueve valientes se alinearon en la parrilla de salida, cada uno con la esperanza de conquistar el Olimpo de las carreras.

Los Protagonistas de un Duelo Inmortal
Toda gran historia necesita sus personajes principales, y la de 1956 tuvo dos que no podrían haber sido más distintos.
Devon Loch: El Favorito de la Realeza
En una esquina, teníamos al claro favorito, el monoplaza dominante de la temporada: Devon Loch. Este caballo no era un competidor más; pertenecía a la Reina Madre Isabel, lo que le confería un aura de nobleza y una presión mediática inmensa. Montado por el talentoso jinete y futuro escritor de éxito Dick Francis, y entrenado por Peter Cazalet, Devon Loch había demostrado una forma espectacular. Durante la carrera, su rendimiento fue impecable. Navegó por los traicioneros obstáculos de Aintree con la precisión de un campeón, distanciándose de sus rivales con una autoridad pasmosa. A medida que la carrera se acercaba a su fin, su victoria no era una posibilidad, era una certeza.
E.S.B.: El Underdog que Esperaba su Oportunidad
En la otra esquina, con cuotas de 100/7 en las casas de apuestas, se encontraba E.S.B., un bayo oscuro criado en Irlanda. Para el equipo del entrenador Fred Rimell y el jinete Dave Dick, la victoria parecía una quimera. E.S.B. era un competidor sólido, un coche de media tabla fiable, pero carecía del brillo y la fama de su rival. Su carrera fue una de supervivencia y consistencia. Mientras otros caían, él se mantenía firme, avanzando posiciones sin hacer mucho ruido, esperando un milagro, un golpe de suerte, un fallo de fiabilidad en el líder. Lo que no sabía es que estaba a punto de presenciar el fallo más inesperado de la historia.
La Recta Final: Crónica de un Desastre Inexplicable
La carrera entraba en su fase final. Devon Loch, tras superar el último obstáculo, enfiló la larga recta de Aintree. La multitud rugía, celebrando por adelantado la victoria de la realeza. La ventaja era abrumadora, de unos cinco cuerpos, una distancia insalvable a tan pocos metros del final. Dick Francis, su jinete, solo tenía que mantener el ritmo para cruzar la línea de meta y entrar en la historia.
Y entonces, ocurrió lo impensable. A solo cuarenta yardas de la victoria, sin ningún obstáculo por delante, Devon Loch realizó un movimiento que aún hoy sigue siendo objeto de debate. De repente, se estiró, sus patas traseras se agarrotaron y su vientre impactó contra el césped en un colapso total. Se desplomó como si un francotirador invisible le hubiera disparado. El silencio se apoderó de Aintree. La incredulidad era total. Mientras Dick Francis intentaba, en vano, hacer que su montura se levantara, una figura emergía a lo lejos: era E.S.B. y Dave Dick, que no podían creer lo que veían. Sin oposición, superaron al caído favorito y cruzaron la línea de meta como los vencedores más improbables que se recuerdan. La victoria fue suya, pero la historia pertenecería para siempre al drama de Devon Loch.
| Característica | Devon Loch | E.S.B. |
|---|---|---|
| Propietario | Reina Madre Isabel | Sheila Bourke |
| Entrenador | Peter Cazalet | Fred Rimell |
| Jinete | Dick Francis | Dave Dick |
| Expectativas Previas | Favorito absoluto para la victoria | Sorpresa (Apuestas 100/7) |
| Resultado Final | No finalizó (Colapso a 40 yardas de la meta) | Ganador |
El Gran Misterio: ¿Qué le Pasó Realmente a Devon Loch?
El misterio sobre la causa del colapso de Devon Loch nunca se ha resuelto del todo, alimentando décadas de especulaciones. Se han barajado múltiples teorías, cada una con sus defensores y detractores:
- El Rugido de la Multitud: La teoría más popular sugiere que el estruendo ensordecedor de los casi 250,000 espectadores, celebrando su inminente victoria, asustó al caballo. En un acto reflejo, intentó saltar un obstáculo imaginario, lo que provocó que sus músculos se bloquearan.
- La Sombra del Obstáculo: Otra hipótesis plausible es que Devon Loch vio la sombra del 'Water Jump', un salto de agua que se encuentra en un carril paralelo al de la llegada. Pudo haber confundido la sombra con una valla real e intentado saltarla instintivamente.
- Un Calambre Muscular: El esfuerzo extremo de una carrera tan exigente pudo haberle pasado factura en el último momento. Un calambre severo y repentino en sus cuartos traseros explicaría el bloqueo y la caída.
- Celebración Prematura: El propio jinete, Dick Francis, especuló con que, al escuchar el griterío, el caballo pudo haber interpretado que la carrera ya había terminado, intentando detenerse bruscamente.
Nunca se sabrá con certeza. Lo único claro es que este incidente convirtió a Devon Loch en el perdedor más famoso de la historia, un símbolo de cómo la victoria nunca está garantizada hasta que se cruza la línea de meta.
El Legado del Ganador Olvidado y su Entrenador
Aunque la historia se centre en el drama del perdedor, no se debe olvidar el mérito de E.S.B. y su equipo. Su victoria, aunque circunstancial, fue el resultado de la perseverancia y de mantenerse en la lucha hasta el final. Para el entrenador Fred Rimell, este triunfo fue el primero de cuatro en el Grand National, un logro que lo consagraría como una leyenda de la disciplina. Volvería a ganar con Nicolaus Silver (1961), Gay Trip (1970) y Rag Trade (1976), demostrando que su éxito no fue fruto de la casualidad.
La carrera de 1956 sigue siendo un recordatorio brutal y fascinante de la naturaleza impredecible del deporte. Nos enseña que, por más dominante que sea un competidor, por más perfecta que sea su estrategia, siempre existe una variable desconocida, un giro del destino capaz de cambiarlo todo en una fracción de segundo.
Preguntas Frecuentes sobre el Grand National de 1956
¿Quién ganó realmente el Grand National de 1956?
El ganador oficial fue el caballo E.S.B., montado por el jinete Dave Dick y entrenado por Fred Rimell. Se benefició del sorprendente colapso del líder, Devon Loch, a pocos metros de la línea de meta.
¿Por qué es tan famoso el colapso de Devon Loch?
Es famoso por lo inexplicable y dramático del suceso. Lideraba cómodamente, la victoria era segura y era propiedad de la Reina Madre. Su caída a tan solo 36 metros del final, sin una causa clara, lo convirtió en uno de los momentos más impactantes y misteriosos de la historia deportiva.
¿Hubo alguna lesión grave para Devon Loch o su jinete?
Afortunadamente, ni el caballo Devon Loch ni su jinete, Dick Francis, sufrieron lesiones graves en el incidente. La principal herida fue la emocional y la de perder una victoria que ya acariciaban.
¿Qué dijo la Reina Madre tras la carrera?
La reacción de la Reina Madre fue de una elegancia notable. Tras presenciar el desastre, se dice que simplemente comentó: "Oh, that's racing" ("Oh, así son las carreras"), aceptando el cruel giro del destino con una compostura admirable.
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