21/07/2019
En el universo del espectáculo argentino, el apellido Yankelevich es sinónimo de televisión, teatro y éxito masivo. Sin embargo, una nueva generación está redefiniendo su legado, no bajo las luces de un estudio, sino bajo el sol abrasador de los autódromos. Valentín Yankelevich, hijo de la inolvidable Romina Yan y nieto de los icónicos Cris Morena y Gustavo Yankelevich, ha decidido cambiar el guion familiar. A sus 22 años, su pasión no se encuentra en las artes escénicas, sino en la adrenalina pura del automovilismo, donde busca escribir su propia historia a base de velocidad, talento y una determinación de acero en el competitivo mundo del TC2000.

Un Camino Inesperado: De los Estudios de TV a los Circuitos
Mientras que la mayoría de los niños de su entorno crecían entre cámaras y libretos, la fascinación de Valentín se dirigía hacia los motores y la velocidad. A diferencia de lo que muchos podrían pensar, esta pasión no fue una herencia directa, sino un llamado personal y genuino. “La pasión creo que viene de chico. Normalmente alguien te la inculca, pero en este caso es 100 por ciento mía”, confiesa el joven piloto. El germen de su vocación se plantó en la infancia, con un regalo de su abuelo Gustavo que marcaría su destino: un cuatriciclo. “No me bajaba. Me tenían que llamar para que vaya a cenar porque estaba todo el día dando vueltas. Creo que ahí nació”, recuerda entre risas.

A pesar de haber transitado los pasillos de los canales de televisión y los teatros, acompañando a su madre, abuela y abuelo, el mundo del espectáculo no logró capturarlo. Su familia, lejos de imponerle un camino, le brindó el apoyo fundamental para que explorara su verdadera vocación. “Por suerte, siempre nos dieron la libertad de volar y de decidir qué nos gusta hacer y qué nos hace felices. Y ahí fue, de a poco, caí en el automovilismo”, explica. Esta decisión lo llevó a romper con una tradición de cuatro generaciones ligadas a los medios, para calzarse el casco y enfrentar el desafío del asfalto.
El Peso y el Orgullo del Apellido Yankelevich
Llevar un apellido de tanto renombre conlleva una dualidad inevitable: abre puertas, pero también enciende los reflectores de la crítica y la exigencia. Valentín es consciente de ello y lo afronta con una madurez admirable. No reniega de su origen; al contrario, lo lleva con orgullo. “Para mí es un orgullo pertenecer a la familia que pertenezco”, afirma con contundencia. Ante los comentarios en redes sociales que a menudo intentan desacreditarlo atribuyendo su presencia en las pistas a su linaje, su respuesta es clara: “Sí, obvio, soy el hijo. Y orgulloso. Aparte, hago mi carrera, me dedico a otra cosa, no me molesta”.
Entiende que en la pista, el apellido se desvanece en la estela del auto. A más de 200 kilómetros por hora, no hay guion que valga, solo la pericia del piloto. Esta realidad lo ha fortalecido, enseñándole a enfocarse en lo que verdaderamente importa: el trabajo duro. Su abuelo Gustavo le inculcó un mantra que Valentín ha hecho propio: “Vos podés tener más talento que cualquiera, pero si esa otra persona se esfuerza un 10% más que vos, aunque tengas el doble de talento, quédate tranquilo que él va a estar en el lugar que vos querés estar. El esfuerzo no se negocia y el respeto no se negocia”. Esta filosofía es el motor que lo impulsa a entrenar cada día, demostrando que su lugar en la parrilla de salida se lo ha ganado a pulso.
Forjando un Piloto: Competitividad y Sueños en el Asfalto
La competitividad corre por las venas de Valentín, un rasgo que él mismo admite haber heredado de sus abuelos, a quienes describe como “tiburones”. Esa hambre de victoria es palpable en su actitud. Tras un fin de semana exitoso en Termas de Río Hondo, con un segundo y un quinto puesto, su autoexigencia salía a flote: “Preguntame si estaba contento... Mi novia me decía: ‘Vos tenés que estar contento’... Sí, pero salí segundo, y después llegué quinto”. Esta mentalidad, aunque a veces frustrante, es la que define a los grandes deportistas.

Consciente de que arrancó “grande” en el automovilismo en comparación con pilotos que inician en el karting desde niños, su enfoque es realista pero ambicioso. Su gran sueño es simple y poderoso: poder vivir del automovilismo. No se obsesiona con la Fórmula 1, pues entiende el camino casi imposible que requiere. En cambio, se concentra en aprender y crecer en el TC2000, una de las categorías más prestigiosas de Argentina. En este proceso, su abuelo Gustavo juega un rol de mentor, aconsejándole tomarse este año como una experiencia de aprendizaje: “Vos tenés que terminar, no te preocupes. Vos terminá, andá a por lo gris, no te preocupes del puesto”.
La Presencia Eterna de Romina Yan en Cada Curva
El capítulo más emotivo y profundo en la vida de Valentín es, sin duda, la ausencia de su madre, Romina Yan, quien falleció cuando él tenía solo siete años. Hablar de ella lo conmueve, pero también revela una conexión espiritual que trasciende el plano físico. “Fue muy duro. Ella fue una gran madre muy presente y muy amorosa”, recuerda. Valentín ha aprendido a convivir con ese dolor, transformándolo en una fuerza que lo ha hecho madurar y ser, según sus propias palabras, “mejor persona”.
Siente la presencia de su madre constantemente, a través de lo que él llama señales. “Estoy y siempre estuve muy abierto a esas señales”, confiesa. Relata cómo, en momentos de tristeza, una canción específica que le recuerda a ella puede sonar de repente en la radio, o cómo se cruza con personas en la calle que lo reconocen y le hablan del amor que sentían por Romina. “Yo sé que es ella la que me está cruzando con esa persona”, interpreta. Lejos de ser una carga, el recuerdo de su madre es un faro. El detalle más conmovedor es el número que lleva en su auto: el 5, elegido en honor al día de cumpleaños de Romina, el 5 de septiembre. Con ese número en su coche, cada carrera es un homenaje, una forma de llevarla con él en su máxima pasión.
Principales Figuras del TC2000 (Campeonato Parcial)
Valentín Yankelevich compite en una categoría repleta de talento y experiencia. A continuación, una tabla con algunos de los pilotos destacados que lideraban el campeonato en un punto de la temporada:
| Posición | Piloto | Puntos |
|---|---|---|
| 1° | Matías Rossi | 193 |
| 2° | Emiliano Stang | 176 |
| 3° | Franco Vivian | 144 |
| 4° | Leonel Pernia | 120 |
Nota: Las posiciones y puntos son representativos de un momento de la temporada y están sujetos a cambios carrera tras carrera.
Preguntas Frecuentes sobre Valentín Yankelevich
¿Quién es Valentín Yankelevich?
Valentín Yankelevich es un piloto profesional de automovilismo argentino. Es conocido por ser el hijo de la recordada actriz Romina Yan y el nieto de los productores Cris Morena y Gustavo Yankelevich.

¿En qué categoría de automovilismo corre Valentín Yankelevich?
Actualmente, compite en el TC2000, una de las categorías de turismos más importantes y competitivas de Argentina.
¿Por qué Valentín Yankelevich eligió el automovilismo y no la actuación?
Según sus propias palabras, su pasión por los autos y la velocidad nació en su infancia de forma personal. Aunque probó el mundo del espectáculo, se sintió más feliz y realizado persiguiendo su sueño en las pistas de carreras, decisión que su familia apoyó por completo.
¿Qué significa el número 5 en el auto de Valentín Yankelevich?
El número 5 es un homenaje a su madre, Romina Yan. Ella nació un 5 de septiembre, y llevar ese número en su auto es una forma de sentirla presente en cada competencia.
Con un futuro prometedor por delante y una historia de vida que inspira, Valentín Yankelevich acelera a fondo. No solo persigue banderas a cuadros, sino que también construye un camino propio, honrando su pasado pero con la vista fija en el horizonte. Un horizonte donde el apellido Yankelevich también será recordado por la velocidad y la pasión sobre cuatro ruedas.
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