¿Por qué es conocido Norman McLaren?

Norman McLaren: El Genio que Dibujó sobre el Cine

01/06/2021

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En el vasto universo del cine, existen figuras cuyo impacto trasciende la pantalla, redefiniendo los límites de lo posible y dejando una huella imborrable para las generaciones futuras. Norman McLaren es, sin duda, una de estas figuras. Este cineasta y animador de origen escocés no solo dirigió películas; esculpió, pintó y danzó directamente sobre el celuloide, convirtiéndose en un pionero absoluto cuyas técnicas experimentales abrieron nuevos mundos de expresión artística. Su carrera, galardonada con los premios más prestigiosos del mundo, desde un Oscar hasta la Palma de Oro, es un testimonio de una creatividad sin barreras, una curiosidad insaciable y una dedicación total a la exploración del movimiento y el sonido.

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Índice de Contenido

Los Primeros Trazos de un Genio en Escocia

Nacido en Stirling, Escocia, el 11 de abril de 1914, Norman McLaren mostró desde joven una inclinación por el arte que lo llevaría a la prestigiosa Glasgow School of Art. Sin embargo, su camino no sería el de un artista convencional. En una época donde el acceso a equipos de filmación era un lujo, la limitación se convirtió en su mayor catalizador para la innovación. Sus primeros experimentos cinematográficos se realizaron sin siquiera usar una cámara. McLaren tomaba rollos de película virgen o en desuso y trabajaba directamente sobre ellos, rascando, grabando y pintando fotograma por fotograma para crear imágenes en movimiento. Esta aproximación artesanal y directa al medio sentó las bases de su filosofía artística: el cineasta como un artista en control total de cada elemento de su creación.

¿Por qué es conocido Norman McLaren?
Mejor conocido como director de películas de animación , Norman McLaren fue un pionero e innovador a lo largo de su dilatada y distinguida carrera. Entre sus muchos logros, desarrolló nuevas formas de concebir la animación, incluyendo la animación dibujada a mano, la animación sobre película, la pixelación y el sonido gráfico.

No fue hasta 1933 que pudo plasmar sus ideas en un filme propiamente dicho, titulado Seven til Five, una crónica de un día en la escuela de arte. La adquisición de una cámara Cine-Kodak le permitió llevar sus exploraciones más allá, resultando en Camera Makes Whoopee (1935). Esta obra más elaborada ya mostraba su fascinación por los trucos visuales, los movimientos rítmicos y las tomas especializadas. Ambos cortometrajes, aunque amateurs, no pasaron desapercibidos y recibieron premios en el Scottish Amateur Film Festival, anunciando la llegada de un talento único.

El Salto Profesional: La Unidad de Cine del GPO

El trabajo inusual y vanguardista de McLaren llamó la atención de una de las figuras más influyentes del cine documental: John Grierson. En aquel entonces, Grierson dirigía la unidad cinematográfica de la Oficina General de Correos del Reino Unido (GPO), una institución sorprendentemente prolífica en la producción de documentales innovadores. Impresionado por el potencial de McLaren, Grierson le ofreció un puesto en la unidad tan pronto como finalizara sus estudios.

Durante los siguientes tres años, McLaren se sumergió en un entorno profesional que le permitió pulir sus habilidades y complementar su espíritu experimental con la disciplina de la producción cinematográfica. Participó en la creación de cuatro películas, donde aprendió a integrar su visión artística con los objetivos comunicacionales del encargo. Esta etapa fue crucial, ya que le permitió fusionar la libertad de sus experimentos universitarios con las técnicas y recursos de un estudio profesional, forjando un estilo verdaderamente distintivo.

Cruzando el Atlántico: El Legado Canadiense en la NFB

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, McLaren se trasladó a Norteamérica en 1939. Gracias a una beca de la prestigiosa Solomon Guggenheim Foundation, pasó dos años en Nueva York, donde continuó desarrollando su técnica de animación dibujada sobre la película, creando cuatro obras más. Sin embargo, su destino volvería a cruzarse con el de John Grierson. Este último había sido llamado a Canadá para fundar y dirigir la National Film Board of Canada (NFB), una institución que se convertiría en un referente mundial del cine de autor y la animación.

Grierson, conociendo el talento inigualable de McLaren, le hizo una oferta que no pudo rechazar: mudarse a Montreal para crear desde cero el departamento de animación de la NFB y formar a una nueva generación de animadores canadienses. McLaren aceptó, iniciando un idilio con Canadá que duraría el resto de su vida. Su misión en la NFB fue monumental. No solo produjo una asombrosa cantidad de trabajo propio, desde cortos animados para promover el envío de postales navideñas hasta mapas estratégicos para películas de propaganda de los Aliados, sino que también estableció las bases de la aclamada escuela de animación canadiense. El éxito fue tan abrumador que pronto tuvo que reclutar a jóvenes talentos de las escuelas de arte de todo el país, a quienes enseñó personalmente sus revolucionarias técnicas antes de impulsarlos a desarrollar sus propias visiones.

La Consagración Mundial: 'Neighbours' y el Oscar

El cénit de su carrera llegó en 1952 con la película Neighbours (Vecinos). Este cortometraje es una obra maestra que encapsula su genio técnico y su profunda conciencia social. Utilizando una técnica que él mismo popularizó y bautizó como pixilación —que consiste en animar a actores reales fotograma a fotograma como si fueran marionetas—, McLaren narra una parábola oscura y poderosa sobre la trivialidad de los conflictos humanos. Dos vecinos, que viven en armonía, entran en una disputa absurda y cada vez más violenta por una pequeña flor que crece en la línea que divide sus propiedades. La película, una alegoría pacifista en plena Guerra Fría, impactó al mundo y le valió el Oscar al Mejor Cortometraje Documental, un reconocimiento inusual para una obra de animación experimental.

Pero el Oscar no fue su único gran galardón. Su prestigio internacional se consolidó con la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1955 por Blinkity Blank y un premio BAFTA en 1969 por su hipnótico ballet visual Pas de deux.

Tabla Comparativa de Obras Clave

PelículaAñoTécnica PrincipalReconocimiento Destacado
Neighbours (Vecinos)1952Pixilación (animación de actores reales)Oscar al Mejor Cortometraje Documental
Blinkity Blank1955Animación sin cámara (grabado sobre emulsión negra)Palma de Oro en el Festival de Cannes
Pas de deux1968Impresión óptica y solarización sobre figuras de bailarinesBAFTA al Mejor Cortometraje de Animación
Synchromy1971Sonido gráfico (lo que se ve es lo que se oye)Reconocimiento por su innovación técnica

Preguntas Frecuentes sobre Norman McLaren

¿Cuál es la técnica más famosa de Norman McLaren?

Aunque fue un maestro en muchas técnicas, la pixilación, utilizada magistralmente en Neighbours, es probablemente la más asociada a su nombre. Sin embargo, su método de animación sin cámara, dibujando y grabando directamente sobre el celuloide, es igualmente fundamental en su obra y demuestra su enfoque radicalmente artesanal.

¿Qué es el sonido gráfico?

El sonido gráfico es una de las innovaciones más fascinantes de McLaren. Consiste en crear sonido de forma sintética dibujando o fotografiando patrones directamente en la banda sonora óptica de la película. De esta manera, las formas visuales que él creaba en esa pequeña franja del celuloide se traducían en sonidos al ser leídas por el proyector. En películas como Synchromy, llevó esta idea al extremo, creando una obra donde las imágenes en pantalla son una visualización directa de la música que él mismo había "dibujado".

¿Por qué fue tan importante su papel en la National Film Board of Canada (NFB)?

Su importancia en la NFB es doble. Por un lado, como artista, creó algunas de las obras más importantes y vanguardistas de la historia de la animación bajo su sello. Por otro lado, como mentor y fundador del departamento de animación, estableció una cultura de experimentación y apoyo al artista que permitió el florecimiento de incontables talentos. Formó a una generación entera, convirtiendo a la NFB en una potencia mundial de la animación de autor.

El legado de Norman McLaren es el de un artista total que vio el cine no como una simple herramienta para contar historias, sino como un lienzo en blanco sobre el que se podía pintar, un instrumento que se podía tocar y un escenario sobre el que se podía bailar. Su obra sigue siendo tan fresca y revolucionaria hoy como en el momento de su creación, un recordatorio perpetuo de que los únicos límites en el arte son los de la propia imaginación.

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