11/06/2020
En el mundo del automovilismo, existen colecciones de autos que trascienden el simple acto de acumular vehículos. Se convierten en leyendas, en santuarios de la ingeniería y el diseño, cuyo valor no solo se mide en millones de dólares, sino en la historia que cada pieza cuenta. Una de esas colecciones, quizás la más importante y hermética de Sudamérica, es la que amasó el empresario argentino Gregorio Pérez Companc. Tras su fallecimiento a los 89 años, el velo sobre este tesoro se ha levantado ligeramente, revelando un universo de máquinas soñadas que descansan en un predio tan exclusivo como los propios autos.

El Santuario de Escobar: Más que un Garaje
Lejos de ser un simple galpón, la base de operaciones de esta colección es un complejo monumental ubicado en Escobar, provincia de Buenos Aires. Este lugar es un verdadero paraíso para cualquier aficionado al motor. No solo alberga los vehículos en condiciones de museo, sino que cuenta con una infraestructura de primer nivel para mantenerlos y, lo más importante, para disfrutarlos. El corazón de este predio es una pista de pruebas privada de 4.000 metros de longitud, un circuito que se ha ganado el apodo del “Nürburgring argentino”. Este trazado no es una simple recta; fue diseñado con todo tipo de curvas, peraltes y desniveles para exprimir al máximo el potencial de cada auto. Incluso cuenta con una solución arquitectónica inspirada en la mítica pista de pruebas de Ferrari en Italia: un puente similar al de Fiorano, que permite que el circuito se cruce a sí mismo sin intersecciones, optimizando el recorrido y la seguridad.

La privacidad ha sido siempre la norma. Durante décadas, lo que sucedía dentro de ese predio era un misterio, alimentando todo tipo de mitos. Solo en los últimos años, principalmente a través de la participación en eventos de prestigio como Autoclásica, la familia comenzó a compartir públicamente algunas de sus joyas, permitiendo al público general ser testigo de una pasión que se convirtió en un legado invaluable.
Las Joyas de la Corona: Ferrari en el Corazón de la Colección
Si bien la colección es diversa, la presencia de la marca de Maranello es abrumadora. Los Pérez Companc no solo tienen Ferraris; tienen piezas que son hitos en la historia del automovilismo. Una de las más célebres es la Ferrari 340/375 Berlinetta Pinifarina de 1953, apodada cariñosamente “La Ricci”. Este vehículo, que compitió en la legendaria Carrera Panamericana, fue adquirido por “Goyo” y su hijo Luis por 4,2 millones de euros. En 2018, fue exhibida por primera vez y se alzó con el máximo galardón de Autoclásica, el “Best of the Show”. Hoy, su valor se ha más que duplicado.
Pero la joya más costosa podría ser otra. Se trata de la Ferrari 330 TRI/LM de 1962, un auto con un palmarés que quita el aliento: fue la ganadora absoluta de las 24 Horas de Le Mans. Adquirida en su momento por 7 millones de dólares, los expertos estiman que su valor actual podría superar fácilmente los 15 millones. Junto a ella, descansa otra pieza de gran valor, una Ferrari 250 Le Mans de 1965, que también ha sido premiada por su impecable estado y su rica historia.
Sin embargo, para los fanáticos de la era moderna de la competición, hay un auto que destaca por encima de todos: la Ferrari F2004. No es una F2004 cualquiera; es uno de los chasis con los que Michael Schumacher dominó la temporada 2004 de Fórmula 1, ganando los Grandes Premios de Australia, Malasia, Bahréin, Imola y España. Curiosamente, este monoplaza es el único vehículo de la colección que no reside en Argentina. Pertenece a Luis Pérez Companc y forma parte del exclusivo programa “Ferrari F1 Clienti”. Esto significa que la propia Scuderia Ferrari se encarga de su mantenimiento y logística, trasladándolo a diferentes circuitos del mundo para que su dueño pueda pilotar una auténtica leyenda de la F1 en eventos privados. Ser parte de este club le permitió a Luis acceder a otra máquina ultra exclusiva, la Ferrari FXX-K Evo, un hypercar híbrido experimental del que solo se fabricaron 15 unidades.
Más Allá del Cavallino: Tesoros Americanos y Alemanes
Aunque Ferrari ocupa un lugar central, la colección brilla por su diversidad. Quizás la pieza no-italiana más espectacular sea el Shelby Cobra Daytona. Este no es un auto común; es uno de los únicos seis ejemplares que se fabricaron en el mundo para competir y vencer a Ferrari en los años 60. Comprado en 2010 por la asombrosa cifra de 7,25 millones de dólares, este ícono del automovilismo americano es una de las posesiones más preciadas de la familia. Tan exclusivos son estos seis autos, que rara vez se juntan. Una de esas ocasiones mágicas ocurrió en 2017 en el Goodwood Revival, en Inglaterra, y el ejemplar de Pérez Companc estuvo allí, para luego regresar a su hogar en Escobar.
La elegancia alemana también tiene su espacio. Entre los modelos de Mercedes-Benz destacan dos clásicos inmortales: un majestuoso Mercedes-Benz 300 Convertible “Adenauer” de 1953 y el icónico Mercedes-Benz 300 SL “Alas de Gaviota” de 1954, un auto que definió una era en diseño y tecnología. Además, se sabe que la colección incluye ejemplares de otras marcas de ensueño como Lamborghini, Maserati y Pagani, conformando un panteón del automovilismo deportivo.
Tabla Comparativa de Vehículos Emblemáticos
| Modelo | Año | Característica Destacada | Valor Estimado/Compra |
|---|---|---|---|
| Shelby Cobra Daytona | 1965 | Uno de los 6 originales fabricados | Comprado por $7.25 Millones USD |
| Ferrari 330 TRI/LM | 1962 | Ganador absoluto de las 24hs de Le Mans | Valor actual supera los $14 Millones USD |
| Ferrari F2004 | 2004 | Ex-Michael Schumacher (5 victorias) | Invaluable |
| Ferrari 340/375 Berlinetta | 1953 | Apodada "La Ricci", ex-Carrera Panamericana | Comprada por €4.2 Millones |
Un Legado Familiar: La Pasión en la Sangre
La afición por la velocidad no fue exclusiva de Gregorio. La transmitió a sus hijos, quienes la llevaron al plano profesional. Luis Pérez Companc, actual cabeza del grupo familiar y principal custodio del museo, tuvo una destacada carrera como piloto, compitiendo en el Campeonato Mundial de Rally (WRC) y en el Mundial de Endurance (WEC). Actualmente, sigue en actividad en el campeonato IMSA de Estados Unidos. Sus hermanos, Jorge y Pablo, también se calzaron el casco y el buzo antiflama, compitiendo en diversas categorías nacionales e internacionales. La historia de Pablo es particularmente conmovedora, ya que en 2007 sufrió un gravísimo accidente en la Indy Pro Series en Miami que casi le cuesta una pierna. Su milagrosa recuperación y posterior regreso a las pistas, donde se consagró campeón de Sport Prototipo en Argentina, es un testimonio de la resiliencia y la pasión que caracterizan a la familia.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Cuántos autos tiene exactamente la colección Pérez Companc?
El número exacto es un secreto muy bien guardado por la familia. Si bien algunas fuentes hablan de que superó los 100 vehículos en su momento, otras estimaciones más conservadoras la sitúan en más de 50 autos. Lo que es una certeza es que la calidad y el valor histórico de cada pieza priman sobre la cantidad.
¿Cuál es el auto más caro de la colección?
Es difícil determinarlo con exactitud, ya que el valor de estos autos fluctúa en el mercado de subastas. Sin embargo, los principales contendientes son la Ferrari 330 TRI/LM de 1962, ganadora de Le Mans, y el Shelby Cobra Daytona, por su extrema rareza. Ambos están valorados en decenas de millones de dólares.
¿Se puede visitar el museo de Pérez Companc en Escobar?
No. La colección es estrictamente privada y el predio de Escobar no está abierto al público. La única oportunidad de ver alguno de estos vehículos es cuando la familia decide exhibirlos en eventos especiales como Autoclásica.
¿Por qué el Fórmula 1 de Schumacher no está en Argentina?
El Ferrari F2004 forma parte del programa "Ferrari F1 Clienti". Es un servicio ultra exclusivo que ofrece Ferrari a un selecto grupo de clientes, donde la propia fábrica se encarga de custodiar, mantener y transportar los autos a circuitos de todo el mundo para que sus dueños puedan disfrutarlos en jornadas de pilotaje privadas, con el soporte técnico de ingenieros y mecánicos de la Scuderia.
En definitiva, la colección de Gregorio Pérez Companc es mucho más que un conjunto de autos caros. Es el reflejo material de una vida dedicada a la pasión por el automovilismo, un legado de historia, velocidad y exclusividad que ahora sus hijos se encargan de preservar, manteniendo vivo el espíritu de una de las colecciones más fascinantes y misteriosas del planeta.
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