21/09/2020
El 22 de abril de 1985 marcó un antes y un después en la historia de la República Argentina. Con una democracia joven y frágil que apenas daba sus primeros pasos tras años de oscuridad, el país se sentó frente a su propio espejo para confrontar los horrores de la última dictadura cívico-militar. Ese día comenzó el Juicio a las Juntas Militares, un proceso judicial sin precedentes en el mundo, donde un tribunal civil, por primera vez, juzgaba a los máximos responsables de un régimen militar por la violación sistemática de los derechos humanos. Fue un acontecimiento fundacional que no solo buscaba castigo para los culpables, sino también sentar las bases de una nueva Argentina, cimentada sobre los pilares de la memoria, la verdad y la justicia.

El Ocaso de la Dictadura y el Camino al Juicio
Para comprender la magnitud de lo que sucedió en la sala de audiencias de la Cámara Federal, es imprescindible retroceder a los últimos y convulsos años del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. La derrota en la Guerra de Malvinas en 1982 fue el golpe de gracia para un gobierno militar desgastado, repudiado por la sociedad y aislado internacionalmente. La transición hacia la democracia era inevitable, pero los militares intentaron hasta el último momento construir un manto de impunidad sobre sus crímenes.
En abril de 1983, bajo el mando de Reynaldo Bignone, la Junta Militar publicó el “Documento Final sobre la guerra contra la subversión y el terrorismo”. En este texto, afirmaban cínicamente que sus acciones habían ocurrido en un “contexto de guerra” y que los “errores” cometidos quedaban “sujetos al juicio de Dios”. Más tarde, en septiembre de ese mismo año, promulgaron la Ley N° 22.924, conocida popularmente como la Ley de Autoamnistía, que pretendía extinguir cualquier acción penal contra los miembros de las Fuerzas Armadas por los delitos cometidos. El broche de esta operación de encubrimiento fue el Decreto Confidencial Nº 2.726/83, que ordenaba la destrucción de toda la documentación relacionada con la represión ilegal. La dictadura se retiraba, pero buscaba borrar sus huellas.
Alfonsín y la Voluntad de Juzgar
Con el triunfo de Raúl Alfonsín en las elecciones del 30 de octubre de 1983, el panorama cambió radicalmente. A tan solo tres días de asumir la presidencia, el nuevo gobierno democrático tomó medidas drásticas: una de sus primeras acciones fue enviar al Congreso un proyecto para derogar la Ley de Autoamnistía. Simultáneamente, a través de los decretos 157 y 158/83, ordenó enjuiciar tanto a las cúpulas de las organizaciones guerrilleras como a los nueve integrantes de las tres primeras Juntas Militares que habían gobernado el país entre 1976 y 1982. Esta decisión, enmarcada en la llamada “teoría de los dos demonios”, equiparaba la violencia del Estado con la de las organizaciones armadas, una postura que generó un intenso debate y el rechazo de los organismos de derechos humanos.
Inicialmente, el decreto 158 establecía que el juicio debía ser llevado a cabo por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, el máximo tribunal militar. Sin embargo, la estrategia de los propios militares fue la de dilatar el proceso y, finalmente, declarar que las órdenes impartidas eran “inobjetables” y legítimas. Esta maniobra fue la que abrió la puerta para que la causa pasara a la justicia civil, cumpliendo así con el reclamo histórico de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo: “Juicio y castigo a los culpables en los tribunales comunes”.
La CONADEP: Reconstruyendo el Rompecabezas del Horror
Antes de que los fiscales pudieran formular sus acusaciones, era necesario dimensionar y sistematizar el plan de exterminio. Para esta tarea titánica, Alfonsín creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), presidida por el escritor Ernesto Sábato e integrada por notables figuras de la sociedad civil. Durante meses, la comisión recorrió el país, recopiló miles de denuncias, entrevistó a sobrevivientes y familiares, e inspeccionó los cientos de centros clandestinos de detención. El resultado fue un informe monumental de más de 50.000 páginas, cuyo resumen fue publicado en el libro “Nunca Más”. Este documento fue la prueba fundamental que demostró que los secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones no fueron “excesos” aislados, sino parte de un plan sistemático y coordinado, ejecutado desde la cúpula del poder militar.
El Juicio: Testimonios del Infierno
El 22 de abril de 1985, en un clima de enorme expectación y tensión, con amenazas de bomba casi a diario, comenzó el juicio. En el banquillo se sentaron Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera, Orlando Ramón Agosti, Roberto Eduardo Viola, Armando Lambruschini, Leopoldo Fortunato Galtieri, Jorge Isaac Anaya, Basilio Lami Dozo y Rubens Omar Graffigna. El tribunal estaba presidido por el juez León Carlos Arslanián y la acusación estuvo a cargo del fiscal Julio César Strassera y su fiscal adjunto, Luis Moreno Ocampo.
Durante 17 semanas, la sociedad argentina escuchó, a través de los medios que solo podían emitir breves fragmentos sin audio, los relatos del horror. Un total de 833 sobrevivientes y familiares de desaparecidos prestaron testimonio. Sus voces, quebradas pero firmes, reconstruyeron el infierno de los centros clandestinos, describieron las torturas más aberrantes y pusieron nombre y apellido a las víctimas y a sus verdugos. Cada testimonio era una pieza que encajaba en el macabro rompecabezas del terrorismo de Estado. El juicio se convirtió en un doloroso pero necesario ejercicio de memoria colectiva.
El Veredicto: Un Fallo para la Eternidad
El 9 de diciembre de 1985, la Cámara Federal dictó su sentencia. El tribunal confirmó la existencia de un plan criminal y condenó a cinco de los nueve acusados. El fallo fue un hito en la historia del derecho internacional y un pilar fundamental para la consolidación de la democracia argentina.
| Acusado | Cargo Principal | Sentencia |
|---|---|---|
| Jorge Rafael Videla | Comandante en Jefe del Ejército | Reclusión perpetua |
| Emilio Eduardo Massera | Comandante en Jefe de la Armada | Reclusión perpetua |
| Roberto Eduardo Viola | Comandante en Jefe del Ejército | 17 años de prisión |
| Armando Lambruschini | Comandante en Jefe de la Armada | 8 años de prisión |
| Orlando Ramón Agosti | Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea | 4 años y 6 meses de prisión |
| Galtieri, Anaya, Lami Dozo, Graffigna | Miembros de Juntas posteriores | Absueltos |
El Legado del "Nunca Más"
Más allá de las condenas, el momento más emblemático del juicio fue el alegato final del fiscal Strassera. Tras un largo y detallado recorrido por las pruebas presentadas, cerró su exposición con una frase que quedaría grabada a fuego en la memoria del pueblo argentino: “Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: Nunca Más”. Esas dos palabras encapsularon el anhelo de toda una sociedad de cerrar para siempre la página más oscura de su historia y de asegurar que el terrorismo de Estado no volviera a repetirse jamás.
El Juicio a las Juntas no fue el final del camino en la búsqueda de justicia, que sufriría retrocesos con las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y los posteriores indultos, pero sí fue el cimiento indispensable sobre el cual se construiría todo el proceso de Memoria, Verdad y Justicia de las décadas siguientes. Su legado fue revitalizado décadas después por la película “Argentina, 1985”, que llevó esta historia a nuevas generaciones y demostró la vigencia de un juicio que no solo condenó a los genocidas, sino que también condenó un sistema de opresión y reafirmó el valor de la vida y la dignidad humana.
Preguntas Frecuentes
- ¿Qué fue el Juicio a las Juntas Militares?
Fue un proceso judicial llevado a cabo en Argentina en 1985 por un tribunal civil para juzgar a los máximos responsables de las tres primeras juntas militares de la dictadura (1976-1983) por crímenes de lesa humanidad. - ¿Por qué fue un juicio histórico a nivel mundial?
Porque fue la primera vez en la historia que un tribunal democrático y civil juzgó y condenó a los líderes de una dictadura militar del propio país, sin la intervención de un tribunal internacional o una potencia extranjera. - ¿Quién pronunció la famosa frase "Nunca Más"?
La frase fue pronunciada por el fiscal Julio César Strassera al finalizar su alegato acusatorio. Aunque la frase ya era un lema de los organismos de derechos humanos, su discurso la inmortalizó como el símbolo del juicio y del repudio al terrorismo de Estado. - ¿Todos los comandantes fueron condenados?
No. De los nueve acusados, cinco fueron condenados con distintas penas (Videla y Massera a reclusión perpetua) y cuatro fueron absueltos, entre ellos los integrantes de la junta que gobernó durante la Guerra de Malvinas.
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