10/02/2019
Francia, una nación con una herencia automovilística y de competición que resuena en circuitos como Le Mans y en marcas legendarias como Renault y Alpine, no limita su pasión por la velocidad a las pistas de carreras. Esta cultura del rendimiento se extiende a uno de los cuerpos de seguridad más respetados y temidos en las carreteras europeas: la Gendarmería Nacional. Específicamente, su Brigade Rapide d'Intervention (BRI), o Brigada de Intervención Rápida, es famosa por su flota de vehículos de altas prestaciones, diseñados no solo para patrullar, sino para dominar las extensas y veloces autopistas francesas. La elección de estos automóviles no es casual; es una declaración de intenciones y una herramienta indispensable para garantizar la seguridad en vías donde los infractores pueden alcanzar velocidades extremas.

La historia de estos vehículos de intercepción es un fascinante viaje a través de la evolución del automóvil deportivo francés y europeo. No se trata simplemente de coches patrulla con luces y sirenas; son auténticos deportivos adaptados para una misión crítica, pilotados por agentes con una formación de conducción que rivaliza con la de pilotos profesionales. A lo largo de las décadas, el garaje de la BRI ha albergado algunas de las máquinas más deseadas por cualquier aficionado al motor, convirtiéndose en una leyenda por derecho propio.

Una Historia Ligada a la Velocidad: El Nacimiento de la Leyenda
La necesidad de vehículos de alto rendimiento para la Gendarmería nació con la expansión de la red de autopistas francesas en la década de 1960. A medida que los coches de producción se volvían más rápidos y potentes, también lo hacían aquellos que decidían ignorar los límites de velocidad. Para hacer frente a esta nueva amenaza, se requería algo más que un sedán familiar. Se necesitaba un interceptor.
La respuesta llegó en 1966 en forma de un vehículo que se convertiría en un icono tanto en el mundo del rally como en el de la aplicación de la ley: el Alpine A110. Ligero, ágil y con un motor trasero que le confería un comportamiento dinámico excepcional, el A110 era el arma perfecta. Su baja silueta y su increíble capacidad para tomar curvas a alta velocidad lo hacían casi imbatible en las carreteras sinuosas y en las largas rectas de las autoroutes. Los gendarmes al volante de los A110 azules se convirtieron en una imagen icónica, un símbolo de que la ley podía ser tan rápida y ágil como cualquier infractor.
El éxito del A110 sentó un precedente. La Gendarmería entendió que para ser efectiva, debía disponer de herramientas que estuvieran a la altura, o por encima, de la tecnología disponible para el público. Esto dio inicio a una tradición de equipar a sus unidades de élite con lo mejor de la industria automotriz.
La Evolución del Garaje: De los 80 a los 2000
Tras la era del A110, la Gendarmería continuó su búsqueda de la máquina de intercepción perfecta. Cada década trajo consigo nuevos desafíos y nuevos contendientes para formar parte de esta prestigiosa flota.
- Citroën SM (1970s): Un coche adelantado a su tiempo. Con su diseño futurista, suspensión hidroneumática y un potente motor V6 de origen Maserati, el SM era un crucero de autopista sin igual. Combinaba una velocidad máxima impresionante con un confort de marcha que permitía a los agentes pasar largas horas de patrullaje sin fatiga.
- Renault 21 Turbo (1980s): En la era del turbo, el R21 2L. Turbo se presentó como un sedán discreto pero con un corazón de atleta. Su brutal aceleración lo convirtió en un interceptor formidable, capaz de sorprender a muchos deportivos de la época.
- Peugeot 405 T16 (1990s): Heredero del espíritu del legendario coche del Grupo B de rally, el 405 T16 de calle era una bestia con tracción a las cuatro ruedas y un motor turbo. Aunque su producción fue limitada, algunas unidades sirvieron en la Gendarmería, ofreciendo un nivel de agarre y rendimiento en cualquier condición climática que era simplemente excepcional.
Esta búsqueda constante de la superioridad tecnológica culminó a principios del nuevo milenio con una elección que sorprendió a muchos: el Subaru Impreza WRX. Por primera vez, la Gendarmería optaba por un vehículo no francés, reconociendo las capacidades inigualables del sedán japonés, forjado en los tramos del Campeonato Mundial de Rally. Su tracción total simétrica y su robusto motor bóxer turbo ofrecían un rendimiento y una seguridad activa inigualables, especialmente en condiciones adversas.
Tabla Comparativa de Interceptores Clásicos
| Modelo | Motor | Potencia (CV) | Velocidad Máxima | Años en Servicio (Aprox.) |
|---|---|---|---|---|
| Alpine A110 | 1.6L 4-Cilindros | 125 | ~210 km/h | 1966 - 1974 |
| Citroën SM | 2.7L V6 Maserati | 170 | ~220 km/h | 1971 - 1975 |
| Renault 21 Turbo | 2.0L 4-Cilindros Turbo | 175 | ~227 km/h | 1988 - 1994 |
| Subaru Impreza WRX | 2.0L Bóxer Turbo | 225 | ~230 km/h | 2006 - 2011 |
La Era Moderna y el Regreso de un Icono
Tras el Subaru, la Gendarmería volvió a confiar en un producto nacional con el excelente Renault Megane III R.S., un coche que durante años ostentó el récord de vuelta para un tracción delantera en el circuito de Nürburgring. Con 265 CV y un chasis puesto a punto por Renault Sport, el Megane R.S. era una máquina de precisión quirúrgica, capaz de mantener ritmos endiablados con total confianza.
Sin embargo, la historia daría un giro poético. Con el renacimiento de la marca Alpine y el lanzamiento del nuevo A110, la Gendarmería no pudo resistir la oportunidad de cerrar el círculo. En 2021, se anunció que el nuevo Alpine A110 se uniría a la flota de la BRI. Esta nueva generación, fiel al espíritu del original, basa su rendimiento en la ligereza y la agilidad más que en la potencia bruta. Su chasis de aluminio, su motor central-trasero y su reparto de pesos perfecto lo convierten en el vehículo ideal para las exigencias de una persecución a alta velocidad, donde la capacidad de cambiar de dirección y la estabilidad en curva son tan importantes como la velocidad punta. El regreso del A110 no es solo una decisión práctica, es un homenaje a su propia historia y un símbolo del orgullo automovilístico francés.
Más Allá de la BRI: El Parque Móvil General
Es importante destacar que estos bólidos de altas prestaciones están reservados para las unidades especializadas de autopista. El resto de la Gendarmería Nacional y la Policía Nacional utilizan una flota mucho más convencional y adaptada a las necesidades del patrullaje diario en zonas urbanas y rurales.
Actualmente, el vehículo más común en sus filas es el Peugeot 5008. Este SUV ofrece una gran versatilidad, espacio para el equipamiento y los detenidos, y una posición de conducción elevada que mejora la visibilidad. Junto a él, se pueden ver otros modelos como el Peugeot 3008, Renault Scénic e incluso vehículos eléctricos como el Renault Zoe para patrullas urbanas. La elección de estos vehículos se basa en criterios de coste, fiabilidad y, sobre todo, funcionalidad para las tareas diarias.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Por qué la Gendarmería usa coches tan deportivos?
La Brigade Rapide d'Intervention (BRI) los utiliza específicamente para patrullar las autopistas de peaje (autoroutes), donde necesitan vehículos capaces de alcanzar y detener a infractores que circulan a velocidades muy elevadas en coches de gran potencia.
¿Los coches de la Gendarmería están modificados?
Mecánicamente, suelen ser idénticos a los modelos de serie para garantizar la fiabilidad. Las modificaciones se centran en el equipamiento policial: sistemas de comunicación, sirenas, luces, paneles de mensajes y, en ocasiones, blindaje ligero. El chasis y el motor permanecen de fábrica.
¿Qué coche de alta velocidad utilizan actualmente?
El buque insignia actual es el Alpine A110. También han incorporado recientemente unidades del SEAT León Cupra, un compacto deportivo de altas prestaciones que complementa al Alpine.
¿Los agentes reciben una formación especial para conducirlos?
Sí. Los gendarmes seleccionados para la BRI deben pasar un riguroso proceso de selección y un curso de conducción de alta velocidad en circuito, donde aprenden a controlar estos vehículos al límite de sus capacidades de forma segura.
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