05/05/2023
En el vasto universo del automovilismo, existen historias de éxito rotundo y otras de un potencial frustrado. El Smart Roadster pertenece, sin lugar a dudas, a la segunda categoría. Concebido como un deportivo puro, asequible y divertido, este pequeño biplaza alemán tenía todos los ingredientes para convertirse en una leyenda: un peso pluma, un diseño atractivo y un chasis diseñado para devorar curvas. Sin embargo, una decisión de ingeniería en su componente más crucial, la transmisión, lo condenó a ser un eterno “lo que pudo haber sido”. Este es un análisis profundo de un coche que rozó la gloria, un genio incomprendido que hoy es objeto de culto para unos y una lección para otros.

Un Loto Alemán en Miniatura
Cuando la mayoría de la gente piensa en la marca Smart, la imagen que viene a la mente es la del diminuto ForTwo, el coche urbano por excelencia, famoso por su capacidad para aparcar en los espacios más inverosímiles. Pero a principios de la década de 2000, Smart, bajo el paraguas de Mercedes-Benz, quiso demostrar que podía hacer algo más que coches para la ciudad. El objetivo era ambicioso: construir un deportivo que capturara la esencia de los roadsters británicos clásicos, siguiendo la filosofía de Colin Chapman, fundador de Lotus: “simplifica y luego añade ligereza”.

Presentado como concepto en el Salón del Automóvil de París de 2000 y lanzado a producción en 2002, el Smart Roadster era la materialización de esa idea. Su objetivo era ofrecer una experiencia de conducción emocionante y pura, pero con los costes de mantenimiento y consumo de un utilitario. Para lograrlo, los ingenieros se centraron obsesivamente en el peso. El resultado fue asombroso: el Roadster pesaba apenas 790 kilogramos (1,741 libras). Esta cifra se consiguió mediante el uso extensivo de plásticos en los paneles de la carrocería y un interior minimalista, aunque funcional. A pesar de su enfoque económico, incluía detalles como un techo de lona de accionamiento eléctrico, un lujo en un segmento donde los techos manuales eran la norma.
Corazón Pequeño, Ambiciones Grandes
Para mover este peso pluma, Smart recurrió a un motor conocido: el bloque de tres cilindros en línea de 698 cc (0.7L) del ForTwo, pero con una adición crucial: un turbocompresor. En su versión estándar, este pequeño pero enérgico motor producía 80 caballos de fuerza y 110 Nm (81 lb-ft) de par. Sobre el papel, estas cifras no impresionaban, especialmente si se comparaban con las de sus rivales directos de la época, como el Mazda MX-5 o el Toyota MR2, que superaban holgadamente los 100 CV.
Esta modesta potencia se traducía en una aceleración de 0 a 100 km/h en unos 11.2 segundos y una velocidad máxima de 175 km/h. Si bien no era un misil en línea recta, su bajo peso prometía una agilidad que sus competidores, más pesados, no podían igualar. A continuación, una tabla comparativa con sus rivales contemporáneos:
Tabla Comparativa de Rivales
| Característica | Smart Roadster | Mazda MX-5 (NB) | Toyota MR2 (W30) |
|---|---|---|---|
| Motor | 0.7L Turbo I3 | 1.8L I4 | 1.8L I4 |
| Potencia | 80 hp | ~140 hp | ~140 hp |
| Peso | ~790 kg | ~1,065 kg | ~975 kg |
| Configuración | Motor Central-Trasero | Motor Delantero, Tracción Trasera | Motor Central-Trasero |
| 0-100 km/h | ~11.2 s | ~8.5 s | ~7.9 s |
El Rey de las Curvas... con un Talón de Aquiles
Donde el Smart Roadster realmente brillaba era en su territorio natural: las carreteras sinuosas. El chasis fue diseñado desde cero para ser ágil y comunicativo. Su configuración de motor central-trasero, similar a la de superdeportivos mucho más caros, le confería un equilibrio casi perfecto. Las ruedas estaban situadas en las cuatro esquinas del vehículo, y su bajísima altura (apenas 1.2 metros) garantizaba un centro de gravedad pegado al asfalto. El resultado era un manejo sublime. El coche se sentía como una extensión del conductor, respondiendo con inmediatez a cada insinuación del volante y permitiendo velocidades de paso por curva que dejaban en ridículo a coches mucho más potentes.
Sin embargo, toda esta brillantez dinámica quedaba eclipsada por su mayor defecto, un error de cálculo que arruinó la experiencia deportiva: la transmisión. En lugar de optar por una caja de cambios manual tradicional, que habría sido la elección lógica para un coche de este tipo, Smart instaló una transmisión manual automatizada de seis velocidades llamada "Softtouch". Podía usarse en modo totalmente automático o en modo secuencial, cambiando de marcha con la palanca o con levas opcionales en el volante. La idea era ofrecer comodidad para el día a día, pero su ejecución fue desastrosa. Los cambios de marcha eran exasperantemente lentos, con una pausa notable entre cada engranaje que cortaba por completo el ritmo en una conducción deportiva. Las reducciones eran aún peores, tardando una eternidad en completarse. Esta caja de cambios, lenta y torpe, era el ancla que impedía al brillante chasis del Roadster desplegar todo su potencial.

Brabus: El Intento de Liberar a la Bestia
Conscientes de las limitaciones de potencia, Smart recurrió al afamado preparador alemán Brabus, conocido por sus transformaciones radicales de modelos Mercedes-Benz. La versión Brabus del Roadster era un intento de solucionar algunas de las carencias del modelo estándar. El motor fue afinado para entregar 101 caballos de fuerza y 130 Nm de par, cifras que, aunque seguían siendo modestas, mejoraban la aceleración (0 a 100 km/h en 9.8 segundos) y la velocidad máxima (190 km/h).
Las mejoras no se detuvieron ahí. Brabus instaló una suspensión más baja y firme, un sistema de escape deportivo de doble salida, y un kit de carrocería más agresivo con llantas de aleación exclusivas. El interior también recibió un tratamiento de lujo, con asientos de cuero calefactados, pedales de aluminio y numerosos logotipos de Brabus. Era, en todos los sentidos, la versión definitiva del Roadster. Sin embargo, cometió el mismo pecado que el modelo base: mantuvo la misma y frustrante transmisión manual automatizada. A pesar de la potencia extra y el manejo aún más afilado, el placer de la conducción seguía viéndose interrumpido por la lentitud de la caja de cambios.
Un Clásico Incomprendido: ¿Vale la Pena Hoy?
Las bajas ventas llevaron a la descontinuación del Smart Roadster en noviembre de 2005, tras producirse poco más de 43,000 unidades. Nunca se vendió oficialmente en Estados Unidos, lo que lo convierte en una rareza en ese mercado, aunque es más fácil de encontrar en Europa. Hoy en día, el Roadster se ha convertido en un coche de culto. Su diseño único sigue atrayendo miradas, y su excepcional chasis es alabado por quienes han aprendido a convivir con su transmisión.
Adquirir uno de segunda mano es una opción asequible para quien busque una experiencia de conducción diferente. Los precios en el mercado europeo pueden variar desde unos 2,500€ para unidades con alto kilometraje hasta más de 12,000€ para las codiciadas versiones Brabus en estado de colección. Es un coche para puristas del chasis, para conductores que valoran la conexión con la carretera y la agilidad por encima de la potencia bruta. Es un recordatorio de que, a veces, un solo componente puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso.
Preguntas Frecuentes
¿Se vendió el Smart Roadster en Estados Unidos?
No, el Smart Roadster se comercializó exclusivamente en Europa y otros mercados seleccionados, pero nunca estuvo disponible de forma oficial en los Estados Unidos.

¿Cuál es el mayor problema del Smart Roadster?
El consenso general es que su mayor defecto es la transmisión manual automatizada de seis velocidades. Su lentitud al cambiar de marcha, tanto hacia arriba como hacia abajo, frustra la experiencia de conducción deportiva que su chasis es capaz de ofrecer.
¿Qué potencia tiene el Smart Roadster Brabus?
La versión preparada por Brabus aumentaba la potencia del motor tricilíndrico turbo de 0.7 litros hasta los 101 caballos de fuerza.
¿Es el Smart Roadster un buen coche deportivo?
Posee uno de los chasis y manejos más brillantes y divertidos de su categoría, comparable al de un Lotus. Sin embargo, su falta de potencia y, sobre todo, su lenta caja de cambios, lo sitúan un escalón por debajo de rivales más completos como el Mazda MX-5 en términos de experiencia deportiva global.
¿Cuánto cuesta un Smart Roadster de segunda mano?
Los precios varían considerablemente según el estado, el kilometraje y la versión. En Europa, es posible encontrar unidades estándar por unos 2,500 a 5,000 euros, mientras que las versiones Brabus, más raras y deseadas, pueden superar los 12,000 euros.
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