18/03/2020
En el competitivo mundo de la música clásica, al igual que en el paddock de la Fórmula 1, las rivalidades y legados definen épocas enteras. Pocas historias son tan complejas y fascinantes como la que une a Richard Strauss con el coloso musical que fue Richard Wagner. Es una saga que comienza con un odio heredado, se transforma en una admiración secreta y culmina en un acto de lealtad que salvó el templo sagrado de la música wagneriana. Strauss no solo tuvo que superar la abrumadora sombra de Wagner, sino también la férrea oposición de su propio padre, Franz Strauss, un purista que consideraba la música de Wagner un auténtico sacrilegio.

El Veneno Prohibido: Inicios de una Pasión Oculta
Para entender la trayectoria de Richard Strauss, primero hay que conocer a su padre. Franz Joseph Strauss no era un músico cualquiera; era el trompista principal de la Orquesta de la Corte de Múnich, una eminencia en su campo. Su credo artístico era una trinidad inamovible: Mozart, Haydn y Beethoven. Para él, todo lo demás, y especialmente la obra de Richard Wagner, era una aberración. No perdía oportunidad para criticar al compositor de Bayreuth, describiendo su ópera Lohengrin como una "ruina enfermizamente dulce" y mofándose de las partes vocales como si fueran "voces de clarinete". Su desprecio era tan profundo que, tras la muerte de Wagner, fue el único miembro de la orquesta que se negó a ponerse de pie durante un minuto de silencio en su honor. Este era el ambiente en el que creció el joven Richard.

Inevitablemente, la aversión paterna caló en el joven compositor. Sus primeras impresiones sobre la música de Wagner eran un eco de las críticas de su padre. Tras asistir a una representación de Siegfried, escribió con sorna juvenil: "La introducción es un largo redoble de tambor con bombardón y fagotes, que rugen en los tonos más profundos, que suenan tan estúpidos que me reí a carcajadas… no hay rastro de melodías relacionadas... es un desastre". Sin embargo, la semilla de la curiosidad ya estaba plantada. A escondidas, Strauss comenzó a estudiar las partituras de Wagner, absorbiendo con avidez lo que su padre llamaba el "veneno". Al principio lo hizo en secreto, para no provocar un escándalo familiar, pero pronto la admiración se desbordó, especialmente por Tristán e Isolda, que en 1886 describió como la "más magnífica ópera de bel canto". El regalo de graduación que su padre le hizo en 1882, un viaje a Bayreuth para ver Parsifal, fue un acto de resignación paterna que, irónicamente, sellaría el destino de su hijo. Allí, Richard tuvo la oportunidad única de conocer al mismísimo maestro Wagner en persona.
Los Mentores del Cambio: De la Oposición a la Escudería Wagneriana
El viaje de Strauss hacia el corazón del wagnerianismo no lo hizo solo. Dos figuras fueron cruciales en su conversión. El primero fue Hans von Bülow, un personaje legendario, alumno de Liszt y primer marido de Cosima Wagner. Bülow, reconociendo el genio emergente de Strauss, le consiguió el puesto de Director Musical en Meiningen y acuñó una frase que pasaría a la historia: "Richard I es Wagner, no hay Richard II, por lo tanto, Strauss es Richard III". Esta declaración no era solo un cumplido; era una coronación simbólica, un pase de testigo.
El segundo mentor fue Alexander Ritter, a quien Strauss conoció en Meiningen en 1885. Ritter no era solo el primer violinista de la orquesta; estaba casado con una sobrina de Richard Wagner y era un devoto seguidor de la corriente de los "nuevos alemanes" liderada por Wagner y Liszt. Fue Ritter quien le proporcionó a Strauss los escritos teóricos de Wagner y le hizo comprender el principio fundamental de Liszt: "Las nuevas ideas deben encontrar nuevas formas". Esta idea, donde el concepto poético dicta la estructura musical, se convirtió en la guía para la obra sinfónica de Strauss. La influencia de Ritter fue tan decisiva que impulsó a Strauss a componer su primera ópera, Guntram, una historia de caballeros medievales que ya mostraba una clara influencia wagneriana.
Ascenso y Caída en Bayreuth: La Relación con Cosima Wagner
Con el respaldo de figuras como Bülow y Ritter, el camino de Strauss hacia Bayreuth, el epicentro del universo Wagner, estaba trazado. En 1889, fue nombrado Asistente Musical en el famoso festival. Allí ensayó Parsifal, se sumergió en la atmósfera única del lugar y se ganó la confianza de la viuda del compositor, la formidable Cosima Wagner. La relación se estrechó rápidamente. En la Navidad de 1890, Strauss fue invitado a la casa de la familia Wagner, y Cosima, en tono de broma, expresó su deseo de que se casara con su hija. Un yerno compositor al servicio de Bayreuth habría sido, para ella, una solución ideal.
Sin embargo, el corazón de Strauss ya pertenecía a otra mujer, la soprano Pauline de Ahna. Cosima aceptó la situación con elegancia, y las hijas de Wagner se convirtieron en amigas de por vida de Strauss. La reconciliación llegó incluso con su padre, Franz, quien en 1891 fue visto paseando del brazo de su hijo por Bayreuth. El clímax de esta etapa llegó en 1894, cuando Strauss cumplió su sueño de dirigir en Bayreuth, estrenando una nueva producción de Tannhäuser. El papel de Elisabeth fue cantado por Pauline, quien se convertiría en su esposa ese mismo septiembre.
Pero la luna de miel con Bayreuth no duró. Strauss, un director con ideas propias y una personalidad fuerte, sintió que sus deseos artísticos eran ignorados. La tensión culminó con la reacción de la familia Wagner a su revolucionaria ópera Salomé. La incomprensión y ciertos comentarios antisemitas velados sobre la "chica judía" Salomé provocaron una ruptura total con Cosima. La amistad se quebró y tardaría 39 años en reanudarse.
Tabla Comparativa: La Evolución de Strauss frente a Wagner
| Obra de Wagner | Opinión Temprana de Strauss (Influencia Paterna) | Opinión Madura de Strauss (Admiración) |
|---|---|---|
| Siegfried | "Un desastre... un largo redoble de tambor con bombardón y fagotes que rugen... suena estúpido." | Pieza fundamental del repertorio que dirigiría y estudiaría a lo largo de su vida. |
| Tristán e Isolda | Inicialmente rechazada como parte del "veneno" wagneriano. | "La más magnífica ópera de bel canto". Una obra de referencia absoluta. |
| Los maestros cantores | No hay registro de una crítica juvenil específica, pero se englobaba en el rechazo general. | "Una pieza escandalosa... un verdadero documento cultural alemán". Inspiró su deseo de crear una obra similar. |
El Legado Indeleble: Wagner en la Vida y Obra de Strauss
Aunque Strauss dio la espalda a Bayreuth en 1895, Wagner nunca abandonó su vida. Su influencia era un legado imborrable. En su estudio de composición, los retratos de Wagner, Liszt y Bülow ocupaban un lugar de honor. Construyó una magnífica villa en Garmisch que muchos compararon con "Wahnfried", la casa de Wagner en Bayreuth. Cuando asumió la dirección de la Ópera Estatal de Viena, la programación se centró en dos pilares: Verdi y, sobre todo, Wagner. En 1927, escribió a su libretista Hugo von Hofmannsthal: "Recientemente escuché Los maestros cantores, es una pieza escandalosa. Desde entonces no me ha abandonado el deseo de escribir también una pieza de este género... una verdadera obra alemana". El espíritu de Wagner era una fuerza constante, un punto de referencia ineludible en su horizonte creativo.

El Rescate Inesperado: El Regreso para Salvar el Festival
El destino le tenía reservado a Strauss un último y dramático capítulo en su relación con Wagner. En 1933, con casi 70 años, recibió una llamada de emergencia desde Bayreuth. El festival estaba al borde del colapso. El legendario director Arturo Toscanini había dimitido en protesta contra el régimen nazi. La cancelación era una posibilidad real, lo que habría sido un golpe devastador para la cultura alemana. Winifred Wagner, nuera de Richard y nueva directora del festival, estaba desesperada.
Fue entonces cuando Strauss, el antiguo protegido y luego renegado, decidió intervenir. Aceptó dirigir Parsifal sin cobrar honorarios, en un acto de pura devoción al arte de Wagner. Su interpretación fue revolucionaria. Buscó liberar la obra de su pátina de patetismo y lentitud, buscando una dignidad y consagración que no provinieran de un tempo arrastrado. Se cuenta la anécdota de que, durante un ensayo, interrumpió al bajo Ivar Andersen, que cantaba su parte de forma excesivamente solemne, y le espetó en dialecto: "¿Por qué canta eso tan santurronamente? ¡Tiene que cantarlo como un guardabosques bávaro que acaba de cazar un ciervo!".
El resultado fue una versión de Parsifal que redujo la duración en casi 45 minutos, para el completo agrado de la familia Wagner. Strauss no solo dirigió; se convirtió en el salvador del festival. En su 70 cumpleaños, en 1934, Winifred Wagner y el director artístico del festival le enviaron una carta de agradecimiento eterno: "Extendemos nuestros más cálidos deseos y nuestro agradecimiento infinito al hombre que, a través de su personalidad y habilidades artísticas únicas, fue capaz de salvar Bayreuth en los días críticos de las temporadas del 33 y 34". Lo llamaron, con orgullo, "nuestro probado y comprobado ayudante de la palabra del otro Richard". El círculo se había cerrado. El niño que fue enseñado a odiar a Wagner se convirtió, en la hora más oscura, en el guardián de su legado.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Por qué el padre de Richard Strauss odiaba a Wagner?
Franz Strauss era un purista musical que veneraba a Mozart, Haydn y Beethoven. Consideraba que la música de Wagner, con su cromatismo, sus largas melodías y su dramatismo, era una corrupción de los ideales clásicos.
¿Quiénes fueron clave para que Strauss cambiara de opinión sobre Wagner?
Principalmente dos personas: el director Hans von Bülow, quien lo apodó "Richard III" y lo promovió, y el violinista Alexander Ritter, quien lo introdujo en los escritos teóricos de Wagner y la filosofía musical de la "nueva escuela alemana".
¿Por qué se rompió la amistad entre Strauss y la familia Wagner?
La relación se deterioró por tensiones artísticas en Bayreuth y culminó con la incomprensión y el rechazo de la familia Wagner, especialmente de Cosima, hacia su ópera Salomé, que consideraban escandalosa y fue objeto de comentarios con tintes antisemitas.
¿Cómo "salvó" Strauss el Festival de Bayreuth?
En 1933, el director principal, Arturo Toscanini, renunció por motivos políticos, poniendo en peligro la celebración del festival. Strauss, a pesar de su avanzada edad y su anterior ruptura con la familia, aceptó dirigir Parsifal sin cobrar, asegurando la continuidad del evento en un momento crítico.
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