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El Golpe Fallido de 1951 Contra Perón

21/09/2020

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El amanecer del 28 de septiembre de 1951 prometía ser una jornada bisagra en la historia argentina. Mientras el país se movía bajo la inmensa figura de Juan Domingo Perón, en las sombras de los cuarteles, un grupo de militares preparaba el golpe de gracia para derrocar al gobierno constitucional. Liderados por el general retirado Benjamín Menéndez, creían que era el momento de actuar contra un régimen que, según su proclama, había llevado a la Nación a una “quiebra total de su crédito interno y externo”. Sin embargo, lo que se diseñó como una operación contundente y rápida, se desmoronó en cuestión de horas, no solo fracasando en su objetivo, sino logrando el efecto contrario: fortalecer aún más al peronismo en el poder.

Índice de Contenido

El Caldo de Cultivo: ¿Por Qué un Golpe de Estado?

Para entender el levantamiento de 1951, es crucial analizar el clima político de la época. El gobierno de Perón, iniciado en 1946, había entrado en una nueva fase tras la reforma constitucional de 1949. Esta reforma, que entre otras cosas habilitaba la reelección presidencial, fue vista por la oposición y por sectores conservadores de las Fuerzas Armadas como una clara señal de las intenciones hegemónicas del peronismo. La sensación de que el gobierno buscaba perpetuarse en el poder se vio alimentada por otras medidas.

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La carrera fue ganada por Ron Flockhart y Ninian Sanderson conduciendo un Jaguar D-Type para el nuevo equipo Ecurie Ecosse.

La sanción de una nueva ley electoral que limitaba la acción de partidos nuevos y prohibía las coaliciones, junto con un creciente control sobre la prensa, culminando en la expropiación del influyente diario “La Prensa”, convencieron a muchos opositores de que las vías democráticas estaban cerradas. La idea de que solo la fuerza podía remover a Perón del poder comenzó a ganar adeptos en los círculos militares más antiperonistas.

Dentro de las propias Fuerzas Armadas existía un malestar latente. Si bien Perón había implementado políticas para ganarse la lealtad de los militares, como la reducción de los tiempos para ascensos y la posibilidad de participar en política, también había promovido cambios que generaban fricción. Las mejoras significativas en las condiciones de vida y las oportunidades de carrera para los suboficiales (préstamos, barrios, becas para sus hijos) forjaron una sólida base de apoyo popular para Perón dentro de los rangos más bajos del ejército. Sin embargo, esta misma política fue percibida por una parte de la oficialidad como una amenaza a sus privilegios y a la estructura jerárquica tradicional, generando un resentimiento que los conspiradores buscarían explotar.

Dos Generales, Dos Visiones: Menéndez vs. Lonardi

La conspiración no era un bloque monolítico. De hecho, coexistían al menos dos grandes corrientes conspirativas. Una de ellas germinó en la Escuela Superior de Guerra y buscaba como líder al general Eduardo Lonardi, un militar de prestigio y sin antecedentes políticos, que comandaba el 1.er Ejército. La otra era encabezada por el general retirado Benjamín Menéndez, un hombre mucho más impulsivo y con una visión más radical.

En agosto de 1951, Menéndez y Lonardi mantuvieron reuniones secretas donde sus diferencias se hicieron insalvables. Menéndez quería actuar de inmediato, argumentando que el deterioro de la situación económica y la aparición de conflictos gremiales creaban una ventana de oportunidad única. Su plan de gobierno era drástico: una dictadura provisional y la anulación completa de la reforma constitucional de 1949. Lonardi, por su parte, era más cauto. Creía que el momento político no estaba maduro y proponía un programa que, si bien buscaba desplazar a Perón, pretendía conservar las conquistas sociales del peronismo. Pero más allá de las diferencias programáticas, lo que los separaba, según historiadores como Robert Potash, era “la dignidad personal, el orgullo y la ambición”.

Finalmente, Lonardi, disconforme con las directivas políticas del gobierno, pidió su retiro y decidió no sumarse al golpe de Menéndez, aunque dejó en libertad de acción a sus seguidores. Menéndez, sintiendo que el momento era propicio, decidió seguir adelante por su cuenta.

El Plan Audaz: Tomar Buenos Aires por Asalto

El plan revolucionario de Menéndez era, sobre el papel, audaz y bien sincronizado. El día D sería el 28 de septiembre. La estrategia se basaba en varios puntos clave:

  • Fuerza Blindada: El primer paso era apoderarse de los tanques Sherman del Regimiento C-8 en la masiva guarnición de Campo de Mayo.
  • Apoyo de Cadetes: Con los tanques, marcharían hacia el cercano Colegio Militar de la Nación, que se esperaba ya estuviera sublevado y se sumaría a la columna principal.
  • Convergencia de Fuerzas: La columna unificada se encontraría con efectivos del destacamento mecanizado de La Tablada.
  • Dominio Aéreo: Simultáneamente, la base aeronaval de Punta Indio se alzaría en armas. Aviones Gloster Meteor de la Fuerza Aérea, provenientes de Tandil, aterrizarían en la base aérea de Morón (previamente tomada por las fuerzas de La Tablada) para dar apoyo. El plan contemplaba, si fuera necesario, bombardear la Casa de Gobierno y otros puntos estratégicos para sembrar el caos y quebrar la resistencia leal.

El momento fue elegido con precisión: el regimiento de tanques de Magdalena, leal a Perón, estaría de maniobras lejos de su base, y la fuerza aeronaval de Punta Indio, que apoyaba el golpe, también estaría en fase de maniobras, lo que facilitaba su despliegue inmediato.

28 de Septiembre de 1951: Crónica de un Fracaso Anunciado

La ejecución del golpe de Estado comenzó a desmoronarse desde el primer minuto. En la madrugada del 28, efectivos al mando del capitán Alejandro Agustín Lanusse tomaron la puerta 8 de Campo de Mayo, permitiendo el ingreso de Menéndez. Pero al llegar al Regimiento C-8, se toparon con el primer gran obstáculo: no había combustible para los tanques.

La situación se tensó cuando apareció el jefe de la unidad, el teniente coronel Julio Cáceres, quien recibió el apoyo inmediato de los suboficiales leales a Perón. Se produjo un tiroteo en el que murió el cabo Miguel Farina, la única víctima fatal de la jornada. Pese a dominar la situación, los golpistas se enfrentaron a un sabotaje encubierto. De treinta tanques Sherman disponibles, solo pudieron poner en marcha siete. De esos siete, cinco sufrieron “desperfectos” antes de salir del cuartel. La imponente columna blindada que Menéndez había imaginado se redujo a dos tanques, tres vehículos blindados y unos 200 jinetes.

A pesar del contratiempo, Menéndez avanzó hacia el Colegio Militar, pero allí recibió otro golpe a sus planes: las autoridades del instituto no se sumaron a la rebelión. La columna golpista, cada vez más aislada, siguió camino hacia La Tablada, solo para enterarse a media tarde de que esa unidad ya se había rendido a las fuerzas leales movilizadas por el comandante en jefe del ejército, general Ángel Solari. Sin apoyo terrestre y con el plan deshecho, Menéndez regresó al Colegio Militar y se entregó.

Mientras tanto, en el aire, la Base Aeronaval Punta Indio se había sublevado con éxito. Una escuadrilla de veinte aviones despegó con la orden de bombardear la Casa Rosada. Sin embargo, al enterarse de que la Plaza de Mayo estaba colmada por una multitud convocada por la CGT en apoyo a Perón, el comandante de la escuadrilla, para evitar una masacre, abortó la misión. Sin fuerzas terrestres que apoyar, el dominio aéreo rebelde era inútil. Poco después, el comandante huyó a Montevideo, asumiendo toda la responsabilidad.

Tabla Comparativa: El Plan vs. La Realidad

Aspecto del PlanLo que Sucedió en Realidad
Control de Tanques en Campo de MayoSabotaje de suboficiales, falta de combustible, solo 2 de 30 tanques operativos.
Apoyo del Colegio MilitarSe mantuvieron neutrales, no se unieron a la rebelión.
Unión con fuerzas de La TabladaLa unidad se rindió a las fuerzas leales antes del encuentro.
Soporte Aéreo y BombardeoLa aviación naval se sublevó pero abortó el bombardeo a la Casa Rosada para evitar una masacre.
Avance sobre la Capital FederalLa columna nunca llegó a ser una amenaza real y se rindió a media tarde.

Consecuencias: Un Trono Fortalecido

El fracaso del levantamiento fue rotundo y sus consecuencias, inmediatas. Los ministros de Marina y Aeronáutica renunciaron. El cabo Farina fue enterrado con todos los honores de un héroe nacional. Los líderes de la rebelión fueron enjuiciados rápidamente y recibieron duras penas: Benjamín Menéndez fue condenado a 15 años de prisión, y otros altos oficiales recibieron penas de entre 3 y 6 años. En total, más de 100 oficiales fueron encarcelados y cerca de 200 vieron sus carreras militares terminadas abruptamente. Fueron enviados a cárceles comunes, un gesto que subrayaba la gravedad de su traición.

Políticamente, el resultado fue una victoria total para Perón. Como sintetizó el historiador Félix Luna, Menéndez logró lo que el propio Perón no se había atrevido a hacer: una purga masiva de los elementos opositores dentro de las Fuerzas Armadas. El gobierno pudo descabezar cualquier futura conspiración, consolidando su control sobre el Ejército, la Marina y la Aeronáutica. Para la oposición política, el aplastamiento del golpe fue un balde de agua fría que desvaneció cualquier esperanza de un derrocamiento rápido del peronismo.


Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Quién lideró el intento de golpe de 1951?
El líder principal fue el General de División retirado Benjamín Andrés Menéndez, apoyado por sectores de la caballería del Ejército y fracciones de la Marina y la Aeronáutica.

¿Por qué fracasó el levantamiento?
Fracasó por una combinación de factores: la falta de apoyo de unidades clave con las que contaban, la resistencia activa y el sabotaje por parte de los suboficiales leales a Perón, problemas logísticos como la falta de combustible para los tanques, y la decisión de no bombardear a la multitud que apoyaba al gobierno en Plaza de Mayo.

¿Hubo muertos durante el intento de golpe?
Sí, hubo una única víctima fatal: el cabo Miguel Farina, un suboficial leal al gobierno que murió durante un tiroteo en el Regimiento C-8 de Campo de Mayo.

¿Qué pasó con los líderes de la rebelión?
Fueron juzgados y condenados a prisión. El general Menéndez recibió una pena de 15 años, y otros 110 oficiales también fueron encarcelados. Muchos otros fueron dados de baja o pasados a retiro.

¿Cómo afectó este evento al gobierno de Perón?
Paradójicamente, el intento de golpe fortaleció enormemente al gobierno de Juan Domingo Perón. Le permitió realizar una profunda purga de los oficiales antiperonistas en las Fuerzas Armadas, consolidar su poder y disipar las esperanzas de la oposición de un cambio de gobierno por la fuerza a corto plazo.

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