02/06/2025
La historia del automovilismo está repleta de rivalidades legendarias, pero pocas capturan la imaginación como la batalla titánica entre Ford y Ferrari en las 24 Horas de Le Mans durante la década de 1960. No fue solo una competencia entre dos fabricantes, sino un choque de filosofías, continentes y egos. Antes de la icónica victoria de Ford en 1966, hubo un año de aprendizaje, desarrollo y, sobre todo, de un fracaso estrepitoso que sentó las bases para el éxito. Ese año fue 1965, un capítulo crucial que demostró que para ganar la carrera más dura del mundo, la velocidad por sí sola no era suficiente.

Un Comienzo Prometedor en 1965
El programa de Ford para Le Mans había comenzado con más frustraciones que éxitos. Sin embargo, la temporada de 1965 pareció arrancar con un nuevo ímpetu. En la primera gran prueba de resistencia del año, las 24 Horas de Daytona, los Ford GT40 finalmente demostraron su valía. Por primera vez, completaron una carrera de larga duración y lo hicieron a lo grande, logrando un impresionante primer y tercer lugar. Intercalado entre ellos, un Shelby Cobra con motor Ford se aseguró el segundo puesto, completando un podio dominado por el óvalo azul. La señal era clara: los coches por fin eran capaces de terminar carreras. Tras un sólido segundo lugar en Sebring, el equipo cruzó el Atlántico con la moral alta, listos para enfrentar a Ferrari en su propio terreno: Le Mans.

La Ducha de Realidad en La Sarthe
En abril, durante el fin de semana de pruebas oficiales en el circuito de Le Mans, la confianza de Ford recibió un duro golpe. Los Ferrari, afinados y perfeccionados tras años de dominio, fueron categóricamente superiores. Los bólidos rojos de Maranello dominaron las tablas de tiempos, mientras el equipo de Ford luchaba desesperadamente por encontrar el ritmo. Los ingenieros y mecánicos trabajaron sin descanso, probando diferentes configuraciones, experimentando con motores y cajas de cambios, pero la brecha parecía insalvable. El panorama para la carrera de junio no era nada alentador. Ferrari parecía encaminado a otra victoria contundente.
El Arma Secreta de Dearborn: El GT40X
Mientras la desazón cundía en Francia, al otro lado del océano, en Dearborn, Michigan, se estaba gestando una revolución. Roy Lunn y su equipo de ingenieros tenían una nueva versión del GT40 lista para ser probada, un monstruo diseñado con un único propósito: aniquilar a la competencia. Ford Motor Company había estado perfeccionando un motor colosal de 7 litros y 427 pulgadas cúbicas, una bestia de potencia bruta. El desafío de ingeniería era mayúsculo: encajar ese enorme motor en el chasis de motor central del GT40 sin comprometer la aerodinámica ni el equilibrio del coche. Lunn y su equipo lograron una maravilla de la ingeniería.
Para evaluar el potencial de esta nueva creación, dos de las figuras más importantes del equipo, el piloto de pruebas y desarrollo Ken Miles y el jefe de mecánicos Phil Remington, volaron urgentemente desde Le Mans a Dearborn. En el circuito de pruebas de Romeo, comenzó el trabajo. Miles se puso al volante y, a medida que el equipo añadía y modificaba spoilers para mantener el coche pegado al asfalto, las velocidades aumentaban de forma vertiginosa. El clímax llegó cuando Miles alcanzó las 210 millas por hora (casi 340 km/h) en la recta principal. Cuando Lunn le pidió su opinión, la respuesta de Miles fue directa y contundente: “Ese es el coche que quiero conducir en Le Mans este año”.
Récord en Prácticas, Desastre en Carrera
Con solo cuatro semanas para la carrera, se tomó una decisión audaz. El equipo prepararía dos de estos nuevos coches con motor 427, bautizados como GT40X, y los complementaría con los GT40 ya existentes, equipados con los motores estándar de 289 pulgadas cúbicas. La apuesta pareció dar sus frutos de inmediato. Durante las vueltas de práctica oficiales para la carrera, el GT40X, con su brutal potencia, pulverizó el récord de la pista con un tiempo de 3 minutos y 33 segundos, ¡casi cinco segundos más rápido que el mejor Ferrari!
Ken Miles vio cumplido su deseo y formó equipo con Bruce McLaren para pilotar uno de los GT40X. La euforia en el box de Ford era palpable; por primera vez, no solo tenían un coche que podía competir, sino uno que parecía imbatible. Sin embargo, la carrera de 24 horas es la prueba definitiva de fiabilidad, y ahí es donde el sueño se convirtió en pesadilla.
La carrera fue un desastre total para Ford. En la prisa por preparar los nuevos GT40X, se cometieron pequeños pero fatales errores. Roy Lunn admitiría más tarde que él mismo pudo haber costado la carrera al reconstruir las cajas de cambios justo antes de enviarlas a Francia, comprometiendo su durabilidad. Además, el equipo no sabía que los nuevos motores 289 enviados para los otros coches eran inestables. El equipo de ingeniería de motores había centrado toda su atención en el programa de las 500 Millas de Indianápolis, enviando a Le Mans unidades que no habían sido probadas a fondo. Uno a uno, los Ford se fueron retirando por problemas mecánicos, dejando el camino libre para que Ferrari se adjudicara otra victoria. Ninguno de los coches del óvalo azul vio la bandera a cuadros.
Comparativa de Rivales: Le Mans 1965
| Característica | Ford GT40X (Mk II Prototype) | Ferrari 330 P2 |
|---|---|---|
| Motor | 7.0L (427 ci) V8 | 4.0L V12 |
| Potencia Estimada | ~485 hp | ~410 hp |
| Velocidad Máxima | ~340 km/h | ~300 km/h |
| Resultado en Le Mans 1965 | Retirado (Caja de cambios) | 2º Lugar (Versión P2/P3) |
"El Próximo Año Volveremos y Ganaremos"
La humillación fue absoluta. El equipo, desolado, se reunió esa noche esperando una reprimenda monumental por parte de la directiva. Sin embargo, el director del equipo, Leo Beebe, los sorprendió a todos. En lugar de recriminaciones, convocó lo que llamó una "reunión de la victoria". Con una determinación inquebrantable, Beebe les dijo: “¡El próximo año vamos a volver aquí y vamos a ganar, y más vale que empecemos a trabajar ahora mismo!”. Esas palabras transformaron la derrota en combustible. El fracaso de 1965 no fue el final del programa de Ford en Le Mans; fue el verdadero comienzo. Aprendieron por las malas que la velocidad no era nada sin fiabilidad. La humillación se convirtió en una obsesión por la perfección.
La Respuesta: El Ford GT40 Mk II de 1966
Entonces, ¿qué coche venció finalmente a Ferrari en Le Mans? La respuesta es la evolución directa del prototipo fallido de 1965: el Ford GT40 Mk II. Armados con las dolorosas lecciones aprendidas, el equipo, ahora bajo el control total de Carroll Shelby, regresó en 1966 con un ejército de coches meticulosamente preparados. El Mk II era más robusto, más fiable y seguía siendo increíblemente rápido. El resultado fue una de las imágenes más famosas de la historia del automovilismo: tres Ford GT40 Mk II cruzando la línea de meta en formación, logrando un histórico final 1-2-3 y poniendo fin al reinado de Ferrari en Le Mans de la manera más dominante posible.
Preguntas Frecuentes
¿Por qué Ford quería vencer a Ferrari tan desesperadamente?
La rivalidad nació de un negocio fallido. A principios de los 60, Henry Ford II intentó comprar Ferrari. Cuando Enzo Ferrari se retiró del acuerdo en el último minuto, Ford se lo tomó como una afrenta personal y juró vencer a Ferrari en el lugar donde más le dolería: Le Mans.
¿Quiénes fueron los pilotos que lograron la victoria para Ford en 1966?
El coche ganador fue el #2, pilotado por los neozelandeses Bruce McLaren y Chris Amon. El segundo lugar fue para el #1 de Ken Miles y Denny Hulme, y el tercer puesto para el #5 de Ronnie Bucknum y Dick Hutcherson.
¿Cuántas veces seguidas ganó Ford en Le Mans?
Ford ganó las 24 Horas de Le Mans cuatro años consecutivos: 1966, 1967, 1968 y 1969, utilizando diferentes evoluciones del GT40, cimentando su lugar en la leyenda del deporte motor.
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