15/06/2018
La temporada 1987 de Fórmula 1 no coronó a Ayrton Senna como campeón del mundo, pero fue, sin duda, el año en que el piloto brasileño demostró al mundo entero que estaba hecho de una pasta diferente. Fue una campaña de brillantez, frustración y una determinación inquebrantable que lo consolidó como una fuerza imparable en el pináculo del automovilismo. Al volante de un coche innovador pero no dominante, el Lotus 99T, Senna luchó contra los todopoderosos Williams-Honda de Nelson Piquet y Nigel Mansell, dejando una estela de actuaciones memorables que presagiaban la leyenda que estaba a punto de nacer.

Un nuevo capítulo: La era del Lotus-Honda y la suspensión activa
Para 1987, Ayrton Senna afrontaba su tercera y última temporada con el equipo Lotus. La gran novedad era la llegada de los motores Honda, los mismos que impulsaban al equipo Williams, dominador absoluto del año anterior. Esto, en teoría, ponía a Senna en una posición de mayor igualdad para luchar por las victorias. El monoplaza, el icónico Lotus 99T con su librea amarilla de Camel, era una pieza de ingeniería fascinante. Su característica más notable era la revolucionaria suspensión activa, un sistema controlado por ordenador que ajustaba la altura y el comportamiento del coche en tiempo real. Este sistema prometía una ventaja aerodinámica significativa al mantener una altura constante respecto al suelo. Sin embargo, también añadía peso y complejidad, y su puesta a punto era un verdadero quebradero de cabeza para los ingenieros y un desafío de adaptación para el piloto. Senna, con su sensibilidad única, fue uno de los pocos capaces de extraer el máximo potencial de esta tecnología, aunque no sin dificultades.

La maestría en las calles: Victorias en Mónaco y Detroit
Si había un terreno donde Senna demostraba ser superior, eran los circuitos urbanos. Y en 1987, lo dejó meridianamente claro. La temporada comenzó con fuerza, y tras las primeras cuatro carreras, el brasileño se encontraba liderando el campeonato mundial, una hazaña notable considerando la maquinaria a su disposición. Su primer gran golpe sobre la mesa llegó en el circuito más prestigioso de todos.
La primera corona en Mónaco
El Gran Premio de Mónaco de 1987 fue el escenario de la primera de las seis victorias de Senna en el Principado, un récord que aún hoy perdura. Tras una clasificación complicada, Senna demostró una inteligencia y un ritmo de carrera soberbios. Mientras otros sufrían problemas, él pilotaba con una precisión milimétrica, gestionando el coche y las condiciones para alzarse con una victoria que lo catapultaba al liderato del mundial y lo consagraba como el nuevo rey de las calles monegascas.
Conquista de América en Detroit
Apenas unas semanas después, en el bacheado y exigente circuito urbano de Detroit, Senna repitió la hazaña. En una carrera de desgaste, donde la fiabilidad y la concentración eran claves, el brasileño ofreció otra clase magistral de pilotaje. Su victoria no solo fue un testimonio de su habilidad, sino también de la eficacia del motor Honda y de cómo había logrado domar la compleja suspensión activa en los entornos más difíciles. Estas dos victorias consecutivas en trazados urbanos no fueron una coincidencia; fueron la prueba irrefutable de su talento generacional.
La lucha contra los gigantes de Williams
A pesar de su brillante inicio, la segunda mitad de la temporada se convirtió en una dura batalla contra la realidad. Los Williams FW11B de Nelson Piquet y Nigel Mansell eran, en conjunto, un paquete superior. El chasis diseñado por Patrick Head y Frank Dernie era más convencional y eficaz en una mayor variedad de circuitos. Senna se vio afectado por una serie de abandonos por problemas mecánicos, incluyendo dos consecutivos en los Grandes Premios de Gran Bretaña y Alemania, que mermaron sus opciones al título. Aunque logró recuperarse con una racha de tres podios, la distancia con los líderes ya era insalvable. La feroz lucha interna entre Piquet y Mansell en Williams también polarizó la atención, pero Senna siempre estaba ahí, como el tercer hombre, esperando cualquier oportunidad para brillar y robar puntos valiosos.
Tabla Comparativa: El Top 3 de 1987
Para entender el contexto de la temporada de Senna, es útil comparar sus estadísticas con las de sus principales rivales.
| Piloto | Equipo | Victorias | Podios | Poles | Puntos Finales |
|---|---|---|---|---|---|
| Nelson Piquet | Williams-Honda | 3 | 11 | 4 | 73 |
| Nigel Mansell | Williams-Honda | 6 | 7 | 8 | 61 |
| Ayrton Senna | Lotus-Honda | 2 | 8 | 1 | 57 |
Las cifras son claras: Mansell fue el más rápido a una vuelta y el que más carreras ganó, pero la consistencia de Piquet le dio el título. Senna, con un coche inferior, logró mantenerse en la pelea, finalizando tercero en el campeonato, a solo 4 puntos de Mansell. Un dato revelador es que Senna lideró un total de 306 vueltas durante la temporada, más que ningún otro piloto, lo que demuestra que, cuando el coche se lo permitía, era el hombre a batir en la pista.
El legado de 1987: El trampolín hacia la gloria
Al final, la temporada 1987 fue mucho más que un tercer puesto para Ayrton Senna. Fue su graduación definitiva. Demostró a Honda que él era el piloto en el que debían invertir su futuro, una decisión que se materializaría con su fichaje por McLaren para 1988, formando una de las alianzas más dominantes de la historia del deporte. Ese año, Senna no solo ganó carreras, sino que se ganó el respeto de todo el paddock. Su capacidad para llevar al límite un coche complejo, su velocidad pura y su feroz espíritu competitivo quedaron grabados en la retina de todos. Fue el año en que la promesa se convirtió en certeza, el preludio de una era que llevaría su nombre: la era de la leyenda de Ayrton Senna.
Preguntas Frecuentes
¿Qué coche pilotó Ayrton Senna en 1987?
En la temporada 1987, Ayrton Senna pilotó el Lotus 99T, famoso por su decoración amarilla de Camel y por estar equipado con un motor Honda V6 Turbo y un innovador sistema de suspensión activa.
¿Cuántas carreras ganó Senna en la temporada 1987?
Senna ganó dos Grandes Premios en 1987, ambos en circuitos urbanos: el Gran Premio de Mónaco, su primera victoria en el Principado, y el Gran Premio de Detroit.
¿Por qué la temporada de 1987 fue tan importante para Senna?
Fue una temporada crucial porque, a pesar de no ganar el campeonato, demostró que podía competir contra los coches más dominantes de la parrilla. Su rendimiento convenció a Honda para apoyarlo, lo que fue clave para su fichaje por McLaren en 1988, donde ganaría su primer título mundial.
¿Quiénes fueron los principales rivales de Senna en 1987?
Sus principales rivales fueron los pilotos del equipo Williams-Honda, el brasileño Nelson Piquet, quien se proclamó campeón del mundo, y el británico Nigel Mansell, quien fue subcampeón.
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